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jueves, 2 de julio de 2009

Tetro

Por fin he podido ver Tetro, esa película cuya primera presentación pude presenciar el año pasado en Buenos Aires. Dijo en su día Coppola, el director, que sería un film muy personal que retrataría metafóricamente la historia de su familia. Si realmente ha sido así, vaya familia..., me compadezco del creador del Padrino.
Tetro es un hombre atormentado que vive en una película atormentada y se dedica a atormentar a quienes le rodean (Maribel Verdú, su novia, sobre todo). Vive en blanco y negro (que poco acostumbrados estamos a ver el cine en bicolor) y en la ciudad de Buenos Aires, concretamente en La Boca, el barrio de los inmigrantes. Se desenvuelve entre el humo de sus cigarros, la torpeza de sus muletas y los planos imposibles y la iluminación estrambótica que Coppola ha decidido imprimir a su vida. Una vida rara, un poco acongojante, pero que a mí en realidad me gustó.
Me gustó Tetro por lo novedoso (quizá no es novedoso si no solamente poco convencional este cine, plásticamente hablando) del lenguaje, porque había más luz de lo que esperaba en la película, porque los protagonistas trabajan bastante bien y porque las historias truculentas en la gran pantalla siempre enganchan. Pero me gustó, sobre todo, por volver a Buenos Aires. Aunque se vea muy poco de la ciudad (realmente poco). Aunque se hable muy poquito en argentino. Me dio igual, pude reconocer un par de calles por las que yo pasé prácticamente todos los días durante el año pasado; pude reconocer el ritual del mate que acá he olvidado pero que allá seguía con fervor casi religioso; pude recordar el bar Británico, donde Tetro pregunta qué haría si se pudiera regalar una palabra, y donde yo desayuné amargamente tras nuestra gran fiesta de despedida, allá por diciembre... También la Colifata, radio LTD22, y los loquitos que conocí allá y que también son personajes de la película de Coppola.
Pude recordar el empedrado de las calles, el ruido de los colectivos trotando por él, la suciedad de las calles y los grafittis que las adornan. Estuve de vuelta un rato por allá, paseando con Tetro, recordando un Buenos Aires en blanco y negro. Así que, gracias Francis.

miércoles, 28 de enero de 2009

De allá p`acá

De Ezeiza a Barajas. Del tango al chotis. Del colectivo al búho. Del Subte al Metro. De Corrientes a la Gran Vía. De los helados de Freddo al chocolate de San Ginés. De la Casa Rosada a la Moncloa. De la Plaza de Mayo a la Puerta del Sol. De los lagos de Palermo al lago del Retiro. De la calle Callao a la Plaza de Callao. Del verano porteño con los niños bañándose en las fuentes al invierno madrileño con los ociosos fotografiando a la Cibeles nevada. De San Telmo a la Latina. De la Quilmes a la Mahou y de las empanadas a las croquetas. De una vida improvisada a los horarios de clase. De los pesos a los euros. Del pequeño Telmico a la Lía, que parece un tigre. De C5N a Telecinco y de León Giecco a Quique González. De la cancha de River al Bernabéu, de la Bombonera al Calderón y, como dice Sabina, de González Catán a Tirso de Molina. De boludo a gilipollas, de no coger nada a cogerlo todo.

En poco más de un mes que llevo aquí aterrizada he pasado de añorar Madrid a añorar Buenos Aires. Me he sentido re-contra feliz y amargamente triste en el mismo día sin poder controlarlo. Soñe durante muchos días después de llegar acá que estaba allá, igual que cuando dormía allá soñaba tantas veces con volver acá. Me he reeducado en la civilización y en la vida "normal" (aunque no estoy muy segura de querer) y he recuperado a esa parte de mí que dejé con todos vosotros. Lo bueno es que no he perdido la que me encontré en Argentina.

Así que -siento el retraso, no me atrevía a enfrentarme a esto desde el otro lado del charco-, vuelve un escribiendoenplata nuevo que a la vez es el antiguo. Ahora, en vez de hablar de Buenos Aires, procuraré contaros cosillas que pasen por Madrid o por donde vaya viajando (si es que la crisis me lo permite). Ahora que veo este ciudad con ojos de turista, ahora que Buenos Aires me ha enseñado a andar fijándome en las cornisas de los edificios y buscando en cada rincón unba obra de arte, estoy descubriendo nuevos-viejos lugares de Madrid. No necesitaba irme hasta allá para darme cuenta de que adoro Madrid pero, por lo visto, sí necesitaba a Buenos Aires para darme cuenta de que lo de acá es mucho más de lo que yo pensaba.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Buenos Aires-Madrid


Ver mapa más grande


Hoy fue primavera en Buenos Aires. Mañana será ya verano. Y pasado aterrizaré en Madrid, osea, en invierno. Tres estaciones del año en tres días. Y tantas despedidas y tantos reencuentros... Y tantos bultos que tengo que cargar....



Ya me tocará hacer recuento del año en otra ocasión (próximamente en Escribiendoenplata), pero ahora que me voy pienso en cuánto voy a echar de menos tantas cosas....



- Vivir en un barrio tan cuco y cómodo como San Telmo, y sus domingos...

- Ir andando a trabajar.

- Las noches en el parque comiendo helado

- Las tardes en la hamaca del patio de Lezama, o en las sillas diminutas, entre mates, cafés y puchos.

- El gato crudo

- Que los taxis sean baratos

- Las mediaslunas, el asado, los panqueques..., el Limonero.

- A las 15 personas con las que he vivido en los últimos meses, mis hermanos, aguante el espíritu Lezama!

- Viajar prácticamente cada mes a algún lugar increíble.

- Pensar en pesos argentinos.

- Ver todos los días el Río de la Plata por la ventana.

- El "¡Che, qué onda!"

- A los alemanes, franceses y norteamericanos que hablan argentino, a la tonada colombiana, cantada, a los "Qssshhheeessshhooo...".

- El tango, que suena por todas partes, y las clases de tango todos los domingos en casa.

- Los lunes en la Bomba del Tiempo.

- Y las cenas internacionales de los miércoles.

- Y los jueves de pizzería y Emiliano.

- Y acordarme de María o de Pilar al pasear por la ciudad, con una enorme sonrisa.

- Calcular cuántos días faltan para que lleguen las próximas visitas y cuándo me falta para volver a casa.

- Descubrir los rincones encantadores que esta ciudad tiene escondidos.

- Los piropos por la calle y a los chamulleros de los argentinos.

- La 9 de julio con su obelisco plantado en medio y su chalet encima de un bloque de pisos.

- La calle Corrientes, con sus librerías, sus teatros y sus cines.

- El guardar las monedas como si fueran de oro y coleccionarlas para poder tomar el colectivo.

- La Quilmes

- Que me despierten con un desayuno preparado al solecito de la terraza de Lezama, y las tertulias de Patéticas y Divinas.

- Las noches en la Plaza Dorrego.

- Disfrutar como una enana trabajando.

- Tener la misma conversación con todos los taxistas de Buenos Aires.

- Las fiestas españolas en el piso DInámico y las fiestas temáticas en Lezama.

- El reggetón y la cumbia (¿será posible?)

- Que las copas cuesten menos de cuatro euros y el tabaco menos de uno.

- A Telmo, el gato loco.

- Las comidas en la oficina.

- Encontrarme una carta en el buzón



Y taaaantas otras cosas....



Me voy pero aún me queda mucho que contar de Buenos Aires, iré soltando lastre poco a poco desde Madrid porque me quedan pendientes bastantes cosas. Pero ya no me da tiempo, de hecho ya sólo me quedan once horas para despegar... Y al pensarlo se me dibuja una sonrisa de felicidad en la cara mientras me sale una lagrimilla de pena, un lindo símbolo de este año de contrastes en este país de contrastes.

Parecía que no iba a llegar nunca pero al final ha acelerado y la última semana se me ha pasado casi sin darme cuenta, pero después de casi casi un año entero, vuelvo a casa por Navidad. Así que me voy a despedirme de la luna porteña, quién sabe hasta cuando...

viernes, 19 de diciembre de 2008

Parque Lezama
















Mi último post a la ciudad de Buenos Aires se lo voy a dedicar al parque que ha sido testigo de mis últimos meses. No es el más grande ni el más bonito de la ciudad, pero es nuestro parque y sin duda es mi preferido. Es el parque Lezama, la frontera entre tres barrios: San Telmo, La Boca y Barracas. De noche su árboles amarillos, verdes y rosas están iluminados con luces narajas y blancas de forma que es cuando se pone el sol cuando se nos viste de fiesta el parque.




En sus bancos y en su césped (pasto, aquí) he pasado horas y horas compartidas con vino, cerveza y helados, con malabaristas, circenses, teatreros, músicos y demás bohemios. Con mis compañeros de piso y amigos, con mi cámara de fotos... Lo he visto a todas las horas del día y me permito afirmar tajantemente que Lezama nunca duerme. Siempre hay alguien paseando al perro, haciendo deporte, paseando, practicando capoeira o simplemente pasando el tiempo.





Lo hemos adoptado como un miembro más de nuestra comunidad Lezama y como nuestro propio jardín. Cuando pasa la una de la madrugada y entramos en "horario de protección" a quienes tienen que madrugar en la casa, los crápulas vagos cruzamos la calle y nos tumbamos en "el piso" como si estuviéramos en el patio. Nos llevamos nuestras botellas, las sillas a veces, la batería casera y la guitarra y allí pasamos horas bajo árboles de colores.








La fauna que puebla el lugar es conocida ya, unos enanos que con doce años fuman, un polaco pesao que sieeempre viene a pedir tabaco, nuestro amigo "El Peluca", un cocinero que vive allí, a la intemperie, con sus cinco hijos...



Siempre hay además parejitas paseando su amor primaveral, viejecitos a los que el turismo y los precios han desbancado de la Plaza Dorrego, callejeros, padres que pasean a sus hijos, grupos de jóvenes que se reúnen con sus mates para superar las calurosas tardes de verano... La población va cambiando con las horas del día pero los estereotipos quedan. El análisis antropológico se lo debo a un compañero que además, pretende hacer un trabajo sobre el parque (habrña que verlo...).






Mi despedida de Buenos Aires será, por supeusto, en el parque. Empanadas y lágrimas para la última noche en esta ciudad que me ha cambiado.
PD: escuchar la Marimorena desde la piscina..., no tiene precio.


lunes, 13 de octubre de 2008

Mafalda




Una de las mejores creaciones argentinas, en mi opinión, es un cómic en principio inofensivo pero altamente dañino para quienes no quieren ver sus conciencias sacudidas con el entretenimiento (ese tipo de gente que rechaza el cine o la literatura "comprometidas" porque ya tienen suficientes problemas como para crearse más cuando quieren relajarse). Pero lo mejor de este cómic es que fluye sobre el humor y la ingenuidad infantiles tan suavemente que uno no puede hacer otra cosa que reírse de lo mal que está el mundo.

Las viñetas de Mafalda, que son argentinas pero hablan de lo divino y de lo humano tan universalmente que podrían ser prácticamente de cualquier parte del mundo, deberían ser obligatorias en el colegio para aprender a pensar. Es (o fué, o siempre será) una niña de familia porteña de clase media que vive en San Telmo -a dos manzanas de mi casa-, odia la sopa, y es la autora de una de las frases a las que más recurro cuando me supera la humanidad (lo cual ocurre, francamente, con demasiada frecuencia): "Paren el mundo, quiero bajarme!".
Un tiernísimo dibujo que tiene vida y se plantea todo desde la ingenuidad infantil pero con una capacidad de análisis y una lógica que si fuera adoptada por quienes dirigen el mundo todo iría mucho mejor. Una enana que quiere ser interprete de la ONU para poder acabar con los conflictos mundiales y adora a los Beatles.


El dibujante argentino Quino concibió a Mafalda para promocionar una cadena de electrodomésticos y aunque esa publicidad nunca llegó a ver la luz le dio la oportunidad de crear un personaje que desde entonces viviría en varios periódicos argentinos, saltaría a publicaciones de todo el mundo y sería editada y reeditada a lo largo de los años. De hecho, "Todo Mafalda", el libro de más de dos kilos que reúnes todas sus viñetas, se agota automáticamente con cada nueva edición. Una niña que ha encandilado a varias generaciones y aún no ha dejado de ser actual a pesar de pertenecer realmente a las décadas de los 60 y 70. Una nena, como dicen aquí, que consiguió que hasta Julio Cortázar dijera que "no tiene importacia lo que yo pienso de Mafalda. Lo importante es lo que Mafalda piensa de mí".


Una pequeña curiosa e irreverente que trae a su padre de cabeza (siempre le deja por los suelos con sus ocurrencias) y hace que los adultos más empingorotados se sonrían con sus tiras. Una boludita a la que se le ocurren frases dignas de grandes filósofos: "¿No sería mas progresista preguntar donde vamos a seguir, en vez de dónde vamos a parar?"; "El mundo esta malo, le duele el Asia."



Una niña que tiene mucho que enseñarnos a todos con buen humor y sarcasmo, un personaje ficticio tan tierno y real que ojalá estuviera vivo y no fuera intérprete de la ONU, si no jefa de Estado. Égoístamente preferiría que fuera una niña que viviera en San Telmo a quien pudiera encontrarme por la calle para que me diera cada día una buena lección de vida y un motivo para sonreirme. Suerte que Quino escribió muuuchas tiras y viñetas de Mafalda y que aunque uno se las sepa no dejan de hacer gracia.



martes, 2 de septiembre de 2008

¿Dos por cuatro? TANGO

Antes de venir aquí la palabra "Argentina" hacía estallar en mi mente las ideas básicas que sugiere este país, (otra) dictadura militar , dulce de leche y tango. Y sí, hay mucho de las tres cosas aquí, no son los típicos estereotipos de los que no quedan rastros en la sociedad.

De las secuelas de la dictadura hablé ya la última vez (y otras) pero sí, Buenos Aires sabe a dulce de leche y suena a tango, una música que también es un baile y de la cual es imposible escapar en esta ciudad -sobre todo si vives en uno de los barrios más tangueros del mundo-.

El tango nació, se supone, cuando miles de inmigrantes europeos, sobre todo italianos, llegaron aquí huyendo de la pobreza y la guerra -aunque algún músico trastornado intentara convencerme un día de que en realidad "vino de África, cayó por Cuba y llegó a Buenos Aires". En el puerto de esta ciudad, en lo que ahora es la Boca, se reunían los desconocidos y exiliados alrededor de tabernas y prostíbulo para arrojar sus penas al Río de la Plata con ayuda del alcohol y la música. Y por aquel entonces el tango se bailaba sólo entre hombres, entre hombres duros y curtidos, con las manos cortadas de trabajar y la mente embotada por la tristeza. Y de allí salió una de las danzas más sensuales que he visto bailar, muuuucho más allá del reggetón con el que tanto se frotan hoy en día los jóvenes porteños.



De hecho la coreografía del "dos por cuatro" parte de una cosa tan simple y tan profunda como el abrazo entre un hombre y una mujer. Y el abrazo del tango no es un abrazo cualquiera. A partir de ahí las piernas comienzan a moverse al ritmo que marca el hombre -para eso estamos en un país machista- y la pareja se sumerge en un mundo de sensaciones. Y no es un decir, quienes bailan tango de veras lo sienten, por lo que he visto debe ser algo tan intenso como un viaje de LSD y, dicen, bailar tango con la persona amada es casi mejor que hacer el amor.


La del tango es una melodía triste, melancólica, dolorosa, que se mete dentro de uno y no quiere salir hasta absorver toda la energía del alma, pero es una muy bella melodía. Decía Enrique Santos Discépolo, uno de los mayores poetas tangueros de todos los tiempos, que el tango es "un pensamiento triste que se baila" y no encuentro mejor definición. He aprendido en estos meses a escuchar esta música, apreciarla y distinguirla y he aprendido también a amarla.



El bandoneón es el instrumento más

característico de las orquestas de tango.

Ésta toca justo debajo de mi casa cada domingo.


Las letras de esta múscia, que por ser demasiado popular y barriobajera fue prohibida en su día por las clases altas y la Iglesia Católica, lloran en lunfardo, el argot porteño, y hablan sobre todo de partidas y desamores insuperables, de corazones rotos, de desgarros sentimentales.

Uno de los mejores cantantes de tanta desgracia e icono argentino por derecho -junto a Maradona y Evita- fue Carlos Gardel, cuya imagen aparece en el rincón más inesperado de la Capital Federal y cuya voz, por cierto, ha sido declarada por la UNESCO patrimonio de la humanidad.

El baile rioplatense -porque no podemos quitarles a los uruguayos su mérito, son igual de tangueros que los argentinos-, se baila y escucha por todas partes en Buenos Aires, sobre todo en las milongas, que son reuniones en bares o en la calle donde los aficionados se juntas y abrazan para practicar y disfrutar del tango.

Pero además hay otra modalidad de tango, la llamada "tango escenario" en la que los ya muy profesionales se atreven con las acrobacias y adornan los pasos, una modalidad realmente espectacular y muy complicada que, por cierto, hace furor entre los japoneses. Ayer fue la final del Mundial de Tango de esta modalidad y aunque fui a trabajar disfruté como una enana de los bailes.






jueves, 24 de julio de 2008

Buenos Aires desde un cielo dantesco



Con nuevos visitantes, mis padres otra vez, yupi!! ayer me subí al faro de Buenos Aires, a lo más alto del palacio Barolo, una mole estilo Gaudí que fue el primer rascacielos de la ciudad y por muchos años el edificio más alto de Lationoamérica.

El edificio no deja indiferente a quien pasea por la Avenida de Mayo y a todo el mundo le hace pensar en Barcelona, pero más allá de la belleza arquitectónica se esconden algunos secretos curiosos.
En la década de 1910 el industrial Luis Barolo (1869-1922) y el arquitecto Mario Palanti (1885-1979), soñaron con traer las cenizas del poeta Dante Alighieri a Buenos Aires y para eso construyeron un santuario que hoy alberga sólo oficinas. El arquitecto, claro, era gran admirador de Dante y por eso el edificio está lleno de analogías y referencias a la Divina Comedia.
La planta del edificio está construída en base a la sección áurea y al número de oro, y la división general del Palacio -como la de la Divina Comedia- es en tres partes: Infierno, Purgatorio y Cielo. La planta baja es el Infierno, los primeros 14 pisos son el Purgatorio, los pisos siguientes son el Paraíso, el faro representa a Dios.

El cielo, obviamente, es la parte más alta, usease, el faro, que representa los nueve coros angelicales. Sobre el faro está la constelación de la Cruz del Sur, que se ve alineada con el eje del Barolo en los primeros días de junio, a las 19.45 horas. Ese faro sirvió el 14 de setiembre de 1923 para trasmitir con sus luces el resultado de la famosa pelea de boxeo Firpo-Dempsey.

Además, la altura del edificio es de cien metros, y cien son los cantos de la Divina Comedia. La mayoría de los cantos del poema tienen 11 o 22 estrofas, los pisos del edificio están divididos en 11 módulos por frente, 22 módulos de oficinas por bloque.


Y encima es el primer edificio que conozco que tiene un hermano gemelo, el palacio Salvo, en Montevideo. Quién sabe si en los días claros uno y otro se avistan y saludan, celebrando su fraternidad, desde las dos orillas del Río de la Plata...



domingo, 1 de junio de 2008

Corpiños y J&B


Buenos Aires es, además de otras muchas cosas, la ciudad de los mercadillos. Hay mil, todos los días, repartidos por toda la ciudad. Uno de los más importantes se monta los fines de semana en Palermo, el centro del diseño en Buenos Aires, donde están la mayoría de las tiendas de los jóvenes diseñadores de todo el cono sur.. Además de mercadillo en la calle, de todas las tiendas abiertas, y de un montón de galerías enormes en las que venden codo con codo muchísimos diseñadores jóvenes, lo mejor es que los bares y restaurantes de la plaza se convierten en tiendas gigantes.

Asique uno puede comprarse el modelito de la noche en el mismo luegar donde luego va a cenar o a tomarse las copas... Es muy curioso ver cómo las mesas y las sillas son sustituidas por enormes perchas cargaditas de ropa y en lugar de filetes, cervezas o panqueques (crepes) se venden faldas, jerseys o corpiños (sujetadores). Los complementos y lo más chic de lo más chic del textil argentino conviven por unas horas y sobre la barra con las botellas de alcohol que esperan pacientes a que los compradores compulsivos gasten su plata en emborracharse en vez de en ponerse piola -monos-.
Y la verdad que la ropa que hacen los jóvenes talentos de la moda latinoamericana está bastante bien, y aunque las calidades no son superiores la originalidad y el buen gusto son muy destacables. Hay mucho dibujito chulo, camisetas estampadas con letras de canciones, el Principito en una falda... Vaya, que es el paraíso de cualquiera de las chicas que conozco (y de algún chico manirrota que me sé yo que le encanta ir de compras). Además, el precio, a pesar de que para os argentinos es caro, para los que venimos con euros está bien, y seguramente esta ropa en España cueste casi el doble que aquí.



Asique ya veis, bolas de discoteca flotando sobre la tienda, botellas de J&B de fondo de la ropa interior, collares y cinturones colgando de las escaleras donde unas horas más tarde los chavones porteños se intentarán ligas a las lindas argentinas... Cuanto menos, otra curiosidad porteña.



lunes, 5 de mayo de 2008

La aventura del super clásico

Es domingo por la mañana y un despertador odioso me hace darme cuante de cuánta resaca tengo al grito de "es hora de levantarse". Zafarrancho de combate en casa, hoy es el super clásico Boca-River y somos cuatro becarios sin entrada pero deseosos de que la Bombonera tiemble bajo nuestro pies, así que allá nos vamos a ver qué conseguimos. Nada más llegar a las afueras del estadio nos ofrecen entradas por 200 pesos (40 euros), que es un poco menos de nuestro límite, asique sí, queremos entrar! Las "supuestas entradas" consisten en que un tío con gorra nos pasa, vamos, nos cuela, a nosotros y otros 16 a la cancha con la connvivencia de los policías que controlan los diferentes accesos. Por que todas las calles que hay alrededor del estadio están cortadas y para llegar a la puerta hay que pasar al menos dos controles policiales.

Pues nada nosotros llegamos al primero de los controles detrás del de la gorra y parece que hay problemas.., por aquí no podemos pasar... Bueno, vamos a otra puerta. Corriendo los 20 detrás del de la gorra, que parece que quiere escaparse con nuestra pasta, pero no le vamos a dejar. Carrerita por aquí..., carerita por allá..., nos conocemos perfectamente el perímetro del estadio de tanto recorrerlo bajo un sol de justicia nada sano para nuestros cuerpos resacosos. Al fin llega el momento, "parece que nos llevan a la doce..." ¿A la doce? ¿La sección más violenta de los barrasbravas de Boca, donde todo el mundo nos ha dicho que ni nos acerquemos, donde están las navajas y las pistolas que salen en las noticias? Pues allá que nos vamos, como decía Pilu, si no sobrevivimos a un partido de fútbol nunca podremos ser reporteros de guerra...


Después de tensos momentos para entrar en los que tuvimos que echar a los que se intentaban acoplar al gurpo y en los que voló algún que otro puñetazo cruzamos -otra vez corriendo!- las vallas policiales y entramos, por fin!, en la Bombonera. Allí nos recibe un intensísimo olor a pis que debe venir de la cascada de agüita amarilla que baja por las escaleras por las que tenemos que llegar a nuestro sitio. Debe ser que los bosteros (véase seguidores de Boca Juniors) encuentran que meando el estadio lo marcan más y a lo mejor cae desmayado alguno de River, y mejor que mejor.


En fin, conseguimos atravesar las hediondas escaleras, que yo después de eso me siento preparada para la selva, el desierto o lo que haga falta, y desembarcamos en la doce, la sección de popular (lo que en España es preferencia) en la que se reúne la más brava de las barras. ¡¡Y aquello es todo una fiesta!!! Hasta arriba de gente vestidos de azul y amarillo, todos de pie, apretados y sudorosos, rodeando a una orquesta enorme que no se calló en todo el partido. Todo tipo de afiches bosteros se agitan mientras los fanáticos, pero fanáticos de verdad, saltan y cantan sin parar animando al equipo de su corazón. Tanta pasión junta no la había visto yo en mi vida.


¿Y yo, que no me gusta el fútbol ni entiendo de él, con mi resaca, un dolor de cabeza insoportable, y sin comer desde el día anterior, qué hago allí? Pues saltar como una loca, animando como la que más a un equipo del que no me sé ni la alineación de lejos, pero totalmente mimetizada con los barras. Dale Booo, dale Boo... Si no os lo creéis podéis comprobarlo con vuestros propios ojitos aquí.








Pues sí, fue una gran experiencia mi primer partido de fútbol, y no, no era tan peligroso como lo ponen los argentinos. Es que son taaan exagerados para todo... Bueno, en realidad nosotros cuatro podríamos haber estado entre las ciento ochenta y pico personas que fueron detenidas por intentar entrar a la cancha sin entrada -vamos, por colarse como lo hicimos nosotros-, pero la estrella que me acompaña, una vez más, me salvó del calabozo.


Y qué pequeño es el mundo..., coincidimos en ese nutrido grupo que arriesgó su vida y su dinero por traspasar las puertas con un chico que había vivido en Madrid y había compartido piso con el novio de una de las mejores amigas de Pilar, mi compañera, hay que ver lo que son las cosas...


Bueno hoy ya se me han olvidado la mitad de las canciones con que animamos al Boca de nuestro corazón, pero aquello era como estar en medio de los Destroyer el día de los quintos en la Plaza de Toros del Epsinar, pero a lo bestia. Mucha gente cantando y saltando, bombos, trompetas y el famoso "yo, te quiero dar..., Boca mi corazón..., iremos a festejaaar, las fiestas de Espinar...", eso cantaba yo, una mezcla de bajas pasiones.



El único gol del partido lo metió Boca pero en ese preciso momento Pilar y yo estabamos pidiendonos un choripan asique nos lo perdimos, pero dio igual, fue mucho mejor ver a los forofosisimos, tios tatuados con pinta de chungos, saltando como niños pequeños, gritando emocionados, tirando puñetazos al aire con los ojos empañados de lágrimas... Muy fuerte, a mi me daba un poco la risa pero allí nadie se daba cuenta, estaba la doce que se salía de sí misma. De hecho muchos de esos barras nisiquiera miraban al partido, si no que, de espaldas al campo, se dedicaban a animar a toda la hinchada, a calentar a la gente para que los jugadores sintieran el aliento de una de las barras más fanáticas del mundo mundial.


Y luego en el descanso, como en el fútbol americano, salieron las animadoras, casi en tanga, con sus pompones azules y amarillos, a bailar una coreografía cutre con cero coordinación, pero eso sí, muy buenos culos las muchachas.


Y nada, cuando se acabó, nos tocó esperar casi una hora a que saliera la hinchada de River para que no coincidieran con los bosteros y se liaran a navajazos, como suele ocurrir... Pero no importó mucho porque la orquesta no se callaba y celebrando el triunfo un catalán, una valenciana, una jienense y una madrileña eramos ya parte de la familia de la 12.


Y si no os lo creéis...






martes, 22 de abril de 2008

Humo en Buenos Aires







Así es como ha estado Buneos Aires en los últimos días, completamente llena de humo, un humo molesto e irritante provocado por los incendios de los pastizales que hay en el delta del Río Paraná y que no se apagan -tampoco parece que se ponga mucho empeño...-



Por las tardes se retiraba un poco el humo pero por las mañanas era algo realmente increíble, daba la sensación de estar dentro de la nada, no se veía más que niebla a diez metros de distancia! Podéis imaginaros el caos que se formó en el tráfico de la ciudad, los aviones no despegaban, autopistas cortadas...





Y no puedo desmerecer a quienes me han salvado la vida este fin de semana en que me he quedado triste y sola, como Fonseca, Freddo y la literatura, qué grandes amigos!! De los que nunca te abandonan, como Rexona. No puedo decir lo mismo de internet...


viernes, 4 de abril de 2008

Cementerio de la Recoleta



Ayer, que era fiesta en Buenos Aires, nos fuimos a conocer el cementerio de la Recoleta. Se le llama cementerio por llamarle de alguna manera pero aquello es una auténtica ciudad de los muertos, con calles, anchas avenidas y callejones llenos de mausoléos. Los hay de todos los colores, formas y tamaños, con muertos de todas las edades y profesiones, aunque todos de la misma clase social: una muy alta. Porque no es cualquier cosa este cementerio y "residir" aquí una vez que uno se muda a este barrio es caro, muy caro.


Y hablando de barrios, también los hay en este cementerio, donde los muertos se agrupan por profesiones. Así, tenemos un par de calles llenas de profesores y hombres de ciencia, de escritores, de diplomáticos, o de militares. Cada oveja con su pareja.


Y hay miles de hostorias en los 4.800 mausoleos que tiene Recoleta. Dentro de cada uno hay muchos miembros de una familia, nosotros alcanzamos a ver hasta 16 ataúdes en un mausoleo, pero había construcciones mucho más grandes y mucho más profundas.


Tuvimos la suerte, incluso, de entrar a uno de ellos, un mausoleo de 150 años, bastante deteriorado, en el que nos metió un guardia de seguridad del que nos hicimos colegas y al que le encantó encontrar un ataúd medio roto para mostrarnos entusiasmado el cráneo que se dejaba ver por la abertura.


Este amable guardia nos contó también algunas historietas de las tumbas, como la de una en la que se veía la estatua de una mujer que asomaba desde arriba mirando hacia abajo y con un brazo tendido al vacío hacia unas flores. Resulta que allí se había enterrado a una chica de 14 años que se cayó por la ventana y cuya madre no pudo sujetarla. Terrible.



También está el discreto mausoleo de un joven ciudador del cementerio cuyo sueño era ser enterrado allí. Por las noches trabajó para construirse una bóveda y, cuando la terminó, se siucidó para poder estrenarla.

Y bueno, aparte de las historias de los muertos y de los 80 gatos que viven en el cementerio, es impresionante ver cómo puede la gente gastarse tantísimo dinero en una tumba. Ya sé que mi mentalidad puede resultar radical pero..., tío, ¿te dejas toda tu fortuna en un precioso mausoleo en el que dormir eternamente en lugar de invertirlo en algo que merezca la pena?. Allí hay auténticas construcciones que ya las quisiera Trujillo para sus pisos de 30 metros, con unas bóvedas de colores y unas estatuas, como decía David con mucha razón, mucho más bonitas que los monumentos que hay en la calle. Puede que algunos lo consideraran como una forma de penitencia por sus pecados terrenales.., o realmente creyeran que podrían disfrutar de sus chalecitos en la otra vida, o, como en la canción de Mecano, montar fiestotes por la noche "sin pasar de la valla eso sí". Me imagino a esa calavera que vimos, mientras miles de turistas pasean por las calles del cementerio y echan fotos a los mausoleos, susrrándole a su compañera de nicho: "tío, esta noche son las fiestas de los arquitectos, habrá que pasarse no". Y el otro, "uf, esque los militares montan un desfile por los tres meses del cambio horario, yo voy a ir allí".

Una auténtica ciudad-museo al aire libre, repleta de simbología masónica que haría las delicias de cualquier admirador de Dan Brown, de historias sobre las que se podráin escribir mil novelas, de cadáveres que, me gusta pensar, se van de joda por las noches.

Y por cierto, la tumba de la queridísima Evita, de las más pequeñas, encajonadas y poco historiadas del cementerio. Si no es por las flores que la adornan pasas por delante y no te das ni cuenta.

miércoles, 6 de febrero de 2008

La Boca


Ayer, por fin, fuimos a conocer el famoso barrio de la Boca. Me gustó mucho, de verdad, aparte de que tenía muchísimas ganas de ir, pero en realidad me decepcionó un poco. He estado en muchos sitios "míticos" totalmente "turistizados", y todos pierden gracia cuando uno los ve junto a otros cientos de guiris que no dejan de tirar fotos y consultar la guía, excactamente el mismo comportamiento que yo tengo. Pero en la mayoría de esos lugares a mi me gustaba aislarme e imaginarme a mí misma en ese mismo lugar en su momento histórico de mayor auge, y normalmente lo consigo a pesar de la muchedumbre que me rodea. En Venecia casi pude oir a los presos que cruzaban el Puente de los Suspiros camino a su muerte y se despedían de sus familias. En la Plaza de la Bastilla era capaz de oler la sangre de la revolución francesa. En los grandes castillos en los que estado me sentía una auténtica princesa medieval encerrada en entre esas grandes paredes y camas enanas. Y así...




En fin, en la Boca no pude llegar a olisquear la pizza que los inmigrantes genoveses, colonizadores geniuinos del barrio a principios del siglo pasado, preparaban entre los conventillos. También me costó un poco imaginar todo el barrio plagado de esos conventillos, que se construían con las chapas metálicas que se arrancaban de los barcos viejos, con lo cual todas las casas del barrio eran de colores. Ahora hay una calle llena de casa de colores tan chillones que es imposible imaginar que vengan de barcos descascarillados por los mares, y las pizzerias las regentan esos antiguos inmigrantes, pero en vez de dar de comer a sus compatriotas empobrecidos hoy se forran con los turistas.


En fin, volveré al barrio con más calma, investigaré un poco, e intentaré comunicarme con los espíritus italianos del lugar.




Además allí está la Bombonera, muuucho más pequeña de lo que esperaba!!! Pero allí sí que se nota la influencia del argentino más famoso por delante de Mafalda, ese hombre "pegado a una pelota de cuero", "que tiene el don celestial de pegar muy bien al balón", que "es un guerrero", tal y como canta Calamaro. A los futboleros que vengáis de visita, tranquilos, la bombonera entrará en el tour turístico que os estoy preparando y podréis sentir el poder de Maradona.




Curiosidades porteñas: con cada café te sirven un vaso de agua, como en Iatalia, pero, para mi desgracia, siempre es con gas!!

viernes, 18 de enero de 2008

La segunda librería más bella del mundo




Compartir una interesante conversación con un periodista argentino. Aprender sobre música de aquí y esnseñar un poquito sobre música de allá. Ver uno de mis discos preferidos de música española en las estanterías. Y miles de libros rodeándome. El runrún del suave acento argentino de César, mi compañero fotógrafo, y el sonido de su potente cámara me acompañaron ayer en mi primera salida bonaerense. Disfrutamos de más de una hora de agradable charla, un intercambio cultural y musical que no tiene precio. Y todo ello en uno de los mejores escenarios que se me podría ocurrir: la segunda librería más bonita del mundo. Lo dice The Guardian y ayer me cayó en gracia acercarme hasta allí para hacer una crónica sobre el lugar, que antes de librería fue cine y teatro.
Fue una gran entrada en el periodismo argentino, agradable, fácil de hacer, interesante, bonito. El lugar es una maravilla más allá de que a mí me encanten las librerías, no sólo porque dentro de este teatro se respira cultura sino por la gente de todo tipo que por allí pululaba, los tangos que sonaban suaves de fondo, la enorme cúpula que recoge la antigua platea o los cuidados frisos de las columnas. Sobre todo por pensar en lo que fue y en lo que es ahora el Ateneo Grand Splendid, un edificio que desde hace casi un siglo de dedica a la cultura y al placer intelectual.
Casi nadie se imaginaría al pasar por el número 1860 de la Avenida Santa Fe que por esas puertas se accede a la segunda librería más bonita del mundo.
PD: estoy deseando conocer la primera, es una iglesia antigua!!!


Aparte de eso, ya tenemos piso, braaavo!!!

Es una pasada, cuando lo coloquemos a nuestro gusto pondré fotillos por aquí, creo que la decoración y la distribución feng-shui de la casa me harán ser mejor persona este año.

Ah! y hay sitio de sobra para que vengáis a verme todos los que queráis!

En la foto, saboreando un cóctel helado de café capucchino con chocolate y dulce de leche, (¡insuperable!) en el que es ya nuestro barrio, San Telmo.

Curiosidades porteñas: Aquí no hay contenedores de basura, simplemente se deja en la calle -donde a uno le pille- a ver si hay suerte y en una par de días pasa un camión que se la lleve.


domingo, 13 de enero de 2008

Puerto Madero


Bueno seguimos embarcadas en la aventura de encontrar un piso grandecillo -para que podáis caber todos- y cerquita del curro -para no tener que madrugar- pero parece tarea imposible!!! Nos imaginamos que somos concursantes de un reality mezcla de Gran Hermano y la Isla de los Famosos y que nos ponen trabas para encontrar el pisazo que nos está esperando, esto por la cosa de no desesperarnos demasiado y caer en depresión profunda. Mientras tanto sobrevivimos en un hostal cuyos dueños son muy simpáticos -los pobres intentan enseñarnos a jugar bien al billar a pesar de que les bombardeamos a preguntas-, en una habitación con 4 literas para nosotras solas pero con muuucho calor y con el baño muuuy cutre, casi sin agua, y compartido con el resto del hostel. Y el desayuno merece un aparte, porque en esta ciudad el café es malo como él sólo, y encima aquí nos lo ponen con leche en polvo... El pan la verdad también deja mucho que desear.
Por lo demás, ayer estuvimos en nuestro primer "boliche" -discoteca- argentino, uno muy "cheto" -pijo-, pero nos vino muy bien acercarnos a un lugar de nivel después de tanto tiempo en este antro de hostel. Hasta allí llegamos en "colectivo" -autobús- y a pesar de que fue el primero que cogimos y que ibamos a la otra punta de la ciudad no nos perdimos. No os creaís que fuimos a conocer argentinos..., ni uno!! fuimos con las becarias a las que relevamos y nos juntamos con nicaragüenses, colombianos y guatemaltecos, paracía aquello Mercosur.
Y hoy, tras dormir todas las horas que nuestros malogrados -y quemados por el sol- cuepos nos pedían, nos hemos ido a ver el famoso mercado de San Telmo. Básicamente, el rastro -Ana, siento las comparaciones...-, pero es tal cual, salvo que en vez de los del Hare-Khrisna por aquí se pasean los Samba de Rúa de Buenos Aires. Y luego hemos ido al Parque Lezama y allí estaban con los bongos y los birimbaos bailando capoeira, osea que era básicamente el Retiro. Así, hemos pasado un domingo muy madrileño pero al estilo porteño.
La foto que veis es de Puerto Madero, el barrio de oficinas más caro y guay del paraguay de la ciudad, rodeando el río. Uno de los edificios rojos es donde voy a trabajar yo a partir de mañana. Los ladrillos de estos edificios se sacaron de los contenedores donde se guardaban las cargas que traían los barcos al antiguo puerto.
Asique mañana nos toca empezar a trabajar y seguir buscando piso, os mantendré informados.

Curiosidades porteñas: el café en esta ciudad es pésimo, en todas partes, muy aguado y fatal para el estómago -por cierto mi hambre debe seguir perdida por el océano-. Los bollos se llaman "facturas" -no pega verdad?- y un mismo autobús, por ejemplo el 64, tiene como seis recorridos diferentes, osea que hay 64A, 64B, 64C..., un lío.
Y no existen el Nesquick ni el Cola-Cao!!! asique ya sabéis lo que tenéis que traerme...
Ah y además en Puerto Madero hay un Museo del Jamón, pero nada que ver con el español, es un restaurante muy bien puesto y muy caro.
Y lo de la cerveza es para verlo... Los argentinos son auténticos adictos, el primer día que me pedí una para comer me trajeron una litrona para mí sola -Pilar no bebe cerveza- y es de lo más común ver a los chavales por la calle con su litrona en la mano desde por la mañana.

sábado, 12 de enero de 2008

Plaza Dorrego


Estas somos mi compañera y yo en la Plaza de Dorrego, en el corazón del barrio de San Telmo, tras un duro día de búsqueda de piso sin grandes avances.
La cosa va mejor, hemos visto ghoy algunas cosas, aunque no nos sirven, pero mañana veremos más y tenemos la esperanza de encontrar algo medianamente decente.
Es frustrante tener el dinero suficiente para alquilar algo que te guste y que no exista, -o que no sepamos encontrarlo...-. De lo de tener tres habitaciones ya casi nos olvidamos, pero seguimos empeñadas en ir andando a trabajar, ¿lo conseguiremos?.
Yo llevo mi falda nueva y Pilar una camiseta de Mafalda que se ha comprado también aquí, no es que nos vayamos de compras, pero nos lo encontramos por el camino, como la Casa Rosada, el Obelisco..., es una nueva forma de hacer tursimo esta de recorrer la ciudad en busca de piso.
Algunas curiosidades porteñas: a la mayoría de los argentinos que viven en la capital no les gusta el mate y a las fresas las llaman frutillas. Además las gauchas son en comparación mucho más bellas que los gauchos. ¡Pero todos ellos son extremadamente amables y encantadores!!