Este es el "pequeño" homenaje que un tal.Lucas ha decidido hacer a la ciudad de Barcelona. Se iba de allí, y como le daba pena, pues se le ha ocurrido hacerle un regalo.
Y es que, ciertamente, las ciudades nos dan muchas cosas. Casi como las personas, pueden mimarnos y ciudarnos, o maltratarnos y hacernos sufrir. Pueden darnos lugares estupendos en los que disfrutar, parques preciosos, paseos muy entretenidos, barrios divertidos, con encanto. En realidad creo que todas las ciudades tienen uno de estos barrios que tanto me gustan a mi. Callejuelas de adoquines, cafeterías que rebosan luz natural y amabilidad, tiendas de curiosidades, baretos con música en directo, gente interesante dejándose ver... La Latina de Madrid es el Marais de Paris, el Trastevere de Roma, el Candem de Londres, la zona del Penny`s en Dublín, el San Telmo de Buenos Aires, el barrio Gótico de Barcelona...
Pero a ver, que me desvío. Yo me refería más bien a lo que te dan las ciudades cuando vives en ellas. Te dan calor, te dan amigos, te dan, sobre todo, recuerdos. Para mi ya nunca más ese banco de Sevilla (metro de Madrid, no ciudad) será el mismo. Cada vez que pase por allí me acordare de esa tarde de fotos. Tampoco volverá a ser lo mismo nunca el Beni, aunque ya no exista ese bar. Tantos viernes allí han convertido aquel sucio rincón en un escenario de mis tardes de juventud. El número 833 de la calle Defensa de Buenos Aires, por ejemplo, tampoco será nunca un simple portal, aunque vaya de turista por allí. Bueno, qué tontería, no creo que pueda sentirme una turista en Buenos Aires...
En fin, que las ciudades que vivimos y recorremos las vamos marcando mentalmente, vamos apuntando cicatrices sobre los mapas imaginarios, vamos echando lugares y experiencias a la mochila y ya nunca los podremos sacar de allí. Y hay que agradecerlas que nos acojan en su seno y nos dejen hacer, recorrer, parar, mirar, descubrir y vivir en ellas. Que nos pongan al alcance de la mano tantas opciones que son inabarcables, para que escojamos la que más nos apetezca: quedarnos tirados sobre el césped del Retiro tomando el sol, bajar al rastro, recorrer la Gran Vía, ir a un concierto, a una terraza, a una exposición, al cine, de tiendas, a visitar a la abuela... Son una alfombra mullida a la que cada cual se acopla como quiere.
Por eso mi Madrid nunca será el tuyo ni el suyo, aunque compartamos mucho de él; por eso puede haber un "nuestro Madrid", diferente al mío que también es mío... Por eso siempre es mejor visitar las ciudades con alguien que viva en ellas, porque los secretos se desdoblan (algunos) y podemos leerlos con facilidad, los pliegues del mapa se alisan para que pasemos, las aceras nos dan la bienvenida.
Las ciudades están para vivirlas, no para sufrirlas, y aunque los políticos se empeñen en quitarnos los bancos y las fuentes, hay que reivindicar la calle. Cada uno la suya, que es la de todos. Y hacerles un regalo a las ciudades, por cierto, es hacéreselo a sus habitantes. Porque, ¿qué sería de las calles si estuvieran vacías?
Todos los que recorremos el mapa formamos parte de él.
martes, 1 de febrero de 2011
miércoles, 28 de abril de 2010
Concurso Shandy Cruzcampo
Estimado jurado, visitantes, amigos y viajeros del mundo:
Si queréis saber de verdad porqué soy la candidata perfecta (aunque seguramente haya muchos candidatos perfectos, pero solo podéis elegir a uno), os recomiendo que consultéis las entradas de este blog en las que narro cómo vivo mis viajes y qué aprendo de ellos. Casi todas se concentran en el 2008, mi gran año blogero, y también bajo la etiqueta "Willy Fog" de esta bitácora, pero por si no queréis buscar, podéis ver estos ejemplos:
Península Valdés: el lugar donde duermen las ballenas
Salta y Jujuy
Ischigualasto: El lugar donde habita el Arco Iris
Buenos Aires desde un cielo dantesco
Glaciares en la Patagonia
Cementerio de la Recoleta
La Boca
Pero no hay que olvidarse de que viajar es algo más que fotografiar paisajes preciosso y recorrer caminos desconocidos. Es emocionarse, reir, llorar, vivir experiencias desconocidas a todos los niveles, crecer y aprender con ellas, saber conectar con la tierra, con los lugares, sus culturas y sus gentes.. y hacer un viaje interior sobre uno mismo a la vez que se hace sobre el mundo. Y, sobre todo, es vivir elevado a la máxima exponencia!!!!
La segunda librería más bella del mundo
La aventura del súper clásico
El infierno era esto
Cumpleaños ¿feliz?
Madonna en el Monumental
Si queréis saber de verdad porqué soy la candidata perfecta (aunque seguramente haya muchos candidatos perfectos, pero solo podéis elegir a uno), os recomiendo que consultéis las entradas de este blog en las que narro cómo vivo mis viajes y qué aprendo de ellos. Casi todas se concentran en el 2008, mi gran año blogero, y también bajo la etiqueta "Willy Fog" de esta bitácora, pero por si no queréis buscar, podéis ver estos ejemplos:
Península Valdés: el lugar donde duermen las ballenas
Salta y Jujuy
Ischigualasto: El lugar donde habita el Arco Iris
Buenos Aires desde un cielo dantesco
Glaciares en la Patagonia
Cementerio de la Recoleta
La Boca
Pero no hay que olvidarse de que viajar es algo más que fotografiar paisajes preciosso y recorrer caminos desconocidos. Es emocionarse, reir, llorar, vivir experiencias desconocidas a todos los niveles, crecer y aprender con ellas, saber conectar con la tierra, con los lugares, sus culturas y sus gentes.. y hacer un viaje interior sobre uno mismo a la vez que se hace sobre el mundo. Y, sobre todo, es vivir elevado a la máxima exponencia!!!!
La segunda librería más bella del mundo
La aventura del súper clásico
El infierno era esto
Cumpleaños ¿feliz?
Madonna en el Monumental
lunes, 18 de enero de 2010
La Gran Vía, ¡cien años!
Es difícil que no os hayáis enterado ya de que este año la Gran Vía celebra su centenario. Cien años, se dice pronto pero desde 1909 anda que no habrán pasado cosas por esa calle... Y más que van a pasar. El Ayuntamiento de Madrid, inmerso completamente en la euforia de la promoción turística, se apunta cualquier tanto al que le puedna sacar tajada. Y hay que reconocer que algunas cosas las hacen bien. Este año se han empeñado en que conozcamos la historia (muy interesante, la verdad), de esta calle que mide más de un kilómetro y en que todos los madrileños, y los turistas, claro, se apunten a la fiesta. Por eso la Cabalgata de Reyes y el desfile de Carnaval (esa gran tradición madrileña, eh?) han pasado por allí este año, cuando la Gran Vía nunca ha sido parte del recorrido. Por eso también las fiestas de San Isidro, que de toda la vida las hemos celebrado en la pradera y en las Vistillas, las vamos a celebrar este año entre Callao y la Plaza de España. En esa calle por la que todos hemos pasado mil y una veces y en la que hemos vivido mil y una vidas: la de ir de compras sin prisas, la de ir en busca de un garito abierto con una lata de cerveza en la mano, la de volver de ese garito de camino al búho buscando al mismo chino para que te venda unos tallarines, la de pasar con prisas proque llegas tarde al cine, la de q la de esperar expectante a entrar en uno de esos musicales a lo grande, la de subir por Plaza España porque hemos quedado en el Beni, o en el Museo del Jamón, la dedarte cuenta un día al levantar la vista, coño!, de la cantidad de estatuas que coronan los edificios de esta calle....
Sí señores, todo esto y mucho más es la Gran Vía, y ahora encima la pobre va a ser la protagonista absoluta, irresoluta, hortera y multitudinaria del año. Lo que le faltaba... Además de las visitas guiadas que ya se están haciendo, la Gran Vía va a acoger un concierto gratuito (del Sueño de Morfeo, no os hagáis ilusiones), y un karaoke gigante!! Madrid quiere batir el Guiness del Karaoke más grande del mundo mundial cantándole a su ciudad. Suena muy romántico y mira que a mí me suelen gustar las canciones que hablan de Madrid pero si lo pienso me echa bastante para atrás: media ciudad peleándose por el micro y berreando el "mirala mirala...", destrozando esas grandes composiciones que adornan la discografía española de lugares reconocibles...
Quita quita, la idea puede ser penosa. Y no sé, me da como cosa por la pobre Gran Vía, a su edad, obligada a ser tan moderna, tan rejuvenecida..., y tener que soportar los fastos municipales durante todo un año... Más le hubiera valido pasar un poco más desapercibida y no ser objeto de tanta celebración que más que abrillantarla, me temo que va a ensuciar la encantadora cotidianeidad de esta calle, su sabor a barrio y a centro neurálgico cosmopolita, a Madrid castizo y a un trozo de Nueva York.
Yo, si fuera ella, preferiría disfrutar del bullicio "normal" del día a día, de mis señoras estresadas con paraguas asesinos, de mis jóvenes de todas las tribus urbanas, de mis viejecitos al sol, de mis guiris y de los de siempre, una celebración mejor que cualquier fiesta que pueda hacerme el Ayuntamiento.
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| Mi pequeño homenaje a la Gran Vía desde el periódico Gente Madrid |
Sí señores, todo esto y mucho más es la Gran Vía, y ahora encima la pobre va a ser la protagonista absoluta, irresoluta, hortera y multitudinaria del año. Lo que le faltaba... Además de las visitas guiadas que ya se están haciendo, la Gran Vía va a acoger un concierto gratuito (del Sueño de Morfeo, no os hagáis ilusiones), y un karaoke gigante!! Madrid quiere batir el Guiness del Karaoke más grande del mundo mundial cantándole a su ciudad. Suena muy romántico y mira que a mí me suelen gustar las canciones que hablan de Madrid pero si lo pienso me echa bastante para atrás: media ciudad peleándose por el micro y berreando el "mirala mirala...", destrozando esas grandes composiciones que adornan la discografía española de lugares reconocibles...
Quita quita, la idea puede ser penosa. Y no sé, me da como cosa por la pobre Gran Vía, a su edad, obligada a ser tan moderna, tan rejuvenecida..., y tener que soportar los fastos municipales durante todo un año... Más le hubiera valido pasar un poco más desapercibida y no ser objeto de tanta celebración que más que abrillantarla, me temo que va a ensuciar la encantadora cotidianeidad de esta calle, su sabor a barrio y a centro neurálgico cosmopolita, a Madrid castizo y a un trozo de Nueva York.
Yo, si fuera ella, preferiría disfrutar del bullicio "normal" del día a día, de mis señoras estresadas con paraguas asesinos, de mis jóvenes de todas las tribus urbanas, de mis viejecitos al sol, de mis guiris y de los de siempre, una celebración mejor que cualquier fiesta que pueda hacerme el Ayuntamiento.
viernes, 17 de julio de 2009
Gloria internauta
Por cortesía de los periodistas de lainformación.com, mis siete minutos de gloria internauta.
martes, 7 de julio de 2009
Las caras de la otra crisis, la del 29
Ahora que la palabra crisis nos llena la boca (y la cabeza) a todos, no viene mal retrotraerse a otra gran crisis, la de 1929, y ver a sus protagonistas estadounidenses fotografiados por una de las fotógrafas con más nombre del siglo pasado, Dorothea Lange.
Gracias a Photoespaña 09, tenemos en Madrid "Los años decisivos", una exposición realmente interesante por la que pululan estos rostros desarraigados, tristísimos, resignados o luchadores, en cualquier caso siempre sombríos. Y no sólo porque todas las fotos son en blanco y negro, si no porque cómo va a haber luz en las expresiones de los pobres, los parados y desamparados que retrata con maestría la estadounidense.
Las 140 fotografías de la exposición fueron tomadas en los años 30 y 40, cuando fue invitada, junto con otros fotógrafos como Walker Evans, a participar en el proyecto de la Farm Security Administration, creado en el marco del New Deal para dar al pueblo americano una iconografía que le ayudase a comprender la gravedad de la crisis por la que atravesaba. Lange recibió el encargo, hizo las maletas, se colgó la cámara al hombro y salió a recorrer el país en busca de los rostros de la depresión.
Su instinto la llevó hasta los agricultores y rancheros desplazados de una punta del país a otra; hasta los campos de internamiento creados retener a los japoneses que vivían en el país, tras el ataque a Pearl Harbour; hasta los pobres, los campesinos, las familias desestructuradas y los inmigrantes.
Madres con hijos a los que no pueden alimentar colgando de sus brazos, padres que dsalen a buscar trabajo y vuelven con las manos vacías, japoneses a los que han echado de sus casas por una guerra lejana, agricultores sin cosecha, personas sin ilusión. No es fácil plasmar tanto en una fotografía, pero Lange lo hizo.
Acongoja ver a esta gente y pensar en los meses que la fotógrafa pasó recorriendo la tierra "de la prosperidad" en su busca, y acongoja pensar también en la versión actual de todas estas personas. Lejanas en el tiempo y en el espacio, pero tan cercanas en la desgracia por culpa de un sistema capitalista que no se fija en quienes no tienen recursos. Aprte del peso social, las fotografías tienen un valor artístico que, desde luego, se merece una visita. Y encima es gratis, en la calle Zorrilla, hasta el 26 de julio.
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