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viernes, 30 de noviembre de 2012

Love Of Lesbian: Una orgía de sentimientos



Dicen en una de sus canciones que lo importante no es tener principios, si no tener finales. Y lo firman. No recuerdo con qué canción comenzó el concierto de ayer de Love Of Lesbian en la Riviera pero el final se me ha quedado grabado por apoteósico, frenético, brillante, memorable. Ya anunciaron al poco de arrancar que habían decidido dar únicamente un concierto (aunque hubieran podido llenar varios días) para que fuera especial, para que, los que acudimos, pudiéramos decir aquello de “yo estuve allí”.

Pusieron empeño en ello y, en mi opinión, lo consiguieron. Fueron desgranando su último disco, La noche eterna / Los días no vividos durante dos horas y media, un tiempo nada desdeñable, sobre todo teniendo en cuenta que el día anterior los Black Keys habían dejado a sus fans con un amargo sabor de boca al retirarse antes de cumplir la hora y media de rigor en el Palacio de los Deportes.

Los lesbianos no, se lo estaban pasando como enanos sobre el escenario y no parecía que tuvieran ninguna gana de irse de allí. Fueron encadenando la mayoría de las canciones de ese último trabajo, que desgrana en dos caras las noches eternas de desenfreno y sus días grises de resaca y soledad, con algunos de los grandes temas de los anteriores discos (Domingo Astromántico, Allí donde solíamos gritar). Y allá por el ecuador del recital, sacaron a relucir su repertorio más cañero. Con Algunas plantas, Los pizzigatos, Club defans de John Boy  y Si yo digo Ben, tú dices Affleck (Oscar al baile que se marca en este tema San Balmes) el público ya estaba desatado, yo pocas veces había visto vibrar así la Riviera, y cuando llegó Toros en la Wii explosionó esa fantástica “orgía de sentimientos” que el cantante, Santi, había usado previamente para definir el ambiente.

Y es que los asistentes eran popies ya talluditos, entrenados en esto de los conciertos y con grandes dotes de memoria, o muchas horas de entrenamiento, porque saberse de pe a pá las letras surrealistas de LOL no resulta nada fácil. Debía notarse desde arriba esa entrega porque Balmes, el “marqués de la inmoralidad” les aduló alegando que, como buen público madrileño, tenían “el equilibrio perfecto entre pasión y respeto”.  Tanto que nadie dudó en cantarle el cumpleaños feliz cuando otro de los músicos lo solicitó.
Parecía que ésa era ya la brocha de oro para una noche eterna pero después aún sonaron más temazos como El hambre invisible, en la que se encargó de la batería el ganador del concurso que había organizado la banda.

Oniria e imsomnia, el verdadero final que llevaban casi 20 minutos anunciando, dejó al respetable con un gran sabor de boca, gargantas cascadas y piernas ya doloridas de tanto baile. Quien pensara (como yo misma) que LOL es un grupo para escuchar de tranquis, debe ir cambiando esa idea.
Salí encantada y no me quito esa última canción de la cabeza desde anoche pero hubiera agradecido un guiño a las cercanas fechas navideñas y que, por una vez, el Cuñado Fernando saltara al repertorio. Nunca he oído un villancico tan divertido. 

miércoles, 11 de mayo de 2011

Bob Marley: del gueto a estrella del tercer mundo



El primer recuerdo que tengo de Bob Marley es en la antigua habitación de mi hermana siendo yo (imagino) una adolescente. Ella escuchaba ‘Buffalo Soldier’ y me explicó que hablaba de “soldados robados de África y traídos hasta América”. Me llamó mucho la atención que una música tan fresca, un ritmo tan agradable, un sonido tan veraniego hablara de algo tan duro como la esclavitud.


Desde entonces puedo recordar miles de momentos en los que la música del ‘profeta’ jamaicano ha puesto banda sonora a mi vida. En mi última etapa bonaerense era una constante, muy acorde con la gente que me rodeaba y la vida que llevaba.

Pero no sólo ha puesto música en la vida de mucha gente. También ha sido un ejemplo, un mito, un icono. Dicen, de hecho, que es el tercer icono universal después de Jesucristo y del Che. El caso es que en su día, rompió las reglas. Era un músico mulato criado en Trechtown, uno de los guetos de Kingston, Jamaica, que pregonaba la paz y el amor universales y que abogaba por el fin de las opresiones. Una filosofía cuanto menos curiosa teniendo en cuenta cómo maltrataba a su mujer, Rita Marley…

Predicaba la religión rastafari (que aúna profecías bíblicas, filosofía naturista y nacionalismo negro) y veía en Haile Selasiee un modelo a seguir, aunque algunos de sus preceptos (como el de no recortar el vello de la cara) no los asumía. Sí que era vegetariano y no bebía alcohol ni fumaba tabaco, como mandaba el rastafarismo.

Lo que sí fumaba, en cantidades ingentes, era marihuana, una costumbre que le ha llevado a convertirse en símbolo de esa hierba (y del hachís) desvirtuando completamente el sentido (litúrgico) que él le daba a la ganja. Ahora cualquier niñato que presuma de fumarse porros como trompetas lleva una chapa de Marley en la cazadora sin tener ni idea (seguramente) de la religión, la profundidad y la ideología que se esconde detrás de esa chapa roja, verde y amarilla. Esa, por cierto, ni siquiera es la bandera de Jamaica, si no la de Etiopía, sancta sanctorum de los rastafaris.

Hoy hace 30 años que la primera estrella mediática del Tercer Mundo moría en Miami. Tras ser tratado por la metástasis de su cáncer en Alemania había decidido regresar a Jamaica para pasar allí sus últimos días, pero la muerte se le adelantó y le pilló haciendo escala en Estados Unidos.

Muchos escriben hoy que “aquel día murió el hombre y nació la leyenda”. Es una frase bonita, pero en mi opinión la leyenda se había forjado antes, cuando un hombre negro llenaba los estadios de los cinco continentes, cuando su voz contagiaba a los oprimidos y calentaba los corazones de los colonizados, cuando sus guitarras y sus bongós provocaban que millones de personas se pusieran en marcha.

‘No woman no cry’, ‘I shoot the sheriff’, ‘Could you be loved’, ‘Exodus’, y mi favorita, ‘Redemption song’, son ya patrimonio de la humanidad y sus sensuales notas se escapan, todavía, desde las ventanas de Nepal, San Francisco, Soweto o Sidney. Y esperemos que sea así por mucho tiempo más. Desde luego en los sonidos que escapan de mi cuarto, y del de mi hermana, siempre tendrán un puesto honorífico.

Os dejo el link de un documental muy interesante de TVE sobre el rey del reggae

martes, 12 de abril de 2011

Lo nuevo de Vetusta Morla



Han vuelto. ¡Por fin! Tardaron 10 años en sacar su primer disco, ‘Un día en el mundo’, pero se han tomado menos de tres para volver. Vetusta Morla presentará el 3 de mayo su nuevo trabajo, ‘Mapas’, pero ya ha dejado caer un adelanto en la red, como el que deja unas miguitas para seguir el camino. Y ese camino es el mismito que marcaron desde el principio. ‘En el río’, el tema que nos han regalado, no suena a otra cosa que a Vetusta Morla. La música sigue siendo igual de profunda y cuidada y la voz de Pucho no ha perdido su originalidad. Es un tono al que resulta difícil acostumbrarse, a mi me pasó como con la cerveza, al primer trago casi me atraganto pero ahora no puedo dejarla. Vetusta Morla fue lo mismo, al principio se me atascaban sus canciones pero ya forman parte de mi banda sonora vital.

Tuve la suerte (gracias al gran Santiago Alcanda) de compartir una tarde con uno de los miembros del grupo, Guille, que nos contó de primera mano cómo fue la experiencia de ‘Un día en el mundo’.

Ahora son también ellos los que explican (mediante nota de prensa) qué es ‘Mapas’.

"El próximo 3 de mayo vamos a dejar 12 canciones metiditas en una cesta en la orilla del río. Un suave empujón y quedarán a merced de la corriente, dejándonos un vacío que gira hasta convertirse en una vorágine dentro de nosotros. El pobre recipiente de mimbre va a ser zarandeado, va a zozobrar, casi a volcar. Va a ser el juguete de los remolinos, va a subir y bajar sobre las ondas mientras escucha, provenientes de la ribera, griteríos y cantos de sirena, dejando atrás casas, intersecciones, islas de ciudad, mirillas y retrovisores.

Puede parecer cruel por nuestra parte, pero es justo lo que teníamos que hacer con la criatura: abandonarla. Dejarla a su suerte porque nosotros ya no le podemos dar más. Que pertenezca a otros, que la juzguen, que la ensanchen, que la muevan de acá para allá. Y que el torrente la convierta en lo que pudo ser y en lo que nunca quiso ser, en lo que nos hace grandes o miserables. Y como queremos que apliquen su fuerza sobre ella todas las moléculas de la riada, la ponemos a disposición de los 4 vientos a través de un mecanismo que no podría tener un nombre más apropiado: “streaming”. A punto de darnos la vuelta y dejar la orilla, convencidos de haber cambiado con éxito el fuego por palabras, nos daremos cuenta que no le hemos puesto nombre. Mapas, sugiere alguien. Mapas de lo que somos, trazos de nuestras conquistas, fracasos pasados o en presente continuo, colecciones de medallas y arañazos. Mapas que nos ponen delante otro mapa sin leyenda con el que avanzar, construir, o, tan solo, entender el presente. Mapas también porque esas canciones son como planos que intentan representar una realidad inabarcable.

Igual que un mapa, solo son una tosca proyección esquemática de un territorio personal, una reducción que es imperfecta y traicionera, pero que es la última esperanza para escapar de la soledad y la incomunicación más absolutas. Mientras caminamos abandonando el cauce, intercambiaremos anécdotas sobre su nacimiento múltiple. Nos acordaremos de cómo sacó primero los pies y luego la cabeza. Primero en un recóndito lugar de Guipúzcoa, con todos nosotros empujando juntos en la misma habitación, como una parturienta que registra sus contracciones en una bobina magnética.

Luego, en Madrid, salió la cabeza y le recortamos el pelo con unas tijeritas informáticas y le limpiamos las comisuras con un pañuelo digital, haciendo de la cirugía musical un acto gloriosamente anacrónico. Justo cuando nos hayamos apartado lo suficiente como para que el rumor del agua esté a punto de desaparecer, desearemos en voz baja que, cuando el retoño llegue al final de su camino de baldosas amarillas, se acuerde de sus progenitores y nos envíe unas postales sin sellar. Para entonces ya estaremos eligiendo qué equipaje dejamos atrás y cuál cargamos en la espalda antes de iniciar el siguiente viaje… esta vez sin mapas".

martes, 12 de mayo de 2009

Pop de luto


Un cáncer de pulmón ha apagado hoy, definitivamente, la voz de Antonio Vega. Una de las voces más características del pop español, de la música de la movida, de las canciones plagadas de sentimientos que miles de jóvenes han coreado desde los ochenta hasta ahora.

Alto, desgarbado y excesivamente delgado, con esa huella que deja en el rostro y en la mirada una vida sembrada de drogas, Antonio Vega es el artífice de "La chica de ayer", esa canción que todos nos sabemos y que hace poco fue elegida la más representativa de la movida madrileña. Pero no sólo eso, también escribió otras grandes composiciones como "Lucha de gigantes", "El sitio de mi recreo" o "Una décima de segundo".

Antes de eso, antes de formar Nacha Pop en 1978, estuvo matriculado dos años en la Escuela de Arquitectura, otros dos en Sociología y en la Escuela de Pilotos. Vamos, que no era, como dirían muchos en la época (y ahora incluso) un yonki vago y maleante. Lo primero seguramente, pero de lo demás permítanme dudar.

Vi a Antonio Vega en directo por primera vez hace ya siete años, en la Plaza Mayor, y ya entonces me pareció un joven muy viejo. No he querido poner aquí fotos de sus últimas actuaciones porque la verdad parecía un fantasma,casi un cadáver viviente. Lo sorprendente es que haya mantenido la energía con ese aspecto, y después de perder a su chica, Marga, tanto que estaba preparando un nuevo disco.

Qué pena que ya no saldrá a la luz, qué pena que ya no vayamos a volver a escuchar en directo sus canciones, su voz quebrada...
Qué pena que ahora sea él un chico de ayer...

Al enterarme esta mañana de la noticia lo primero que me ha venido a la cabeza es la muerte de Enrique Urquijo, cantante de Los Secretos, solo y demasiado drogado, en un portal de Malasaña.

Ya ven, un día cualquiera, sin saber qué hora es, se despierta uno sin saber porqué en medio de nieve, huracanes y abismos. Cuando mueren las voces que forman las bandas sonoras de nuestra vida es, en parte, como si muriera algo de nosotros mismos.

Me gusta imaginarme que ahora Antonio Vega está en el Penta (en el Penta de los ochenta, no el de hoy), con Enrique Urquijo, con Antonio Flores y muchos más que se quedaron por el camino, fumando, porque ya no le puede hacer más daño, y cantando guitarra en mano. Me da igual que canten "Pongamos que hablo de Madrid", "Te he echado de menos hoy" o "Lucha de gigantes". Todas son parte de la banda sonora de mi vida.

lunes, 23 de marzo de 2009

The Killers

Me lo habían traído los Reyes Magos (gracias a mi Melchor, que es reina) y desde entonces esperaba en momento de volver después de tanto tiempo al Palacio de los Deportes. La última vez que estuve allí fue a finales del 2006 con Fito y Quique González, pero el concierto de ayer no tenía nada que ver.



Los estadounidenses The Killers (la banda del momento, dicen) cerraban ayer su gira europea en Madrid y no nos lo podíamos perder. Hubo que sufrir para llegar a esa cuenta atrás que, como en Coldplay, anuncia la entrada de los músicos y el comienzo de la fiesta. Antes de ello, hubo serios problemas de organización porque la gente, parece mentira, no sabe comportarse. Se cerró la pista central cuando ya estaba llena y a los remolones que entraban con la hora justa se les mandaba a las gradas, pero claro, no querían, y pretendían colocarse en los pasillos de la grada extensible, en las escaleras... Hubo un par de momentos casi de pánico con los seguratas cuasi espachurrados por la masa y los jefazos dando gritos desesperados por poner orden, y parece que al final lo consiguieron.

Así que cuando a eso de las diez menos veinte empezaron a sonar los primeros acordes de la celebradísima Are we human or are we dancers todos estábamos ya preparados para botar como locos. Y no nos dejaros parar de hacerlo prácticamente ni un minuto.

Apuesta arriesgada la de empezar el concierto con el gran hit del último disco, mucha gente sólo se sabía esa canción y a los cinco minutos de concierto ya no tenían más que corear, pero muchos otros no dejaron de cantar de pe a pa en la hora y media que duró el espectáculo.


Brandon Flowers, el líder mormón de la banda, saludó a los madrileños con un "estamos para servirlos" en castellano y un "no se nos ocurre una ciudad mejor para cerrar la gira que ésta" en inglés. Pues para estar tan contentos de cerrar aquí su european tour no nos regalaron ni un minutito, ni una canción más, por eso de que es la última noche y tal... Nada.

Presentaban los Killers su tercer disco. Day&Age. y con muchas de sus canciones entusiasmaron al respetable: Spaceman, Read My Mind, Mr Brightside y mi preferida, Joy Ride. Pero no faltaron tampoco grandes temas de los discos anteriores, la bailable Somebody told me, All these things that i`ve done o Bones.

La potente versión de Sam`s Town me gustó, con su videoclip incluido, y he de confesar que cuando cantaron a Bob Marley (Buffalo Soldier) prácticamente ni me enteré y eché de menos que tocaran Lousin Touch.

Pero se disfrutó mucho el concierto, porque The Killers tienen esa versatilidad que hace que una canción pueda ser dos o tres a la vez, que los ritmos cambien de una estrofa a otra como de un disco a otro pero sin chirriar. Son como si metiéramos en una coctelera a Coldplay, a los Red Hot Chili Peppers, a The Cure y a New Order y saliera la música fluida de The Killers, pero casi sin mezclar, sólo combinada, como el agua y el aceite.

En fin, para cerrar el show recurrieron a la muy efectiva When you were young y sacaron todo su poderío, no sólo musical: humo y pirotecnia para despedirse de un público madrileño que desde el primer acorde del concierto estaba totalmente rendido a sus pies.

No era su primera vez en la Villa y Corte, hace dos años telonearon a Smashing Pumpkies en las Ventas y hace cuatro, después de tocar en el Copérnico ante sólo 400 personas se fueron a pinchar a la Vía Láctea y charlaron allí con todo el que se les acercó. Pena no haberlos conocido por aquel entonces...

¿Pegas al concierto? La ingente cantidad de niños pijos que pululaban por allí, que se sabían las dos canciones que ponen en las discotecas y en el resto se dedicaban a apoyarse en la pared y acariciarse las perlas de las orejas mirando al resto con cara de asco. Y la bandera de España que se proyectó en el cierre del concierto, haciendo las delicias de todos estos petunios claro. Y que las pantallas que normalmente sirven para emitir las imágenes del grupo, el directo, estaban apagadas. Fallo, porque aunque teníamos un buen sitio no alcancé a ver los gestos de Flowers.

A pesar de ello salimos del concierto sudados de tanto bailar, afónicos de tanto cantar, agotados de tanto hit y sonrientes, empachados de música efectiva y buen directo.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Madonna en el Monumental



Como ya he dicho mi trabajo tiene muchas ventajas y una de ellas es que la manden a una a cubrir un concierto de Madonna en el estadio del River Plate. Ayer por la noche me coloqué las zapatillas en previsión de más que posibles pisotones, guardé bien mi entrada VIP y me acerqué a "la cancha" (el estadio) temerosa de todos esos fans con camisetas, fotos y tatuajes de la Ciccone que llevaban horas haciendo cola frente a las puertas.

No soy seguidora de Madonna y de hecho hoy he descubierto que en mi i-pod sólo hay una canción suya (y dicen que es un reflejo del alma) pero ¿quién no se sabe el "Like a Virgin" o el "Times go by con Loli"?. Yo sí, de hecho me sabía muchas más canciones de las que esperaba, aunque la mayoría fueran del último disco.

Pero en realidad la música era casi lo de menos en ese espectáculo plagado de pantallas gigantes que se movian por un escenario de más de 80 metros de largo, con multitud de bailarines y efectos especiales.

De todo hubo sobre ese escenario: desde un descapotable balnco hasta el metro de Nueva York con sus raperos y sus graffittis, desde estatuas humanas hasta monjes y samurais, desde cacos que bailan break-dance hasta gitanos rumanos que convirtieron "La Isla Bonita" en una auténtica fiesta Bubamara (que son unas fiestas de música folcklórica balcánica)

Aún así lo más llamativo para mí fue ella, la reina del pop dicen, una mujer de 50 años que no paró de moverse en las más de dos horas de recital, que se arrastraba por el suelo, bailaba la barra americana, saltaba a la comba, bailaba y casi hacía aerobic con una energía que más quisíeramos todos los de mi edad. Y ni una gota de sudor ni un suspiro de cansancio se le vio a la tía.

Me cae bien Madonna, le da igual lo que se diga de ella, hace lo que le gusta, sabe dar a la gente lo que quiere, vive de eso, y además lo utiliza para lo que quiere.
Por eso ayer proyectó un cruento video denunciando la estupidez de la sociedad actual, sí, muy efectista y demagogo, pero menos da una piedra, muchos no hacen ni eso. Y el caso es que las sesentamil personas que había ayer en el concierto, y las que estarán en los próximos tres, se tragaron el clip de cabo a rabo.

Y todas esas personas casi entraron en trance cuando sorprendió con el famosísimo "Don`t cry for me Argentina". No podía faltar en este país, está claro, pero en la lista de canciones que a mi me habían pasado no aparecía. Con la bandera argentina de fondo, sentada en un taburete y guitarra en mano, ella solita se merendó el tema mientras el público lo coreaba con las lágrimas a flor de piel. En serio. Hasta yo me emocioné, pero creo que fue más porque me acordé de que me quedan menos de veinte días aquí y en realidad cantaba para mí misma algo así como "Don`t cry for Argentina".

Asique sí, aunque no seais fanáticos ir a un concierto de Madonna es altamente recomendable, ahora podré contar a mis nietos que yo estuve allí.

Si aún quereis saber más sobre el concierto, pinchad aquí.

martes, 2 de septiembre de 2008

¿Dos por cuatro? TANGO

Antes de venir aquí la palabra "Argentina" hacía estallar en mi mente las ideas básicas que sugiere este país, (otra) dictadura militar , dulce de leche y tango. Y sí, hay mucho de las tres cosas aquí, no son los típicos estereotipos de los que no quedan rastros en la sociedad.

De las secuelas de la dictadura hablé ya la última vez (y otras) pero sí, Buenos Aires sabe a dulce de leche y suena a tango, una música que también es un baile y de la cual es imposible escapar en esta ciudad -sobre todo si vives en uno de los barrios más tangueros del mundo-.

El tango nació, se supone, cuando miles de inmigrantes europeos, sobre todo italianos, llegaron aquí huyendo de la pobreza y la guerra -aunque algún músico trastornado intentara convencerme un día de que en realidad "vino de África, cayó por Cuba y llegó a Buenos Aires". En el puerto de esta ciudad, en lo que ahora es la Boca, se reunían los desconocidos y exiliados alrededor de tabernas y prostíbulo para arrojar sus penas al Río de la Plata con ayuda del alcohol y la música. Y por aquel entonces el tango se bailaba sólo entre hombres, entre hombres duros y curtidos, con las manos cortadas de trabajar y la mente embotada por la tristeza. Y de allí salió una de las danzas más sensuales que he visto bailar, muuuucho más allá del reggetón con el que tanto se frotan hoy en día los jóvenes porteños.



De hecho la coreografía del "dos por cuatro" parte de una cosa tan simple y tan profunda como el abrazo entre un hombre y una mujer. Y el abrazo del tango no es un abrazo cualquiera. A partir de ahí las piernas comienzan a moverse al ritmo que marca el hombre -para eso estamos en un país machista- y la pareja se sumerge en un mundo de sensaciones. Y no es un decir, quienes bailan tango de veras lo sienten, por lo que he visto debe ser algo tan intenso como un viaje de LSD y, dicen, bailar tango con la persona amada es casi mejor que hacer el amor.


La del tango es una melodía triste, melancólica, dolorosa, que se mete dentro de uno y no quiere salir hasta absorver toda la energía del alma, pero es una muy bella melodía. Decía Enrique Santos Discépolo, uno de los mayores poetas tangueros de todos los tiempos, que el tango es "un pensamiento triste que se baila" y no encuentro mejor definición. He aprendido en estos meses a escuchar esta música, apreciarla y distinguirla y he aprendido también a amarla.



El bandoneón es el instrumento más

característico de las orquestas de tango.

Ésta toca justo debajo de mi casa cada domingo.


Las letras de esta múscia, que por ser demasiado popular y barriobajera fue prohibida en su día por las clases altas y la Iglesia Católica, lloran en lunfardo, el argot porteño, y hablan sobre todo de partidas y desamores insuperables, de corazones rotos, de desgarros sentimentales.

Uno de los mejores cantantes de tanta desgracia e icono argentino por derecho -junto a Maradona y Evita- fue Carlos Gardel, cuya imagen aparece en el rincón más inesperado de la Capital Federal y cuya voz, por cierto, ha sido declarada por la UNESCO patrimonio de la humanidad.

El baile rioplatense -porque no podemos quitarles a los uruguayos su mérito, son igual de tangueros que los argentinos-, se baila y escucha por todas partes en Buenos Aires, sobre todo en las milongas, que son reuniones en bares o en la calle donde los aficionados se juntas y abrazan para practicar y disfrutar del tango.

Pero además hay otra modalidad de tango, la llamada "tango escenario" en la que los ya muy profesionales se atreven con las acrobacias y adornan los pasos, una modalidad realmente espectacular y muy complicada que, por cierto, hace furor entre los japoneses. Ayer fue la final del Mundial de Tango de esta modalidad y aunque fui a trabajar disfruté como una enana de los bailes.






domingo, 22 de junio de 2008

Cuarteto de Nos





A la tercera va la vencida, dicen , asique tras mi tercer concierto del Cuarteto no me queda más remedio que reporteároslo me temo.

Esta noche, en el Teatro Flores de Buenos Aires, los uruguayos cerranon una gira que les llevó en octubre a España, donde les vi por primera vez, en un Honki Tonk no muy lleno y tampoco muy volcado con ellos, aunque entusiasta.


Claro que eso no era nada comparado con el entusiasmo que le ponen los porteños, tanto en marzo -repetí con mi hermana al otro lado del charco- como esta noche, en la que se han despedido de los escenarios durante una buena temporada en la que se van a dedicar a su próximo disco.


Y será el décimosegundo, porque aunque yo les conocí el año pasado (ese Guetto, Semana Santa, Ferrol), llevan ya toda mi vida rulando de bolo en bolo, pues el grupo nació, mira tu por donde, el mismo año que yo.



El video desmerece bastante la música y la voz pero podéis captar el ambiente verdad? Las canciones del Cuarteto no sólo son musicalmente bastante aceptables sino que resultan divertidísimas y de lo más ingeniosas. Es la típica música para escuchar cuando uno está contento o quiere animarse, para hacer ciertas incómodas tareas cotidianas con energía o para desgañitarse en el coche. Música fresca, cercana, rockera, sin excesos ni adornos de más, y que cuenta historias inverosímiles con un grandísimo sentido del humor. Por algo cierto espabilado promotor musical les llevó a tocar junto a Los Delinqüentes cuando en España no les conocía ni Perry.


En concierto, todo eso se traduce en un público entregadísimo que, a pesar de la dificultades, -pues el vocalista canta rápido letras muy elaboradas- se corea desde la intro hasta los bises saltando sin parar. Le ponen ganas a pesar de llevar 23 años en ello (decían esta noche que siguen haciendo esto proque no han encontrado mejor que hacer) y consiguen trasmitir a la platea una vitalidad que no cualquier rockero sabe canalizar hasta cada uno de los que le van a ver. Aún así, he de confesar que tienen unas cuantas canciones demasiado rarunas y experimentales que terminan por ser aburridas, y desde luego, fuera de lugar en un concierto. Hoy han colado unas cuantas de estas, lo cual ha roto un poco del ritmo del concierto, pero han conseguido recuperarlo en un apoteósico final en el que han encadenado sus mejores canciones y las que más os recomiendo: Yendo a la casa de Damián, Verano del 92, Me amo y Bo Cartero. Va, superad la pereza, bajaroslas que de verdad os van a mola.


Asique sí, el cierre ha sido un gran cierre aunque quizá algo prematuro (una hora y media de concierto es pelín rancio no?), pero ha dejado buen sabor de boca y muchas ganas de que saquen algo nuevo y, seguro, sorprendente, para poder volver a verles en Madrid, Buenos Aires o..., quién sabe dónde.



Por cierto os presento a las dos catalanas con las que vivo ahora y a las que he arrastrado al concierto, Ana -a la izquierda de la imagen- y Clara.






domingo, 9 de marzo de 2008

Calamaro ve duendes


Ayer fue un gran día para mi vida musical: conocí al enorme Calamaro.
Me citó en el estudio de grabación donde está ensayando para la gira que empieza mañana en Montevideo -donde estaremos viéndole- y que le llevará la semana que viene al interior de Argentina.
Allí nos recibió, gordo, sin arreglar, en pantalón corto de chándal, tan normal que me costó reconocerle. Y taaaan drogado.... La cosa no salió como esperaba porque sólo nos dejaron entrar a Pilar y a mí -las pobres Sara y María se quedaron en la calle con las ganas- y no nos dejaron grabar la entrevista con cámara de vídeo. Esa era la misión de Pilar asique allí se quedó ella, de pie y mirandole con cara de asco mientras yo me sentaba con él en un sofá y comenzaba una entrevista que no me había preparado en absoluto. Tampoco hacía falta, porque el tío no estaba en condiciones de responder a preguntas profundas ni rebuscadas.
Asique gracias a mi pericia periodística, jejeje, tiré de las típicas preguntas de cuestionario estandart para cualquier artista, que ya me habían salvado más de una vez.
Me lo puso fácil porque, a pesar de no tener grabadora ni vídeo -no hay archivo ngráfico ni sonoro para la posterioridad, es una pena- el tío hablaba tan lento que me daba tiempo a escribir dos veces cada palabra que me decía y con una caligrafía hasta cuidada.
-Ehhhhmmmm...., esto......, aaahhhh....
Hablaba más o menos como aquel monje budista del Informal que se congratulaba con las visitas, y con la mirada perdida en un desenfocado horizonte del estudio de grabación se pensaba demasiado las respuestas, que además luego dejaban bastante que desear. Yo creo que mientras miraba a la lejanía y decía eeehhhh.... estaba viendo duendes flotando por el aire o haditas que le saludaban.
Procuré no mirar a Pilar en todo el rato para no estallar en carcajadas, bastante me costó ya no reirme sin mirarla. Además tenía que estar muy atenta a él porque, dado que dejaba un espacio de como 5 segundos entre palabra y palabra, nunca sabía si había terminado de contestarme y esperaba una nueva pregunta o estaba recreándose en los duendes y hadas y continuaría hablándome. Por eso un par de veces le dejé con la respuesta en la boca y le corté cambiando de tema.
Pero no parecía importarle, el tío, agarrado a su mate y echándose un spray -antialitosis, supongo- en la boca compulsivamente cada dos por tres, estaba de lo más relajado y como muy feliz de ser quien es y estar donde estaba. Se suponía que tenía prisa por irse -o eso nos dijo su encargada de prensa-, pero cualquiera lo diría dado la velocidad a la que hablaba...

Con respecto al contenido de la entrevista, nada que reseñar, la verdad, más allá de que espera que el año que viene le sobrevenga una crisi de identidad para poder tener una nueva racha de inspiración y de que me confesó que en cada gira viaja con 20 DVDs vírgenes en los que se graba la música que se baja de internet. Pero en realidad está en contra de esa práctica, porque, ya veréis, "el día que las páginas de los libros se vendan por separado" la gente se dará cuenta de lo que sienten los músicos cuando lel público se baja sólo una canción de un disco completo.

Asique esto es Calamaro. Un medio viejo gordo y con olor a mate -no muy agradable-, colgadísimo y al que no he conseguido arrancar ninguna genialidad, a pesar de mis brillantes preguntas de cuestionario, jejeje...
Como dice Pilar, la pregunta que me faltó por hacerle fue qué no se había metido.

¿Se cayó el mito? No. Esperaba algo así de él y no fue una entrevista en profundidad, no me dio tiempo a hacerme a la idea de cómo es pero me dio "buena onda" a pesar de su semiinconsciencia. Mientras conserve su voz y continúe sacando de vez en cuando alguna canción que me emocione, seguiré agradecida a Calamaro. No puedo dejar atrás los buenos ratos que me da la música de los Rodríguez ni las muchas canciones de sus discos posteriores que me ponen los pelos de punta.
Veremos que tal se porta mañana...

Ah y por cierto, a esta hora todo apunta a que Zapatero seguirá siendo presidente de las Repúblicas Socialistas Españolas -como llama Calamaro a nuestro humilde país-, oé, oé oé oé... Menos mal que durante cuatro años más nos seguimos librando de esta derecha recalcitrante en que se ha convertido el PP.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Yo me voy pa`l sur


Qué gustito da escaparse, aunque sean tres días, que dan para mucho, al sur. El sol, un bañito en el mar en noviembre, la arena de la playa, la tranquilidad de un pueblecito de pescadores prácticamente deshabitado en esta época, una compañía agradable, reencontrarse con gente querida, ver extensiones verdes sin construcciones y la amplitud del mar mientras se desayuna sin prisa.

Los de Canteca saben de lo que hablo...


Estoy cansao de caminar,

Entre todo el humo de los coches

Y que al salir por la noche

En la calle no me dejen estar.

Yo estoy cansá de este color

Que tanto gris me quita la alegría

Yo quiero las paredes blancas

De las casitas de Andalucía

Me han hablado de un lugar donde la vida es mas tranquila

Donde el tiempo va más despacio

Y donde se hace mu buen gazpacho

Y me voy a ir

Al menos un tiempito

A ver si derrite mi pena el calor

De su solecito

Pal’sur…yo me voy pal sur,pal sur, pal sur, pal sur...

(...)

Cuanto falta cuanto falta

Pa’llegar, pa’llegar a la costa

Que mas me tosta

A las tapas baratas

Las calas más guapas

A gente con menos ropa

Y al llegar una cañita bien tirá

Con mi tapa de gratis por Soleá

(...)

Y al caer la noche, ya no hay luz en el horizonte

Brillan las estrellas y me apetece cantar con ellas


Y huir durante tres días de la vida madrileña que, aunque me gusta mucho, no deja respirar.

miércoles, 24 de octubre de 2007

cosas que hacer antes de...

Los uruguayos 'Cuarteto de Nos' nos propone una larga serie de cosas para hacer antes de empezar a aburrirnos de nosotros mismos:

Ya tuve que ir obligado a misa, ya toque en el piano "Para Elisa"
ya aprendí a falsear mi sonrisa, ya caminé por la cornisa.
Ya cambié de lugar mi cama, ya hice comedia ya hice drama
fui concreto y me fui por las ramas, ya me hice el bueno y tuve mala fama.
Ya fui ético, y fui errático, ya fui escéptico y fui fanático ya fui abúlico,
fui metódico, ya fui impúdico y fui caótico.
Ya leí Arthur Conan Doyle, ya me pasé de nafta a gas oil.
Ya leí a Bretón y a Moliere, ya dormí en colchon y en somier.
Ya me cambié el pelo de color, ya estuve en contra y estuve a favor lo que me daba placer ahora me da dolor, ya estuve al otro lado del mostrador.

Y oigo una voz que dice sin razón "Vos siempre cambiando, ya no cambiás más" y yo estoy cada vez más igual, Ya no se que hacer conmigo.

Ya me ahogué en un vaso de agua , ya planté café en Nicaragua
ya me fui a probar suerte a USA, ya jugué a la ruleta rusa.
Ya creí en los marcianos, ya fui ovo lacto vegetariano.
Sano, fui quieto y fui gitano, ya estuve tranqui y estuve hasta las manos.
Hice el curso de mitoligía pero de mi los dioses se reían.
Orfebrería lo salvé raspando y ritmología aqui la estoy aplicando.
Ya probé, ya fumé, ya tomé, ya dejé, ya firmé, ya viajé, ya pegé.
Ya sufrí, ya eludí, ya huí, ya asumí, ya me fuí, ya volví, ya fingí, ya mentí. Y entre tantas falsedades muchas de mis mentiras ya son verdades hice fácil adversidades, y me compliqué en las nimiedades.
...
Ya me hice un lifting me puse un piercing, fui a ver al Dream Team y no hubo feeling, me tatué al Che en una nalga, arriba de mami para que no se salga.
Ya me reí y me importó un bledo de cosas y gente que ahora me dan miedo. Ayuné por causas al pedo, ya me empaché con pollo al spiedo.
Ya fui psicólogo, fui al teólogo, fui al astrólogo, fui al enólogo ya fui alcoholico y fui lambeta, ya fui anonimo y ya hice dieta.
Ya lancé piedras y escupitajos, al lugar donde ahora trabajo y mi legajo cuenta a destajo, que me porté bien y que armé relajo.

Si se escucha con música resulta mucho más divertido e interesante, el domingo tendremos la oportunidad de verlos en el Honky Tonk, si vais no os arrepentirés, seguro.