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miércoles, 28 de abril de 2010

Concurso Shandy Cruzcampo

Estimado jurado, visitantes, amigos y viajeros del mundo:

Si queréis saber de verdad porqué soy la candidata perfecta (aunque seguramente haya muchos candidatos perfectos, pero solo podéis elegir a uno), os recomiendo que consultéis las entradas de este blog en las que narro cómo vivo mis viajes y qué aprendo de ellos. Casi todas se concentran en el 2008, mi gran año blogero, y también bajo la etiqueta "Willy Fog" de esta bitácora, pero por si no queréis buscar, podéis ver estos ejemplos:

Península Valdés: el lugar donde duermen las ballenas

Salta y Jujuy

Ischigualasto: El lugar donde habita el Arco Iris

Buenos Aires desde un cielo dantesco

Glaciares en la Patagonia

Cementerio de la Recoleta

La Boca

Pero no hay que olvidarse de que viajar es algo más que fotografiar paisajes preciosso y recorrer caminos desconocidos. Es emocionarse, reir, llorar, vivir experiencias desconocidas a todos los niveles, crecer y aprender con ellas, saber conectar con la tierra, con los lugares, sus culturas y sus gentes.. y hacer un viaje interior sobre uno mismo a la vez que se hace sobre el mundo. Y, sobre todo, es vivir elevado a la máxima exponencia!!!!

La segunda librería más bella del mundo

La aventura del súper clásico

El infierno era esto

Cumpleaños ¿feliz?

Madonna en el Monumental



Amigos y visitantes, no os olvidéis de votarme AQUÍ!!!!



viernes, 26 de septiembre de 2008

Península Valdés, el lugar donde nacen las ballenas

En Península Valdés, además de paisajes preciosos y aguas turquesas, uno puede disfrutar de animales de los que no se ven todos los días, de hecho la mayoría de nosotros los veíamos por primera vez: ballenas, lobos y eefantes marinos, pingüinos a montones, armadillos y guanacos han sido estos días nuestros acompañantes a través de un nirvana con la naturaleza aderezado con el cielo más estrellado que yo he visto nunca y el sonido de las ballenas de fondo en el mar.


La ballena que viene aquí para criar a sus ballenitas es la ballena franca austral, y las hemos visto a escasos metros de nosotros sin separarse de sus ballenatos, nadando alrededor de nuestro barco, y la hemos escuchado -bueno, sólo Alberto y yo- aleteando por la noche haciendo tanto ruido que no sabíamos si serían las ballenas cerca de la playa o las fiestas del pueblo de al lado. Lo que veis sobre su cabeza son callosidades naturales que se les forman, sobre todo, por los picotazos de gaviota, uno do los mayores peligros que afecta a esta especie de ballenas.

En las playas que rodean la península se pueden encontrar además lobos y elefantes marinos, que básicamente se dedican a tomar el sol, reproducirse y de vez en cuando dar de comer a sus crías, una vida bastante placentera la verdad al menos en esta época del año. Allí nos quedábamos los nueve embobados mirando a estas bestias que pesan toneladas y tardaban más de un minuto en movilizar su grasiento cuerpo para darse la vuelta, y a las tiernísimas crías dando grititos para que su madre las diera un poco de leche, una monada!!






Y un poco más allá de ballenas, lobos y elefantes marinos, miles de pingüinos magallánicos que llegan desde Brasil para aparearse (con la misma pareja de toda la vida) y tener a sus crías en este lugar donde estábamos a unos veinte grados y por donde paseaban ovejas al lado de los pájaros bobos. Son cachondísimos estos bichos, andan bamboleándose de un lado a otro y cuando te acercas te analizan girando la cara casi 180 grados sobre su cuello, que parece que te están preguntando algo. Pero ojo, que el pico es muy duro y hace daño, yo me salvé por los pelos de un mordisco cuando estaba tocando a uno y vimos una pelea entre dos en la que uno salió bastante mal parado, ensangrentado y con media ala-aleta rota el pobre... Para completar el marco, las orcas rondando en una playa paradisíaca digna del Caribe.



















Y ¿qué más podría pedirle a este viaje? Buena compañía. Pues de eso no ha faltado, tenía conmigo a Ana y Alberto, a Cris, a mi querida sister y a sus amigos, que también son los míos, Elisa, Andrea, Fernando y Roberto, un grupo hetereogéneo que ha congeniado a las mil maravillas y ha dado pie a muchas, muchas risas. Sólo nos faltaba la pobre Bea..., en Santa Fe estudiando, pero estabas presente Bicha!!








miércoles, 17 de septiembre de 2008

Salta y Jujuy





Nunca había visto montañas de colores, con vetas moradas, amarillas, ocres, rojas, blancas, con capas en medio de la roca que parece que han sido pegadas con Loctite, hasta la semana pasada, que me subí con Bea, Ana y Alberto -recién llegados de Madrid- a pasar unos días al norte de Argentina, en el lugar donde el cielo es de un azul intensísimo, las carreteras tienen más curvas que metros y el paisaje más colores que montañas y colinas.

En la provincia de Salta visitamos la linda ciudad capital homónima (y nos empachamos con sus empanadas) y nos hicimos el recorrido del Tren de las Nubes, un ferrocarril que fue construido a principios del siglo pasado para transportar mercancías y pasajeros de Argentina a Chile a través de los Andes.

El recorrido del tren alcanza los 4.200 metros de altura, un record para los cuatro, que nos hinchamos a mascar hojas de coca para evitar el "apunamiento" o mal de altura, aunque Ana y Alberto no consiguieron librarse y al final del recorrido, en San Antonio de los Cobres, se pusieron malísimos. También llegamos hasta el viaducto de la Polvorilla y desde allí despedimos al tren, que ya no llega hasta Chile y es sólo para turistas.






Continuamos nuestro breve road trip hasta las Salinas Grandes, en la frontera entre las provincias de Salta y Jujuy, una enorme mina de sal que aún está explotada y que ofrece un vasto paisaje de piscinas de sal, suelo blanco y cielo azulísimo bastante impresionante.









Más allá de las Salinas, ya en Jujuy, recorrimos los pueblos de la Quebrada de Humauaca: Purmamarca y su Cerro de los Siete Colores, Tilcara, Iruya y, obviamente, Humauaca (sí el del carnavalito humauaqueño de la canción), pueblitos perdidos de la mano de nadie, de casas de adobe y calles de tierra, con una altura máxima de un piso, y habitantes de tez oscura, ojos rasgados y mirada huidiza. Gente que vive en medio de las montañas y, como nuestra amiga Ceferina, tiene que andar un par de horas para llegar a un teléfono, que viven de criar llamas y ovejas, que se protegen del potente sol de la quebrada con sombreros de fieltro y que han aprendido que si alguien les hace una foto tienen que pedir dinero a cambio, el derecho a la imagen ha llegado antes que el derecho al agua corriente a estos sitios...




Más fotos aquí.


miércoles, 20 de agosto de 2008

Ischigualasto, el lugar donde duerme la luna.


A pesar de dormir uno sólo de cuatro días en una cama, de hacerme en total unas cincuenta horas de autobús en esos cuatro días y de tener que ducharme sólo dos de ellos, y encima en una baño sin plato de ducha y en una estación de autobús, éste ha sido un grandísimo fin de semana. Sobre todo porque me he reencontrado, por fin, con Bea, una de esas a las que tanto echo de menos aquí, y además por hacerlo en un marco... incomparable? no, topicazos fuera, un marco que no me esperaba y me ha sorprendido mucho y para bien.

Ha sido en las provincias de Mendoza y San Juan -oeste argentino-, concretamente en el desierto del Talampaya y en el llamado Valle de la Luna (Ischigualasto).


Este valle, que tuvimos la suerte de ver tanto por la mañana como por la noche, es efectivamente un paisaje lunar -si es que alguien sabe cómo es la luna- gracias a las capas de sedimentos que durante millones de años se han ido acumulando unas sobre otras, con predominio del color gris sobre todos los demás pero acompañado de enormes paredes rojas dignas, por lo menos, de marte. En este lugar estuvimos compañadas por un guía con voz de pito que se empeñaba en que nos imaginaramos a los dinosaurios paseando y nos animaba, literalmente, a compartir con él el "placer de saborear los sedimentos de millones de años", una forma muy poética de suavizar el hecho de que todo, incluida tu boca, esté llena de un polvo tan fino que aún ahora después de una larga ducha en casa no consigo quitarme de encima.


El Valle de la Luna me gustó de día pero por la noche fue un auténtico espectáculo del que, además, pudimos disfrutar andando en vez de en la camioneta de guiris con reggeton a todo trapo que nos llevaba por la mañana



Dicen los autóctonos que éste es el lugar donde todas las mañanas se acuesta la luna para descansar y dejar trabajar a Lorenzo, y me lo creo. La noche del domingo Catalina se puso espléndida, henchida de orgullo como para iluminar bien y enseñarnos su camita. Durante un par de horas -las horas de las brujas de hecho- recorrimos el parque sin necesidad de linternas ni faroles porque había luz suficiente casi para leer. Ibamos todos medio hipnotizados y no sabíamos muy bien si mirar la preciosa luna, estudiar las constelaciones del hemisferio austral o ver las mismas extrañas formaciones rocosas de por la mañana con esa luz plateada que hacía que parecieran fantasmas de fantasía. Yo, particularmente, me ocupaba además -como una niña pequeña con zapatos nuevos- de sacar todo el partido a mi flamante cámara de fotos nueva y hacer fotos de noche en las que pareciera casi de día.



Retrocediendo en el tiempo, entre la mañana y la noche en el Valle de la Luna pasamos la tarde en el Parque Nacional del Talampaya, otro regalo de la naturaleza que no me esperaba que me impresionara tanto. Es una especie de Cañón del Colorado, pero colorado de verdad, que recorrimos por dentro y con un color tan intenso que ni siquiera mi flamante cámara de fotos nueva fue capaz de captar.



También formado con miles y finísimas capas de sedimentos de años y años y años y años..., el Talampaya tiene unas paredes altísimas que parecen cortadas a cuchillo, de una arena arcillosa, rojiza, que atrapa la vista y embota la mente de tan bonito que es recortado contra el cielo azulísimo de los Andes. Esta vez el guía ni tenía voz de pito ni era tan poético como el de la mañana pero sí más aventurero, y nos llevó por dentro de las formaciones que parecía que éramos auténticas exploradoras del corazón del mundo mundial -por lo rojo más que nada-.




Podeis ver más fotos en el álbum web de Picasa -y también las de Iguazú-.

lunes, 28 de julio de 2008

Iguazú, el lugar donde habita el arco iris



270 saltos de agua de entre 40 y 80 metros de altura que se extienden a lo largo de 2.700 metros divididos en varios frentes forman uno de los espectáculos más increibls que he visto en mi vida. 1.500 metros cúbicos de agua caen por segundo por la falla formada entre las placas tectónicas de Brasil y Argentina y provocan una enorme nube de polvo de agua a través de la que se puede ver todas las veces que uno quiera el arco iris.
Son arco iris completos, salen varios a la vez, rodean las cataratas y a los visitantes, los puedes ver desde los lados o en el centro, atravesarlos, descubrir que los arco iris nacen aquí, en un lugar muy paecido al paraíso cuyo nombre significa, en guaraní, "agua grande".
Es impresionante pasear por las múltiples pasarelas que recorren ambos lados de las cataratas, hay tantos saltos y conjuntos de ellos que uno no se cansa de ver agua caer y cada nueva perspeciva es un espectáculo maravilloso. Desde uno y otro lado no te pierdes ni una gota, puedes ver las cataratas desde arriba, desde el medio y desde abajo -tan abajo que te empapas-, desde un lado y otro, dese Argentina o desde Brasil, desde enfrente, desde el costado, tan cerca que puedes tocar el agua y ser consciente de cómo ruge y tan lejos que puedes apreciar prácticamente todas a la vez. Nosotros incluso lo vimos todo desde el cielo gracias a un helicóptero que nos dio una breve vuelta por encima de esta maravilla.




Para más inri , en el Parque Nacional Iguazú de Argentina, de 67.000 hectáreas de extensión, está la mayor parte de la Selva Atlántica Paranaense sobreviviente a la depredación forestal, lo que significa que alrededor de las cataratas hay una exhuberante vegetación que por sí sola ya sería un espectáculo. Dentro de la selva, monos, coatíes (unos mamíferos muy graciosos), pájaros serpientes y miles de mariposas de mil colores y formas. Uno se imagina que en la selva le rodean nubes de mosquitos pero en esta -al menos en esta época del año- lo que te rodean son nuebs de mariposas de colorines. Además de pasear por dentro en la selva pudimos hacer tirolina y rappel para salvar los tramos más difíciles, asique aventura y paisaje una vez más de la mano en uno de los viajes más inoolvidables que he hecho nunca.




¿Qué más se le puede pedir al paraíso? Quizá el agua azul, pero esta es la imperfección necesaria para que las cataratas del Iguazú sean el mejor paraíso en el que he estado hasta ahora.






En breves habrá un álbum de fotos que no os podéis perder...

lunes, 16 de junio de 2008

Cumpleaños ¿feliz?

El miércoles pasado nos fuimos Clara, María y yo a Rosario a celebrar el 80 cumpleaños del Che en su ciudad natal, dispuestas a quemar la noche y por el día acudir a las miles de charlas, conciertos y exposiciones programadas para la ocasión. La aventura comenzó con María con collarín por una grave contractura, pero manteníamos el espíritu porque esa noche tocaba en Rosario Emiliano, el cantautor de San Telmo, con lo cual sería una gran noche. Pero el II Ecuentro de Trovadores fue una mierda, con perdón, salvo la de Emiliano el resto de los cantautores eran no sólo ególatras -como pudimos comprobar hablando largamente con ellos- si no musicalmente malos. Pero lo peor fue que, depsués de terminados todos los conciertos, la "farra" con el majísimo Emiliano fue una cena-desayuno en una cafeteria chunga con un cantautor bastante impertinente, con bromas de quinceañero, algo estúpido y con un amigo insoportable que creía saber de todo y no sabía ni atarse los zapatos (aunque he de decir que tocaba la guitarra virtuosamente). Para haceros una idea, siendo músico y profesor de música, aseguraba que el tango "viene de África, cae por Cuba y así llega a Argentina". Mira que sé poco del tango pero que viene de los inmigrates italianos que lo empezaron a bailar en el puerto de Buenos Aires, eso sí lo sé.

Después de esa decepcionante noche el jueves lo dedicamos a conocer Rosario proque, creíamos, aún no había muchas actividades a las que acudir. Nos dimos cuenta de nuestra equivocación ya al final del día cuando todo lo que sí había pero no supimos encontrar había terminado. La noche nos dio para perdernos por la ciudad durante casi dos horas en las que nos dedicamos fervosoramente a arreglar el mundo, no lo conseguimos, pero esas conversaciones siempre merecen la pena.




El viernes fue el acto oficial de apertura de los festejos por lo del Che y también bastante decepcionante y muy alejado de las ideas guvarianas la verdad. Demasiado formal, demasiado aburrido, demasiado diplomático, demasiados intereses creados... Al Che no le hubiera gustado.


Tampoco le hubiera gustado el acto del día siguiente, en el que se inauguraba una plaza con su nombre y la estatua de la que ya os he hablado. Marchamos hacia allá con las juventudes cubanas y argentinas comunistas, una mani en condiciones, y las únicas que llevábamos cerveza eramos nosotras!! Estos argentinos no saben, luego todo el mundo nos pedía claro... Más allá del frío de muerte que pasamos en el acto, que duró varias horas, la cosa mereció la pena sólo por poder hablar con Aleida, la hija del Che -gracias a las mágicas acreditaciones de Efe-, que por cierto fue la única que se dignó a hablar del futuro y en vez de alabar sin reservas la figura del guerrillero (como hicieron todos) puso verde a los del campo argentino. Olé por ella.


También mereció la pena encontrarme con Beto, un porteño al que conocía de lo de la estatua y
con el que nos quedamos el resto del día y fuimos al Café de la Flor, lo mejor que hemos encontrado en Rosario. Es un bareto con muy buena música que, no sé muy bien porqué, pero me recordaba al Bodegón de San Rafael, y me trajo muy buenos recuerdos.

Asique bueno, las vacaciones en Rosario no fueron lo que esperábamos pero la verdad que nos lo hemos sabido tomar con humor y nos hemos reido mucho, mucho, mucho.




martes, 15 de abril de 2008

Colonia, Uruguay


Pasé el fin de semana -largo, porque me fui el miércoles- en Colonia de Sacramento, un pequeño pueblecito uruguayo que se encuentra al otro lado del Río de la Plata, justo en frente de Buenos Aires.

Fue el primer asentamiento en Uruguay y se la pelearon portugueses y españoles , de hecho la actual capital, Montevideo, se construyó por encargo de los españoles como fortificación para controlar el contrabando del que Colonia era centro.


El lugar es lindo pero la verdad nada del otro jueves, calle empedradas, algunas casitas de colores, un farito y un paseo agradable que rodea el río. Un río, por cierto, que parecería un mar de plata si no fuera porque es totalmente marrón, lo cual le quita un poco de ecntanto a la cosa de la playa, la verdad.

Nosotros nos cogimos el miércoles desde Buenos Aires un barco -Buquebús- que en una hora nos dejó en Colonia, justo enfrente. De hecho llegamos a ver el skyline de Baires desde la costa de Colonia. Allí pudimos disfrutar de un día de sol y piscina, de paseos, de muchos días de piscina de agua caliente y jacuzzi -cortesía del hotel-, de pizzas de a metro y preciosas puestas de sol.





Una pena que se nos nublaran un par de días pero eso sí, lo que más me ha gustado de Colonia han sido las puestas de sol. De un naranja intensísimo y sobre el agua, el sol se esconde poco a poco y termina tiñendo cielo y río de una luz especial que no se ve en cualquier puesta de sol.


viernes, 21 de marzo de 2008

Patagonia I: Los glaciares




En la Patagonia argentina, muy cerquita de Chile, hay glaciares que se formaron hace millones y millones de años, y he tenido la suerte de poder ver unos cuantos estos días. Son auténticos espectáculos naturales, algo inabarcable e imponente que aunque uno lo vea en fotos no llega a imaginarse la grandeza ni la inmensidad, que aplastan la mente y abren los ojos cuando uno se acerca a ellos.

En un primer contaco conocimos los majestuosos glaciares Upsala -casi 600 km cuadrados de hielo y más hielo- y Speggazinni, vistos desde un enorme barco con el que llegábamos a pocos metros de ellos después de una maravillosa travesía por el lago Argentino.

Al día siguiente fuimos al Perito Moreno, el segundo glaciar más grande del parque después del Upsala, y no sólo lo admiramos durante horas sino que nos subimos a él. Con unos crampones en los pies y abrigados como si estuvieramos en el Polo -que casi lo estábamos la verdad-, nos pusimos en marcha sobre el glaciar y durante una hora y media caminamos sobre hielo formado hace miles de años y pudimos ver el intensísimo color azul que el glaciar tiene por dentro. El azul es el único color que no absorve el hielo y por eso en los agujeros -sumideros- o grietas que se forman en el glaciar parece que se haya colocado una potente lámpara azul oscuro. Al final de nuestra pequeña travesía emulando a los grandes exploradores del XIX que descubrieron los polos -o eso me iba yo imaginando...- nos bebimos un vaso de whisky con hielo glaciar. La gracia turística.


Luego nos fuimos a verlo desde los apañados miradores que hay en la península de Magallanes, a pocos metros de la pared del glaciar, y allí nos quedamos, pasmados, frente a los cinco kilómetros de frente del Perito, una pared de hielo de 60 metros de altura que se vierte sobre las aguas del lago y detrás de la que se extienden kilómetros y kilómetros de hielo que baja de la montaña.

El Perito es una de las reservas más grandes de agua dulce del mundo, y el derretimiento de éste y otros glaciares provoca la formación del Lago Argentino, un lago enorme lleno de "brazos" cuyas aguas tienen un color azul turquesa-blanquecino que parece pintado por un surrealista estridente. El color no sé describirlo y desgraciadamente no se refleja en las fotos tal cual, asique vais a tener que ir a la Patagonia para apreciarlo, porque es algo que yo no había visto nunca. Estas aguas tienen un alto nivel de minerales, lo que les confiere ese color tan intenso, y gracias a él se llaman "leche glaciar". Para que os hagáis una idea es como si alguien hubiera vertido en leche la tinta de los Pilot azul clarito. Más o menos...

Además del azul intensísimo (siento insistir pero de veras que es increíble) y la enormidad de esta masa de hielo me llamó mucho la atención su lenguaje.

Como si se tratara de un enorme monstruo dormido que gime en sueños, el glaciar emite continuamente ruidos. Es una masa gigante de hielo flexible que no para de moverse aunque uno no lo note en absoluto, mientras tu lo miras plácidamente o paseas por encima él se va desplazando hacia delante sobre una capa de agua y se va transformando imperceptiblemente. Cruje, gime, cuando se forman los sumideros suenan casi disparos y cuando un trozo de hielo se desprende del frente del glaciar el sonido es como si un edificio se estuviera derrumbando sobre el mar.

Y además ofrece un espectáculo único en el mundo aproximadamente cada cuatro años -que, vaya!, no nos tocó presenciar-. Cuando el glaciar avanza hasta tocar la península de Magallanes se forma un puente de hielo que "salta" hasta la tierra, lo que crea una presa entre dos brazos diferentes del lago. Entonces empieza a subir el nivel del agua y la presión en uno de esos brazos hasta que el agua rompe el puente y éste cae estrepitosamente sobre el lago. No hemos tenido la suerte de verlo pero debe ser realmente impresionante.

Aunque nos hayamos perdido la rotura, los glaciares han sido algo increíble, un auténtico espectáculo que me ha dejado pasmada y creo que lo más bonito e impresionante que he visto en mi vida. Altamente recomendable para todos, todo el mundo debería poder disfrutar de estos paisajes alguna vez en su vida, asique hay que darse prisa porque me temo que no son muchos años los que les quedan a los glaciares en este mundo.

Dejo por aqui un par de fotillos pero cuando tenga más tiempo haré un álbum dedicado a las maravillas patagónicas.