miércoles, 18 de febrero de 2009

ARCO

El lunes cerró sus puertas ARCO 2009, la Feria de Arte Contemporáneo que se celebra anualnmente en Madrid. Dado el excesivo precio de las entradas (32 euros) mucha gente se queda fuera, no es un evento pensado para todo el mundo por lo visto. Yo tuve la suerte de poder ir con la profesora de arte del máster y ésto fue lo que vi. Os pongo una pequeña muestra de algunas de las cosas que me llamaron la atención. Algunas por bonitas, otras por interesantes, otras por feas, otras porque no les encontraba el sentido, otras por disparatadas... Había de todo allí, pero yo no me siento con conocimientos suficientes para juzgarlo. Sí me atrevo a decir, aún a riesgo de parecer una ignorante, que algunas de las obras difícilmente parecían arte (y menos correspondían al desorbitado valor que se las otorga).

Para muestra, un botón: de las que me parecieron espantosas y de las que me resularon más lindas, a las que conseguí encontrar cierto sentido y las que no fui capaz de comprender. Juzguen ustedes mismos, pasen y vean, bienvenidos a ARCO.



















miércoles, 11 de febrero de 2009

Cronopios, con C de Cortázar.

No os vayáis a creer que tengo fijación ahora con todo lo argentino, pero me vienen dadas. Quizá sea posible, eso sí, que ande ahora más atenta a los vientos que vienen de Buenos Aires a Madrid (o viceversa), a los puntos que comparten ambas ciudades, a los duendes que viven de día acá y duermen de noche allá. Porque no todos lo saben pero en realidad Madrid y Buenos Aires son la misma ciudad solo que reflejada en los dos hemisferios, como un espejo visto por delante y por detrás.

Por estas dos ciudades que son una pululan, además, famas, esperanzas y cronopios. De las esperanzas paso porque son un poco sosas, yo me declaro fan de los cronopios (de hecho no estoy segura de no ser yo misma una cronopita).

¿Que qué son? Los cronopios son uno encantadores espíritus verdes, redonditos y húmedos, que revolotean felices por el mundo sin preocuparse por nada. Son ingenuos, idealistas, gamberros. desordenados, sensibles y un auténtico desastre, pero siempre tienen suerte y todo les suele salir bien. No preparan los viajes, sacan la pasta de dientes de cualquier manera y la lían parda hagan lo que hagan, pero se lo pasan pipa.


Son criaturitas del escritor argentino Julio Cortázar, que murió hace ahora 25 años y es uno de los escritores más divertidos y complicados que yo conozco. En su libro "Historias de cronopios y de famas" (1978) habla de ellos:

"Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días."

"Un cronopio se encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar, pero piensa que es una crueldad inútil y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz. La flor piensa: "Es como una flor".

Se podría decir que están medio chalados, pero en realidad los cronopios son seres creativos que se saltan las convenciones, todo lo contrario que los famas, individuos pragmáticos, conformistas, adoradores del orden y lo políticamente correcto, que sólo saben escribir en papel rayado y que "aprietan desde abajo el tubo de dentífrico". Son trabajadores y aplicados, se rigen por las normas y los horarios, preparan todo con antelación y no dejan nada al azar.

Después de conocerlos ahora no puedo dejar de clasificar a quien me cruzo en una u otra "especie", aunque la mayoría son esperanzas, criaturas sedentarias, ignorantes y aburridas que están un poco en medio entre los viva la vida de los cronopios y las grises famas.

Más allá del universo cronopio, Cortázar escribió libros tan gordos como difíciles ("Rayuela") y cuentos divertidísimos que de veras recomiendo. Como aquel en el que nos enseña a subir una escalera (las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas), a tener miedo, a llorar, o a cantar, todos en el mismo volumen de "Historia de Cronopios y de famas".

Ayer, en Madrid, (y por tanto en Buenos Aires, claro) se rindió homenaje a Cortázar, con la participación incluso de mi querida Cris (la Kirchner), leyendo en la Casa de América este libro del que os hablo.

Yo, a este hombre que tenía una enfermedad por la que su cuerpo no envejecía, le rendí el mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor, el que se goza entra sábanas, a la luz de una lámpara nocturna, a altas horas de la madrugada, en el silencio de la noche y de la soledad, saboreando las palabras, acariciando y jugueteando con las páginas de sus libros como si de un amante se tratara.

Y la próxima vez que vaya a París, pasaré por el cementerio de Montparnasse y en la tumba de Cortázar, el "Cronopio mayor", dejaré, como es costumbre, una copa de vino y una hoja de papel o un billete de metro con una rayuela pintada.

miércoles, 28 de enero de 2009

De allá p`acá

De Ezeiza a Barajas. Del tango al chotis. Del colectivo al búho. Del Subte al Metro. De Corrientes a la Gran Vía. De los helados de Freddo al chocolate de San Ginés. De la Casa Rosada a la Moncloa. De la Plaza de Mayo a la Puerta del Sol. De los lagos de Palermo al lago del Retiro. De la calle Callao a la Plaza de Callao. Del verano porteño con los niños bañándose en las fuentes al invierno madrileño con los ociosos fotografiando a la Cibeles nevada. De San Telmo a la Latina. De la Quilmes a la Mahou y de las empanadas a las croquetas. De una vida improvisada a los horarios de clase. De los pesos a los euros. Del pequeño Telmico a la Lía, que parece un tigre. De C5N a Telecinco y de León Giecco a Quique González. De la cancha de River al Bernabéu, de la Bombonera al Calderón y, como dice Sabina, de González Catán a Tirso de Molina. De boludo a gilipollas, de no coger nada a cogerlo todo.

En poco más de un mes que llevo aquí aterrizada he pasado de añorar Madrid a añorar Buenos Aires. Me he sentido re-contra feliz y amargamente triste en el mismo día sin poder controlarlo. Soñe durante muchos días después de llegar acá que estaba allá, igual que cuando dormía allá soñaba tantas veces con volver acá. Me he reeducado en la civilización y en la vida "normal" (aunque no estoy muy segura de querer) y he recuperado a esa parte de mí que dejé con todos vosotros. Lo bueno es que no he perdido la que me encontré en Argentina.

Así que -siento el retraso, no me atrevía a enfrentarme a esto desde el otro lado del charco-, vuelve un escribiendoenplata nuevo que a la vez es el antiguo. Ahora, en vez de hablar de Buenos Aires, procuraré contaros cosillas que pasen por Madrid o por donde vaya viajando (si es que la crisis me lo permite). Ahora que veo este ciudad con ojos de turista, ahora que Buenos Aires me ha enseñado a andar fijándome en las cornisas de los edificios y buscando en cada rincón unba obra de arte, estoy descubriendo nuevos-viejos lugares de Madrid. No necesitaba irme hasta allá para darme cuenta de que adoro Madrid pero, por lo visto, sí necesitaba a Buenos Aires para darme cuenta de que lo de acá es mucho más de lo que yo pensaba.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Buenos Aires-Madrid


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Hoy fue primavera en Buenos Aires. Mañana será ya verano. Y pasado aterrizaré en Madrid, osea, en invierno. Tres estaciones del año en tres días. Y tantas despedidas y tantos reencuentros... Y tantos bultos que tengo que cargar....



Ya me tocará hacer recuento del año en otra ocasión (próximamente en Escribiendoenplata), pero ahora que me voy pienso en cuánto voy a echar de menos tantas cosas....



- Vivir en un barrio tan cuco y cómodo como San Telmo, y sus domingos...

- Ir andando a trabajar.

- Las noches en el parque comiendo helado

- Las tardes en la hamaca del patio de Lezama, o en las sillas diminutas, entre mates, cafés y puchos.

- El gato crudo

- Que los taxis sean baratos

- Las mediaslunas, el asado, los panqueques..., el Limonero.

- A las 15 personas con las que he vivido en los últimos meses, mis hermanos, aguante el espíritu Lezama!

- Viajar prácticamente cada mes a algún lugar increíble.

- Pensar en pesos argentinos.

- Ver todos los días el Río de la Plata por la ventana.

- El "¡Che, qué onda!"

- A los alemanes, franceses y norteamericanos que hablan argentino, a la tonada colombiana, cantada, a los "Qssshhheeessshhooo...".

- El tango, que suena por todas partes, y las clases de tango todos los domingos en casa.

- Los lunes en la Bomba del Tiempo.

- Y las cenas internacionales de los miércoles.

- Y los jueves de pizzería y Emiliano.

- Y acordarme de María o de Pilar al pasear por la ciudad, con una enorme sonrisa.

- Calcular cuántos días faltan para que lleguen las próximas visitas y cuándo me falta para volver a casa.

- Descubrir los rincones encantadores que esta ciudad tiene escondidos.

- Los piropos por la calle y a los chamulleros de los argentinos.

- La 9 de julio con su obelisco plantado en medio y su chalet encima de un bloque de pisos.

- La calle Corrientes, con sus librerías, sus teatros y sus cines.

- El guardar las monedas como si fueran de oro y coleccionarlas para poder tomar el colectivo.

- La Quilmes

- Que me despierten con un desayuno preparado al solecito de la terraza de Lezama, y las tertulias de Patéticas y Divinas.

- Las noches en la Plaza Dorrego.

- Disfrutar como una enana trabajando.

- Tener la misma conversación con todos los taxistas de Buenos Aires.

- Las fiestas españolas en el piso DInámico y las fiestas temáticas en Lezama.

- El reggetón y la cumbia (¿será posible?)

- Que las copas cuesten menos de cuatro euros y el tabaco menos de uno.

- A Telmo, el gato loco.

- Las comidas en la oficina.

- Encontrarme una carta en el buzón



Y taaaantas otras cosas....



Me voy pero aún me queda mucho que contar de Buenos Aires, iré soltando lastre poco a poco desde Madrid porque me quedan pendientes bastantes cosas. Pero ya no me da tiempo, de hecho ya sólo me quedan once horas para despegar... Y al pensarlo se me dibuja una sonrisa de felicidad en la cara mientras me sale una lagrimilla de pena, un lindo símbolo de este año de contrastes en este país de contrastes.

Parecía que no iba a llegar nunca pero al final ha acelerado y la última semana se me ha pasado casi sin darme cuenta, pero después de casi casi un año entero, vuelvo a casa por Navidad. Así que me voy a despedirme de la luna porteña, quién sabe hasta cuando...

viernes, 19 de diciembre de 2008

Parque Lezama
















Mi último post a la ciudad de Buenos Aires se lo voy a dedicar al parque que ha sido testigo de mis últimos meses. No es el más grande ni el más bonito de la ciudad, pero es nuestro parque y sin duda es mi preferido. Es el parque Lezama, la frontera entre tres barrios: San Telmo, La Boca y Barracas. De noche su árboles amarillos, verdes y rosas están iluminados con luces narajas y blancas de forma que es cuando se pone el sol cuando se nos viste de fiesta el parque.




En sus bancos y en su césped (pasto, aquí) he pasado horas y horas compartidas con vino, cerveza y helados, con malabaristas, circenses, teatreros, músicos y demás bohemios. Con mis compañeros de piso y amigos, con mi cámara de fotos... Lo he visto a todas las horas del día y me permito afirmar tajantemente que Lezama nunca duerme. Siempre hay alguien paseando al perro, haciendo deporte, paseando, practicando capoeira o simplemente pasando el tiempo.





Lo hemos adoptado como un miembro más de nuestra comunidad Lezama y como nuestro propio jardín. Cuando pasa la una de la madrugada y entramos en "horario de protección" a quienes tienen que madrugar en la casa, los crápulas vagos cruzamos la calle y nos tumbamos en "el piso" como si estuviéramos en el patio. Nos llevamos nuestras botellas, las sillas a veces, la batería casera y la guitarra y allí pasamos horas bajo árboles de colores.








La fauna que puebla el lugar es conocida ya, unos enanos que con doce años fuman, un polaco pesao que sieeempre viene a pedir tabaco, nuestro amigo "El Peluca", un cocinero que vive allí, a la intemperie, con sus cinco hijos...



Siempre hay además parejitas paseando su amor primaveral, viejecitos a los que el turismo y los precios han desbancado de la Plaza Dorrego, callejeros, padres que pasean a sus hijos, grupos de jóvenes que se reúnen con sus mates para superar las calurosas tardes de verano... La población va cambiando con las horas del día pero los estereotipos quedan. El análisis antropológico se lo debo a un compañero que además, pretende hacer un trabajo sobre el parque (habrña que verlo...).






Mi despedida de Buenos Aires será, por supeusto, en el parque. Empanadas y lágrimas para la última noche en esta ciudad que me ha cambiado.
PD: escuchar la Marimorena desde la piscina..., no tiene precio.