Ante el aburrrimiento, cuando ya me había estudiado todos los volúmenes de la librería donde tan alta figura estampaba su firma a quien se lo pedía, he decidido poner en marcha ese utilísmo arte de imaginarse historias que tanto le gusta a Bep y que tanto ayuda en largas esperas y viajes en transporte público.
Pues bien, era yo la única periodista presente -porqué a quién se le ocurre que eso pudiera ser noticia-, y derrepente ha entrado un chaval bastante atractivo con el abrigo abrochado hasta el cuello. La verdad que a mí no me pegaba que este fuera pepero... Al llegar hasta la mesa de Aznar con su librito en la mano, se ha desabrochado el abrigo y ha sacado una pistola (que no he podido ver muy bien) con la que ha disparado dos veces a nuestro magnánime presidente, que inmediatamente ha caído al suelo desde su máxima altura y con su ridícula melena encharcada en sangre, dando gritos que realmente parecían de una niña. Como era mi película, a pesar de la cantidad de gente que había, de los guardaespaldas y de la policía, el chaval ha salido corriendo y ha desaparecido entre la gente de Serrano, no sin antes fijarse en mí y dedicarme un sonrisa.
Yo y mi sangre fría hemos cogido el móvil al vuelo y a toda prisa hemos llamado, por supuesto, al jefe de Política de EFE (a una ambulancia para qué?).
Asique allí estaba yo, en todo el barullo de peperas histéricas cubriendo al bigotes con sus bisones, de policías que aprovechan para abusar de su autoridad, de guardaespaldas chuletas subiditos de tono. El presi que nos llevó a la guerra agoniza en el suelo y yo con mi cuaderno tirada a su lado consigo adivinar sus últimas palabras, que, por supuesto, mañana serán portada en todos los periódicos. Y no son de arrepentimiento, cachis...
En fin, ha sido divertido.
Y a la vuelta, como había atasco y el autobús tardaba demasiado, ha habido una segunda parte de la película en la que el guapísimo joven de la pistola me localizaba y me concedía una interesante entrevista -¡premio Pulitzer!- que terminaba en una apasionada despedida. Casualmente, también era yo la única periodista presente en la detención del asesino de Aznar.
Tranquilos, escapará de la cárcel, para eso es mi película.