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miércoles, 1 de junio de 2011
martes, 1 de febrero de 2011
Lo que nos dan las ciudades
Este es el "pequeño" homenaje que un tal.Lucas ha decidido hacer a la ciudad de Barcelona. Se iba de allí, y como le daba pena, pues se le ha ocurrido hacerle un regalo.
Y es que, ciertamente, las ciudades nos dan muchas cosas. Casi como las personas, pueden mimarnos y ciudarnos, o maltratarnos y hacernos sufrir. Pueden darnos lugares estupendos en los que disfrutar, parques preciosos, paseos muy entretenidos, barrios divertidos, con encanto. En realidad creo que todas las ciudades tienen uno de estos barrios que tanto me gustan a mi. Callejuelas de adoquines, cafeterías que rebosan luz natural y amabilidad, tiendas de curiosidades, baretos con música en directo, gente interesante dejándose ver... La Latina de Madrid es el Marais de Paris, el Trastevere de Roma, el Candem de Londres, la zona del Penny`s en Dublín, el San Telmo de Buenos Aires, el barrio Gótico de Barcelona...
Pero a ver, que me desvío. Yo me refería más bien a lo que te dan las ciudades cuando vives en ellas. Te dan calor, te dan amigos, te dan, sobre todo, recuerdos. Para mi ya nunca más ese banco de Sevilla (metro de Madrid, no ciudad) será el mismo. Cada vez que pase por allí me acordare de esa tarde de fotos. Tampoco volverá a ser lo mismo nunca el Beni, aunque ya no exista ese bar. Tantos viernes allí han convertido aquel sucio rincón en un escenario de mis tardes de juventud. El número 833 de la calle Defensa de Buenos Aires, por ejemplo, tampoco será nunca un simple portal, aunque vaya de turista por allí. Bueno, qué tontería, no creo que pueda sentirme una turista en Buenos Aires...
En fin, que las ciudades que vivimos y recorremos las vamos marcando mentalmente, vamos apuntando cicatrices sobre los mapas imaginarios, vamos echando lugares y experiencias a la mochila y ya nunca los podremos sacar de allí. Y hay que agradecerlas que nos acojan en su seno y nos dejen hacer, recorrer, parar, mirar, descubrir y vivir en ellas. Que nos pongan al alcance de la mano tantas opciones que son inabarcables, para que escojamos la que más nos apetezca: quedarnos tirados sobre el césped del Retiro tomando el sol, bajar al rastro, recorrer la Gran Vía, ir a un concierto, a una terraza, a una exposición, al cine, de tiendas, a visitar a la abuela... Son una alfombra mullida a la que cada cual se acopla como quiere.
Por eso mi Madrid nunca será el tuyo ni el suyo, aunque compartamos mucho de él; por eso puede haber un "nuestro Madrid", diferente al mío que también es mío... Por eso siempre es mejor visitar las ciudades con alguien que viva en ellas, porque los secretos se desdoblan (algunos) y podemos leerlos con facilidad, los pliegues del mapa se alisan para que pasemos, las aceras nos dan la bienvenida.
Las ciudades están para vivirlas, no para sufrirlas, y aunque los políticos se empeñen en quitarnos los bancos y las fuentes, hay que reivindicar la calle. Cada uno la suya, que es la de todos. Y hacerles un regalo a las ciudades, por cierto, es hacéreselo a sus habitantes. Porque, ¿qué sería de las calles si estuvieran vacías?
Todos los que recorremos el mapa formamos parte de él.
Y es que, ciertamente, las ciudades nos dan muchas cosas. Casi como las personas, pueden mimarnos y ciudarnos, o maltratarnos y hacernos sufrir. Pueden darnos lugares estupendos en los que disfrutar, parques preciosos, paseos muy entretenidos, barrios divertidos, con encanto. En realidad creo que todas las ciudades tienen uno de estos barrios que tanto me gustan a mi. Callejuelas de adoquines, cafeterías que rebosan luz natural y amabilidad, tiendas de curiosidades, baretos con música en directo, gente interesante dejándose ver... La Latina de Madrid es el Marais de Paris, el Trastevere de Roma, el Candem de Londres, la zona del Penny`s en Dublín, el San Telmo de Buenos Aires, el barrio Gótico de Barcelona...
Pero a ver, que me desvío. Yo me refería más bien a lo que te dan las ciudades cuando vives en ellas. Te dan calor, te dan amigos, te dan, sobre todo, recuerdos. Para mi ya nunca más ese banco de Sevilla (metro de Madrid, no ciudad) será el mismo. Cada vez que pase por allí me acordare de esa tarde de fotos. Tampoco volverá a ser lo mismo nunca el Beni, aunque ya no exista ese bar. Tantos viernes allí han convertido aquel sucio rincón en un escenario de mis tardes de juventud. El número 833 de la calle Defensa de Buenos Aires, por ejemplo, tampoco será nunca un simple portal, aunque vaya de turista por allí. Bueno, qué tontería, no creo que pueda sentirme una turista en Buenos Aires...
En fin, que las ciudades que vivimos y recorremos las vamos marcando mentalmente, vamos apuntando cicatrices sobre los mapas imaginarios, vamos echando lugares y experiencias a la mochila y ya nunca los podremos sacar de allí. Y hay que agradecerlas que nos acojan en su seno y nos dejen hacer, recorrer, parar, mirar, descubrir y vivir en ellas. Que nos pongan al alcance de la mano tantas opciones que son inabarcables, para que escojamos la que más nos apetezca: quedarnos tirados sobre el césped del Retiro tomando el sol, bajar al rastro, recorrer la Gran Vía, ir a un concierto, a una terraza, a una exposición, al cine, de tiendas, a visitar a la abuela... Son una alfombra mullida a la que cada cual se acopla como quiere.
Por eso mi Madrid nunca será el tuyo ni el suyo, aunque compartamos mucho de él; por eso puede haber un "nuestro Madrid", diferente al mío que también es mío... Por eso siempre es mejor visitar las ciudades con alguien que viva en ellas, porque los secretos se desdoblan (algunos) y podemos leerlos con facilidad, los pliegues del mapa se alisan para que pasemos, las aceras nos dan la bienvenida.
Las ciudades están para vivirlas, no para sufrirlas, y aunque los políticos se empeñen en quitarnos los bancos y las fuentes, hay que reivindicar la calle. Cada uno la suya, que es la de todos. Y hacerles un regalo a las ciudades, por cierto, es hacéreselo a sus habitantes. Porque, ¿qué sería de las calles si estuvieran vacías?
Todos los que recorremos el mapa formamos parte de él.
lunes, 18 de enero de 2010
La Gran Vía, ¡cien años!
Es difícil que no os hayáis enterado ya de que este año la Gran Vía celebra su centenario. Cien años, se dice pronto pero desde 1909 anda que no habrán pasado cosas por esa calle... Y más que van a pasar. El Ayuntamiento de Madrid, inmerso completamente en la euforia de la promoción turística, se apunta cualquier tanto al que le puedna sacar tajada. Y hay que reconocer que algunas cosas las hacen bien. Este año se han empeñado en que conozcamos la historia (muy interesante, la verdad), de esta calle que mide más de un kilómetro y en que todos los madrileños, y los turistas, claro, se apunten a la fiesta. Por eso la Cabalgata de Reyes y el desfile de Carnaval (esa gran tradición madrileña, eh?) han pasado por allí este año, cuando la Gran Vía nunca ha sido parte del recorrido. Por eso también las fiestas de San Isidro, que de toda la vida las hemos celebrado en la pradera y en las Vistillas, las vamos a celebrar este año entre Callao y la Plaza de España. En esa calle por la que todos hemos pasado mil y una veces y en la que hemos vivido mil y una vidas: la de ir de compras sin prisas, la de ir en busca de un garito abierto con una lata de cerveza en la mano, la de volver de ese garito de camino al búho buscando al mismo chino para que te venda unos tallarines, la de pasar con prisas proque llegas tarde al cine, la de q la de esperar expectante a entrar en uno de esos musicales a lo grande, la de subir por Plaza España porque hemos quedado en el Beni, o en el Museo del Jamón, la dedarte cuenta un día al levantar la vista, coño!, de la cantidad de estatuas que coronan los edificios de esta calle....
Sí señores, todo esto y mucho más es la Gran Vía, y ahora encima la pobre va a ser la protagonista absoluta, irresoluta, hortera y multitudinaria del año. Lo que le faltaba... Además de las visitas guiadas que ya se están haciendo, la Gran Vía va a acoger un concierto gratuito (del Sueño de Morfeo, no os hagáis ilusiones), y un karaoke gigante!! Madrid quiere batir el Guiness del Karaoke más grande del mundo mundial cantándole a su ciudad. Suena muy romántico y mira que a mí me suelen gustar las canciones que hablan de Madrid pero si lo pienso me echa bastante para atrás: media ciudad peleándose por el micro y berreando el "mirala mirala...", destrozando esas grandes composiciones que adornan la discografía española de lugares reconocibles...
Quita quita, la idea puede ser penosa. Y no sé, me da como cosa por la pobre Gran Vía, a su edad, obligada a ser tan moderna, tan rejuvenecida..., y tener que soportar los fastos municipales durante todo un año... Más le hubiera valido pasar un poco más desapercibida y no ser objeto de tanta celebración que más que abrillantarla, me temo que va a ensuciar la encantadora cotidianeidad de esta calle, su sabor a barrio y a centro neurálgico cosmopolita, a Madrid castizo y a un trozo de Nueva York.
Yo, si fuera ella, preferiría disfrutar del bullicio "normal" del día a día, de mis señoras estresadas con paraguas asesinos, de mis jóvenes de todas las tribus urbanas, de mis viejecitos al sol, de mis guiris y de los de siempre, una celebración mejor que cualquier fiesta que pueda hacerme el Ayuntamiento.
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| Mi pequeño homenaje a la Gran Vía desde el periódico Gente Madrid |
Sí señores, todo esto y mucho más es la Gran Vía, y ahora encima la pobre va a ser la protagonista absoluta, irresoluta, hortera y multitudinaria del año. Lo que le faltaba... Además de las visitas guiadas que ya se están haciendo, la Gran Vía va a acoger un concierto gratuito (del Sueño de Morfeo, no os hagáis ilusiones), y un karaoke gigante!! Madrid quiere batir el Guiness del Karaoke más grande del mundo mundial cantándole a su ciudad. Suena muy romántico y mira que a mí me suelen gustar las canciones que hablan de Madrid pero si lo pienso me echa bastante para atrás: media ciudad peleándose por el micro y berreando el "mirala mirala...", destrozando esas grandes composiciones que adornan la discografía española de lugares reconocibles...
Quita quita, la idea puede ser penosa. Y no sé, me da como cosa por la pobre Gran Vía, a su edad, obligada a ser tan moderna, tan rejuvenecida..., y tener que soportar los fastos municipales durante todo un año... Más le hubiera valido pasar un poco más desapercibida y no ser objeto de tanta celebración que más que abrillantarla, me temo que va a ensuciar la encantadora cotidianeidad de esta calle, su sabor a barrio y a centro neurálgico cosmopolita, a Madrid castizo y a un trozo de Nueva York.
Yo, si fuera ella, preferiría disfrutar del bullicio "normal" del día a día, de mis señoras estresadas con paraguas asesinos, de mis jóvenes de todas las tribus urbanas, de mis viejecitos al sol, de mis guiris y de los de siempre, una celebración mejor que cualquier fiesta que pueda hacerme el Ayuntamiento.
lunes, 23 de marzo de 2009
The Killers
Me lo habían traído los Reyes Magos (gracias a mi Melchor, que es reina) y desde entonces esperaba en momento de volver después de tanto tiempo al Palacio de los Deportes. La última vez que estuve allí fue a finales del 2006 con Fito y Quique González, pero el concierto de ayer no tenía nada que ver.

Los estadounidenses The Killers (la banda del momento, dicen) cerraban ayer su gira europea en Madrid y no nos lo podíamos perder. Hubo que sufrir para llegar a esa cuenta atrás que, como en Coldplay, anuncia la entrada de los músicos y el comienzo de la fiesta. Antes de ello, hubo serios problemas de organización porque la gente, parece mentira, no sabe comportarse. Se cerró la pista central cuando ya estaba llena y a los remolones que entraban con la hora justa se les mandaba a las gradas, pero claro, no querían, y pretendían colocarse en los pasillos de la grada extensible, en las escaleras... Hubo un par de momentos casi de pánico con los seguratas cuasi espachurrados por la masa y los jefazos dando gritos desesperados por poner orden, y parece que al final lo consiguieron.
Así que cuando a eso de las diez menos veinte empezaron a sonar los primeros acordes de la celebradísima Are we human or are we dancers todos estábamos ya preparados para botar como locos. Y no nos dejaros parar de hacerlo prácticamente ni un minuto.
Apuesta arriesgada la de empezar el concierto con el gran hit del último disco, mucha gente sólo se sabía esa canción y a los cinco minutos de concierto ya no tenían más que corear, pero muchos otros no dejaron de cantar de pe a pa en la hora y media que duró el espectáculo.

Brandon Flowers, el líder mormón de la banda, saludó a los madrileños con un "estamos para servirlos" en castellano y un "no se nos ocurre una ciudad mejor para cerrar la gira que ésta" en inglés. Pues para estar tan contentos de cerrar aquí su european tour no nos regalaron ni un minutito, ni una canción más, por eso de que es la última noche y tal... Nada.
Presentaban los Killers su tercer disco. Day&Age. y con muchas de sus canciones entusiasmaron al respetable: Spaceman, Read My Mind, Mr Brightside y mi preferida, Joy Ride. Pero no faltaron tampoco grandes temas de los discos anteriores, la bailable Somebody told me, All these things that i`ve done o Bones.
La potente versión de Sam`s Town me gustó, con su videoclip incluido, y he de confesar que cuando cantaron a Bob Marley (Buffalo Soldier) prácticamente ni me enteré y eché de menos que tocaran Lousin Touch.
Pero se disfrutó mucho el concierto, porque The Killers tienen esa versatilidad que hace que una canción pueda ser dos o tres a la vez, que los ritmos cambien de una estrofa a otra como de un disco a otro pero sin chirriar. Son como si metiéramos en una coctelera a Coldplay, a los Red Hot Chili Peppers, a The Cure y a New Order y saliera la música fluida de The Killers, pero casi sin mezclar, sólo combinada, como el agua y el aceite.
En fin, para cerrar el show recurrieron a la muy efectiva When you were young y sacaron todo su poderío, no sólo musical: humo y pirotecnia para despedirse de un público madrileño que desde el primer acorde del concierto estaba totalmente rendido a sus pies.
No era su primera vez en la Villa y Corte, hace dos años telonearon a Smashing Pumpkies en las Ventas y hace cuatro, después de tocar en el Copérnico ante sólo 400 personas se fueron a pinchar a la Vía Láctea y charlaron allí con todo el que se les acercó. Pena no haberlos conocido por aquel entonces...
¿Pegas al concierto? La ingente cantidad de niños pijos que pululaban por allí, que se sabían las dos canciones que ponen en las discotecas y en el resto se dedicaban a apoyarse en la pared y acariciarse las perlas de las orejas mirando al resto con cara de asco. Y la bandera de España que se proyectó en el cierre del concierto, haciendo las delicias de todos estos petunios claro. Y que las pantallas que normalmente sirven para emitir las imágenes del grupo, el directo, estaban apagadas. Fallo, porque aunque teníamos un buen sitio no alcancé a ver los gestos de Flowers.
A pesar de ello salimos del concierto sudados de tanto bailar, afónicos de tanto cantar, agotados de tanto hit y sonrientes, empachados de música efectiva y buen directo.
Presentaban los Killers su tercer disco. Day&Age. y con muchas de sus canciones entusiasmaron al respetable: Spaceman, Read My Mind, Mr Brightside y mi preferida, Joy Ride. Pero no faltaron tampoco grandes temas de los discos anteriores, la bailable Somebody told me, All these things that i`ve done o Bones.
La potente versión de Sam`s Town me gustó, con su videoclip incluido, y he de confesar que cuando cantaron a Bob Marley (Buffalo Soldier) prácticamente ni me enteré y eché de menos que tocaran Lousin Touch.
Pero se disfrutó mucho el concierto, porque The Killers tienen esa versatilidad que hace que una canción pueda ser dos o tres a la vez, que los ritmos cambien de una estrofa a otra como de un disco a otro pero sin chirriar. Son como si metiéramos en una coctelera a Coldplay, a los Red Hot Chili Peppers, a The Cure y a New Order y saliera la música fluida de The Killers, pero casi sin mezclar, sólo combinada, como el agua y el aceite.
En fin, para cerrar el show recurrieron a la muy efectiva When you were young y sacaron todo su poderío, no sólo musical: humo y pirotecnia para despedirse de un público madrileño que desde el primer acorde del concierto estaba totalmente rendido a sus pies.
No era su primera vez en la Villa y Corte, hace dos años telonearon a Smashing Pumpkies en las Ventas y hace cuatro, después de tocar en el Copérnico ante sólo 400 personas se fueron a pinchar a la Vía Láctea y charlaron allí con todo el que se les acercó. Pena no haberlos conocido por aquel entonces...
¿Pegas al concierto? La ingente cantidad de niños pijos que pululaban por allí, que se sabían las dos canciones que ponen en las discotecas y en el resto se dedicaban a apoyarse en la pared y acariciarse las perlas de las orejas mirando al resto con cara de asco. Y la bandera de España que se proyectó en el cierre del concierto, haciendo las delicias de todos estos petunios claro. Y que las pantallas que normalmente sirven para emitir las imágenes del grupo, el directo, estaban apagadas. Fallo, porque aunque teníamos un buen sitio no alcancé a ver los gestos de Flowers.
A pesar de ello salimos del concierto sudados de tanto bailar, afónicos de tanto cantar, agotados de tanto hit y sonrientes, empachados de música efectiva y buen directo.
miércoles, 28 de enero de 2009
De allá p`acá
De Ezeiza a Barajas. Del tango al chotis. Del colectivo al búho. Del Subte al Metro. De Corrientes a la Gran Vía. De los helados de Freddo al chocolate de San Ginés. De la Casa Rosada a la Moncloa. De la Plaza de Mayo a la Puerta del Sol. De los lagos de Palermo al lago del Retiro. De la calle Callao a la Plaza de Callao. Del verano porteño con los niños bañándose en las fuentes al invierno madrileño con los ociosos fotografiando a la Cibeles nevada. De San Telmo a la Latina. De la Quilmes a la Mahou y de las empanadas a las croquetas. De una vida improvisada a los horarios de clase. De los pesos a los euros. Del pequeño Telmico a la Lía, que parece un tigre. De C5N a Telecinco y de León Giecco a Quique González. De la cancha de River al Bernabéu, de la Bombonera al Calderón y, como dice Sabina, de González Catán a Tirso de Molina. De boludo a gilipollas, de no coger nada a cogerlo todo.
En poco más de un mes que llevo aquí aterrizada he pasado de añorar Madrid a añorar Buenos Aires. Me he sentido re-contra feliz y amargamente triste en el mismo día sin poder controlarlo. Soñe durante muchos días después de llegar acá que estaba allá, igual que cuando dormía allá soñaba tantas veces con volver acá. Me he reeducado en la civilización y en la vida "normal" (aunque no estoy muy segura de querer) y he recuperado a esa parte de mí que dejé con todos vosotros. Lo bueno es que no he perdido la que me encontré en Argentina.
Así que -siento el retraso, no me atrevía a enfrentarme a esto desde el otro lado del charco-, vuelve un escribiendoenplata nuevo que a la vez es el antiguo. Ahora, en vez de hablar de Buenos Aires, procuraré contaros cosillas que pasen por Madrid o por donde vaya viajando (si es que la crisis me lo permite). Ahora que veo este ciudad con ojos de turista, ahora que Buenos Aires me ha enseñado a andar fijándome en las cornisas de los edificios y buscando en cada rincón unba obra de arte, estoy descubriendo nuevos-viejos lugares de Madrid. No necesitaba irme hasta allá para darme cuenta de que adoro Madrid pero, por lo visto, sí necesitaba a Buenos Aires para darme cuenta de que lo de acá es mucho más de lo que yo pensaba.
Así que -siento el retraso, no me atrevía a enfrentarme a esto desde el otro lado del charco-, vuelve un escribiendoenplata nuevo que a la vez es el antiguo. Ahora, en vez de hablar de Buenos Aires, procuraré contaros cosillas que pasen por Madrid o por donde vaya viajando (si es que la crisis me lo permite). Ahora que veo este ciudad con ojos de turista, ahora que Buenos Aires me ha enseñado a andar fijándome en las cornisas de los edificios y buscando en cada rincón unba obra de arte, estoy descubriendo nuevos-viejos lugares de Madrid. No necesitaba irme hasta allá para darme cuenta de que adoro Madrid pero, por lo visto, sí necesitaba a Buenos Aires para darme cuenta de que lo de acá es mucho más de lo que yo pensaba.
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