
El miércoles pasado nos fuimos Clara, María y yo a Rosario a celebrar el 80 cumpleaños del Che en su ciudad natal, dispuestas a quemar la noche y por el día acudir a las miles de charlas, conciertos y exposiciones programadas para la ocasión. La aventura comenzó con María con collarín por una grave contractura, pero manteníamos el espíritu porque esa noche tocaba en Rosario Emiliano, el cantautor de San Telmo, con lo cual sería una gran noche. Pero el II Ecuentro de Trovadores fue una mierda, con perdón, salvo la de Emiliano el resto de los cantautores eran no sólo ególatras -como pudimos comprobar hablando largamente con ellos- si no musicalmente malos. Pero lo peor fue que, depsués de terminados todos los conciertos, la "farra" con el majísimo Emiliano fue una cena-desayuno en una cafeteria chunga con un cantautor bastante impertinente, con bromas de quinceañero, algo estúpido y con un amigo insoportable que creía saber de todo y no sabía ni atarse los zapatos (aunque he de decir que tocaba la guitarra virtuosamente). Para haceros una idea, siendo músico y profesor de música, aseguraba que el tango "viene de África, cae por Cuba y así llega a Argentina". Mira que sé poco del tango pero que viene de los inmigrates italianos que lo empezaron a bailar en el puerto de Buenos Aires, eso sí lo sé.
Después de esa decepcionante noche el jueves lo dedicamos a conocer Rosario proque, creíamos, aún no había muchas actividades a las que acudir. Nos dimos cuenta de nuestra equivocación ya al final del día cuando todo lo que sí había pero no supimos encontrar había terminado. La noche nos dio para perdernos por la ciudad durante casi dos horas en las que nos dedicamos fervosoramente a arreglar el mundo, no lo conseguimos, pero esas conversaciones siempre merecen la pena.

El viernes fue el acto oficial de apertura de los festejos por lo del Che y también bastante decepcionante y muy alejado de las ideas guvarianas la verdad. Demasiado formal, demasiado aburrido, demasiado diplomático, demasiados intereses creados... Al Che no le hubiera gustado.
Tampoco le hubiera gustado el acto del día siguiente, en el que se inauguraba una plaza con su nombre y la estatua de la que ya os he hablado. Marchamos hacia allá con las juventudes cubanas y argentinas comunistas, una mani en condiciones, y las únicas que llevábamos cerveza eramos nosotras!! Estos argentinos no saben, luego todo el mundo nos pedía claro... Más allá del frío de muerte que pasamos en el acto, que duró varias horas, la cosa mereció la pena sólo por poder hablar con Aleida, la hija del Che -gracias a las mágicas acreditaciones de Efe-, que por cierto fue la única que se dignó a hablar del futuro y en vez de alabar sin reservas la figura del guerrillero (como hicieron todos) puso verde a los del campo argentino. Olé por ella.
También mereció la pena encontrarme con Beto, un porteño al que conocía de lo de la estatua y
con el que nos quedamos el resto del día y fuimos al Café de la Flor, lo mejor que hemos encontrado en Rosario. Es un bareto con muy buena música que, no sé muy bien porqué, pero me recordaba al Bodegón de San Rafael, y me trajo muy buenos recuerdos.
Asique bueno, las vacaciones en Rosario no fueron lo que esperábamos pero la verdad que nos lo hemos sabido tomar con humor y nos hemos reido mucho, mucho, mucho.