martes, 22 de septiembre de 2015

Del tipómetro al teclado

NO os recomiendo enormemente leer este post: Del tipómetro al teclado, escrito por mí misma para un ejercicio de mi postgrado en Inbound Marketing. No os lo recomiendo, pero me viene muy bien enlazarlo desde aquí ;)

viernes, 30 de noviembre de 2012

Love Of Lesbian: Una orgía de sentimientos



Dicen en una de sus canciones que lo importante no es tener principios, si no tener finales. Y lo firman. No recuerdo con qué canción comenzó el concierto de ayer de Love Of Lesbian en la Riviera pero el final se me ha quedado grabado por apoteósico, frenético, brillante, memorable. Ya anunciaron al poco de arrancar que habían decidido dar únicamente un concierto (aunque hubieran podido llenar varios días) para que fuera especial, para que, los que acudimos, pudiéramos decir aquello de “yo estuve allí”.

Pusieron empeño en ello y, en mi opinión, lo consiguieron. Fueron desgranando su último disco, La noche eterna / Los días no vividos durante dos horas y media, un tiempo nada desdeñable, sobre todo teniendo en cuenta que el día anterior los Black Keys habían dejado a sus fans con un amargo sabor de boca al retirarse antes de cumplir la hora y media de rigor en el Palacio de los Deportes.

Los lesbianos no, se lo estaban pasando como enanos sobre el escenario y no parecía que tuvieran ninguna gana de irse de allí. Fueron encadenando la mayoría de las canciones de ese último trabajo, que desgrana en dos caras las noches eternas de desenfreno y sus días grises de resaca y soledad, con algunos de los grandes temas de los anteriores discos (Domingo Astromántico, Allí donde solíamos gritar). Y allá por el ecuador del recital, sacaron a relucir su repertorio más cañero. Con Algunas plantas, Los pizzigatos, Club defans de John Boy  y Si yo digo Ben, tú dices Affleck (Oscar al baile que se marca en este tema San Balmes) el público ya estaba desatado, yo pocas veces había visto vibrar así la Riviera, y cuando llegó Toros en la Wii explosionó esa fantástica “orgía de sentimientos” que el cantante, Santi, había usado previamente para definir el ambiente.

Y es que los asistentes eran popies ya talluditos, entrenados en esto de los conciertos y con grandes dotes de memoria, o muchas horas de entrenamiento, porque saberse de pe a pá las letras surrealistas de LOL no resulta nada fácil. Debía notarse desde arriba esa entrega porque Balmes, el “marqués de la inmoralidad” les aduló alegando que, como buen público madrileño, tenían “el equilibrio perfecto entre pasión y respeto”.  Tanto que nadie dudó en cantarle el cumpleaños feliz cuando otro de los músicos lo solicitó.
Parecía que ésa era ya la brocha de oro para una noche eterna pero después aún sonaron más temazos como El hambre invisible, en la que se encargó de la batería el ganador del concurso que había organizado la banda.

Oniria e imsomnia, el verdadero final que llevaban casi 20 minutos anunciando, dejó al respetable con un gran sabor de boca, gargantas cascadas y piernas ya doloridas de tanto baile. Quien pensara (como yo misma) que LOL es un grupo para escuchar de tranquis, debe ir cambiando esa idea.
Salí encantada y no me quito esa última canción de la cabeza desde anoche pero hubiera agradecido un guiño a las cercanas fechas navideñas y que, por una vez, el Cuñado Fernando saltara al repertorio. Nunca he oído un villancico tan divertido. 

lunes, 17 de septiembre de 2012

Curiosidades isandesas


Está bien ver lugares distintos a los que uno habita porque esto ayuda a valorar más las cosas buenas que se tienen en casa y a ser consciente de lo que se puede mejorar.

Yo ya sabía que Reijkiavik sería distinto a mi Madrid natal y aunque mi llegada aquí no fue muy feliz, hay algunas cosas bastante curiosas que hacen esta ciudad divertida o al menos entretenida. Para uno o dos días, tampoco hay que exagerar.

Los islandeses, como su propio nombre indica (aunque no venga de “isla” ellos viven aislados), son muy suyos. Más europeos que otra cosa, no abandonan su pasado vikingo y se esfuerzan por reforzar una extraña identidad que para el extranjero es atractiva por lo peculiar.

Tienen sus cosillas, como todos. Por ejemplo, en su gran afición por las piscinas termales (cuyo agua ardiendo obtienen directamente del subsuelo y es la misma que calienta sus casas) le obligan a uno a ducharse desnudo antes de entrar a la piscina. Completamente desnudo, no vale hacerlo en bikini o bañador, y hay unos guardianes que vigilan que nadie cometa el sacrilegio de entrar en una piscina sin haber se frotado antes todos los recovecos antes su cuerpo serrano. Es bastante humillante, sinceramente.

En estos lugares de agua a 44 grados centígrados (difícil de soportar hasta para mí que adoro el agua muy caliente) huele realmente raro. También en las cocinas y baños de las casas, porque el agua islandesa viene del subsuelo, como ya he dicho, y es rica en sulfatos que le dan un potente olor a… pedo. No encuentro otro ejemplo mejor para que podáis haceros una idea. Ah bueno, quizá el olor de los huevos podridos se acerca bastante a este también.

En Reijkiavik (que es enano) hay más de 100 piscinas, muchas de ellas al aire libre, y hacen las delicias de los habitantes de esta ciudad que se pasan la tarde charlando en remojo. Tienen, creo, hasta una playa de agua caliente a las afueras de la ciudad. Lo que no sé es si para usarla habrá que ducharse desnudo antes.

Otra cosa que llama la atención en Reijkiavik son las franquicias que todos estamos más que acostumbrados a consumir. Por su ausencia. Islandia debe ser de los pocos países del mundo en el que no existen ni el McDonals, ni KFC, ni Starbucks, ni Zara, ni nada parecido. Sólo marcas locales. Eso sí, tienen yonkilatas de Coca-Cola…

Otra cosa que no hay por aquí son árboles. Lo más cercano a vegetación que tienen son explanadas de hierba. Un país sin árboles de ningún tipo no puede ser, desde luego, un país normal. Quizá por ese motivo, o viceversa, hace tantísimo viento en Reijkiavik. Dicen que aquí nadie tiene paraguas porque llueve en horizontal. Doy fe, ha sido inútil cargar con el mío desde España…

Los islandeses son taaan civilizados y confiados que ni siquiera cierran sus casas con llave. (Sé de más de uno que no pódría soportar sólo en pensarlo). Aquí el índice de delincuencia es mínimo y en realidad lo poco que hay es por culpa de los extranjeros. Así que la policía ni siquiera lleva pistola encima... Uno de sus cometidos principales es peinar las calles de la capital en las gélidas noches de los fines de semana recogiendo a los borrachos. Digo recogiendo, y digo bien, porque no se les detiene ni multa (aquí es legal beber en la calle). Los agentes se limitan a llevarles al calabozo para que duerman la mona allí y no mueran de frío en la calle.

Es extraña la tendencia que tienen estos islandeses al bebercio (hay un índice tremendamente alto de alcoholismo) teniendo en cuenta que aquí el alcohol es realmente caro y difícil de conseguir. Para comprarlo no basta con acercarse al súper, hay que encontrar una tienda especializada o con licencia, una licorería, vaya.

Ahora que lo pienso quizá es por esto de su afición al alcohol que la mayoría de los islandeses (niños y adultos) sigue creyendo en las hadas y los duenes. En serio.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Bob Marley: del gueto a estrella del tercer mundo



El primer recuerdo que tengo de Bob Marley es en la antigua habitación de mi hermana siendo yo (imagino) una adolescente. Ella escuchaba ‘Buffalo Soldier’ y me explicó que hablaba de “soldados robados de África y traídos hasta América”. Me llamó mucho la atención que una música tan fresca, un ritmo tan agradable, un sonido tan veraniego hablara de algo tan duro como la esclavitud.


Desde entonces puedo recordar miles de momentos en los que la música del ‘profeta’ jamaicano ha puesto banda sonora a mi vida. En mi última etapa bonaerense era una constante, muy acorde con la gente que me rodeaba y la vida que llevaba.

Pero no sólo ha puesto música en la vida de mucha gente. También ha sido un ejemplo, un mito, un icono. Dicen, de hecho, que es el tercer icono universal después de Jesucristo y del Che. El caso es que en su día, rompió las reglas. Era un músico mulato criado en Trechtown, uno de los guetos de Kingston, Jamaica, que pregonaba la paz y el amor universales y que abogaba por el fin de las opresiones. Una filosofía cuanto menos curiosa teniendo en cuenta cómo maltrataba a su mujer, Rita Marley…

Predicaba la religión rastafari (que aúna profecías bíblicas, filosofía naturista y nacionalismo negro) y veía en Haile Selasiee un modelo a seguir, aunque algunos de sus preceptos (como el de no recortar el vello de la cara) no los asumía. Sí que era vegetariano y no bebía alcohol ni fumaba tabaco, como mandaba el rastafarismo.

Lo que sí fumaba, en cantidades ingentes, era marihuana, una costumbre que le ha llevado a convertirse en símbolo de esa hierba (y del hachís) desvirtuando completamente el sentido (litúrgico) que él le daba a la ganja. Ahora cualquier niñato que presuma de fumarse porros como trompetas lleva una chapa de Marley en la cazadora sin tener ni idea (seguramente) de la religión, la profundidad y la ideología que se esconde detrás de esa chapa roja, verde y amarilla. Esa, por cierto, ni siquiera es la bandera de Jamaica, si no la de Etiopía, sancta sanctorum de los rastafaris.

Hoy hace 30 años que la primera estrella mediática del Tercer Mundo moría en Miami. Tras ser tratado por la metástasis de su cáncer en Alemania había decidido regresar a Jamaica para pasar allí sus últimos días, pero la muerte se le adelantó y le pilló haciendo escala en Estados Unidos.

Muchos escriben hoy que “aquel día murió el hombre y nació la leyenda”. Es una frase bonita, pero en mi opinión la leyenda se había forjado antes, cuando un hombre negro llenaba los estadios de los cinco continentes, cuando su voz contagiaba a los oprimidos y calentaba los corazones de los colonizados, cuando sus guitarras y sus bongós provocaban que millones de personas se pusieran en marcha.

‘No woman no cry’, ‘I shoot the sheriff’, ‘Could you be loved’, ‘Exodus’, y mi favorita, ‘Redemption song’, son ya patrimonio de la humanidad y sus sensuales notas se escapan, todavía, desde las ventanas de Nepal, San Francisco, Soweto o Sidney. Y esperemos que sea así por mucho tiempo más. Desde luego en los sonidos que escapan de mi cuarto, y del de mi hermana, siempre tendrán un puesto honorífico.

Os dejo el link de un documental muy interesante de TVE sobre el rey del reggae

lunes, 25 de abril de 2011

Happythankyoumoreplease, la peli de Ted Mosby


Sí, es “la peli de Ted Mosby”. Él, Josh Radnor, la ha escrito, la ha dirigido, y la protagoniza. Se ha construido un personaje a su medida, un nuevo Ted con barba, (un poco) más maduro, (un poco) más profundo, pero muy semejante en el fondo. Por eso para quienes hemos seguido How I meet your mother no sorprende demasiado el personaje principal.


Se trata de un escritor treintañero que busca su identidad, su lugar en el mundo, su vida. Como buena película americana que es, todo esto se define en una sola cosa: el amor. Por eso creo que esta película podría haber sido una gran película, un icono cinematográfico de una generación, una gran huella indie que reflejara el malestar de la juventud actual, un espejo de los nacidos en los 80. Pero… se queda floja.

Para empezar, el argumento básico a partir del cual se desarrolla la historia es un poco absurdo, lo cual no ayuda a su credibilidad. Que un escritor treintañero que no termina de encontrar su camino se “encuentre” a un niño y se lo quede… A mí no me cuadra demasiado. A partir de ahí comienza una sinfonía de personajes que rodean a este nuevo Ted que en la película se llama Sam y que, igual que él, pululan por la vida defendiéndose como buenamente pueden de los abismos que les presenta la vida. Fracasos profesionales y amorosos, problemas de salud y de autoestima, frustraciones difíciles de tolerar… esos problemas burgueses que atormentan a veinteañeros y treintañeros de todo el globo, que podrían parecer menores e irrisorios a ojos ajenos pero que están medrando las ilusiones y las esperanzas de miles de personas.

El escenario donde se desarrolla esta historia de búsqueda (interior) es Nueva York, y al igual que pasa con Woody Allen en sus primeros films, es casi un personaje más. O al menos esa es la pretensión del director, y aunque lo consigue sólo a ratos, si es cierto que es mucho más que la mera ciudad en la que viven sus protagonistas.

De hecho, en una de las tres historias de amor que se narran, Nueva York es incluso una marca de identidad, una casa, un lugar del que ella no se quiere marchar. Ésa, la de Zoe Kazan y Pablo Schreiber, la de la chica que se quiere quedar en su ciudad y el novio que se quiere marchar a Los Ángeles fue, por cierto, la historia que más me gustó. La más auténtica, la más sentida, la más coherente y la menos edulcorada y ‘americana’ de todas.

Las otras dos, por muy indie que pretenda ser Radnor, no dejan de ser dos historias mil veces contadas, mucho más ‘american way of life’ que indies, mucho más previsibles de lo que, imagino, pretendía.

Pero en conjunto, y a pesar de los resbalones costumbristas y las carencias, a pesar de un final que empalaga, la película funciona. Gracias en parte a una banda sonora original digna de ser cabeza de cartel en Galstonbury o en el FIB, a cargo de la cantante folkie Jaymay, es decir, la misma que le pone la música a Cómo conocí a vuestra madre, también. Muy recomendable, por cierto, podéis escuchar la BSO aquí

jueves, 14 de abril de 2011

Feliz no cumpleaños, República

Hoy hace 80 años se proclamaba la segunda república española. Hoy hay muchas cosas que nos vendría bien recuperar del espíritu de ese régimen que llegó cargado de ilusiones y esperanzas para muchos españoles. Reforma agraria, voto femenino, educación, laicismo, divorcio… Ya en 1931 se pensaba en estos y muchos otros avances. Algunos los hemos conseguido, otros todavía son una utopía.



Foto: Jaume D`Urgell (vía Flickr)

Más allá de monarquía sí o monarquía no, y sin restarle la importancia que tiene este debate, la República es mucho más que poner o quitar un Rey. Al menos la del 31 lo era, hasta que un golpe de Estado terminó con ella. Con el mayor proyecto democrático en España hasta el momento, con los avances políticos y sociales, con las esperanzas, con los sueños de muchos españoles. Y con las vidas de muchos más.

Sin negar los fallos de la República, hay que ir superando ya la ingente campaña dedicada a manchar la memoria de un periodo que, si hubiera sido más largo (si se lo hubieran permitido), hubiera desembocado en un país radicalmente diferente al que hoy conocemos. Y seguramente, mejor.

Desde luego, mucho más culto. Filósofos, poetas y músicos de ambos bandos fueron fusilados en la Guerra Civil. De los que sobrevivieron, la gran mayoría tuvo que huir al exilio. Después, el régimen franquista persiguió de forma sistemática a la intelectualidad de izquierdas y privó al país de muchas (¡muchas!) de sus mentes más brillantes. Las mentes que quedaron en cunetas y cárceles ya no volvieron a pensar, ni a enseñar, ni a recordar. Aún arrastramos ese déficit.

También nos quedamos sin la Institución Libre de Enseñanza, sin las misiones pedagógicas, sin la Barraca de Lorca, la Residencia de Estudiantes…

Yo sólo tengo 26 años, muchos me piden explicaciones cuando hablo de Historia “tú que sabrás si no lo viviste”… Mucha gente de mi edad considera la República tan lejana como el Pleistoceno. Yo no. A mí no me gusta la España en la que vivo, la sociedad que me rodea. Me hubiera gustado vivir en un país cuya memoria no fuera dolorosa, en un país sin bandos tan marcados, sin sangre en las cuentas, sin odios tan enraizados que somos aún incapaces de arrancarlos. Que no hiciera falta que ninguna de las dos Españas me rompa el corazón. A mí me hubiera gustado nacer en una España en la que no hubiera habido Guerra Civil, y vivir aún en la Segunda República, enésimo gobierno. A lo mejor así no seríamos un país de pandereta, a la cola de Europa, tan insolidario, tan de chiste… A lo mejor así me sentiría orgullosa de ser Española y de una bandera de la que se apropió el bando represor. A lo mejor…

martes, 12 de abril de 2011

Lo nuevo de Vetusta Morla



Han vuelto. ¡Por fin! Tardaron 10 años en sacar su primer disco, ‘Un día en el mundo’, pero se han tomado menos de tres para volver. Vetusta Morla presentará el 3 de mayo su nuevo trabajo, ‘Mapas’, pero ya ha dejado caer un adelanto en la red, como el que deja unas miguitas para seguir el camino. Y ese camino es el mismito que marcaron desde el principio. ‘En el río’, el tema que nos han regalado, no suena a otra cosa que a Vetusta Morla. La música sigue siendo igual de profunda y cuidada y la voz de Pucho no ha perdido su originalidad. Es un tono al que resulta difícil acostumbrarse, a mi me pasó como con la cerveza, al primer trago casi me atraganto pero ahora no puedo dejarla. Vetusta Morla fue lo mismo, al principio se me atascaban sus canciones pero ya forman parte de mi banda sonora vital.

Tuve la suerte (gracias al gran Santiago Alcanda) de compartir una tarde con uno de los miembros del grupo, Guille, que nos contó de primera mano cómo fue la experiencia de ‘Un día en el mundo’.

Ahora son también ellos los que explican (mediante nota de prensa) qué es ‘Mapas’.

"El próximo 3 de mayo vamos a dejar 12 canciones metiditas en una cesta en la orilla del río. Un suave empujón y quedarán a merced de la corriente, dejándonos un vacío que gira hasta convertirse en una vorágine dentro de nosotros. El pobre recipiente de mimbre va a ser zarandeado, va a zozobrar, casi a volcar. Va a ser el juguete de los remolinos, va a subir y bajar sobre las ondas mientras escucha, provenientes de la ribera, griteríos y cantos de sirena, dejando atrás casas, intersecciones, islas de ciudad, mirillas y retrovisores.

Puede parecer cruel por nuestra parte, pero es justo lo que teníamos que hacer con la criatura: abandonarla. Dejarla a su suerte porque nosotros ya no le podemos dar más. Que pertenezca a otros, que la juzguen, que la ensanchen, que la muevan de acá para allá. Y que el torrente la convierta en lo que pudo ser y en lo que nunca quiso ser, en lo que nos hace grandes o miserables. Y como queremos que apliquen su fuerza sobre ella todas las moléculas de la riada, la ponemos a disposición de los 4 vientos a través de un mecanismo que no podría tener un nombre más apropiado: “streaming”. A punto de darnos la vuelta y dejar la orilla, convencidos de haber cambiado con éxito el fuego por palabras, nos daremos cuenta que no le hemos puesto nombre. Mapas, sugiere alguien. Mapas de lo que somos, trazos de nuestras conquistas, fracasos pasados o en presente continuo, colecciones de medallas y arañazos. Mapas que nos ponen delante otro mapa sin leyenda con el que avanzar, construir, o, tan solo, entender el presente. Mapas también porque esas canciones son como planos que intentan representar una realidad inabarcable.

Igual que un mapa, solo son una tosca proyección esquemática de un territorio personal, una reducción que es imperfecta y traicionera, pero que es la última esperanza para escapar de la soledad y la incomunicación más absolutas. Mientras caminamos abandonando el cauce, intercambiaremos anécdotas sobre su nacimiento múltiple. Nos acordaremos de cómo sacó primero los pies y luego la cabeza. Primero en un recóndito lugar de Guipúzcoa, con todos nosotros empujando juntos en la misma habitación, como una parturienta que registra sus contracciones en una bobina magnética.

Luego, en Madrid, salió la cabeza y le recortamos el pelo con unas tijeritas informáticas y le limpiamos las comisuras con un pañuelo digital, haciendo de la cirugía musical un acto gloriosamente anacrónico. Justo cuando nos hayamos apartado lo suficiente como para que el rumor del agua esté a punto de desaparecer, desearemos en voz baja que, cuando el retoño llegue al final de su camino de baldosas amarillas, se acuerde de sus progenitores y nos envíe unas postales sin sellar. Para entonces ya estaremos eligiendo qué equipaje dejamos atrás y cuál cargamos en la espalda antes de iniciar el siguiente viaje… esta vez sin mapas".

jueves, 7 de abril de 2011

'Inside Job': los Robin Hood modernos

Hace tiempo que no me fío de los banqueros pero después de ver esto... se han confirmado todas mis sospechas. Inside Job, el documental de Charles Ferguson y Audrey Marrs, cuenta cómo se originó esta crisis económica que la gente de a pie nos creemos inevitable. Pero pudo evitarse. Si la decencia y la precaución estuvieran por encima del egoísmo y la avaricia, si los jefes del cotarro (financiero, se entiende), hubieran querido, ahora no habría millones de personas en paro, millones de familias endeudadas hasta las orejas, miles de personas ahogadas.


El documental empieza haciendo referencia a lo que ha pasado en Islandia. Y, después de explicar el crash económico que sufrió el país en 2008, sale Frederic Mishkin, un economista con pretigio, profesor en la Escuela de Negocios de Columbia, y un señor que durante dos años (2006-2008) formó parte del Consejo de la Reserva Federal de EEUU. En 2006 escribió un informe por encargo que tituló "Estabilidad financiera en Islandia". Por hacer ese informe, la Cámara de Comercio (de Islandia, claro), le pagó 100.000 dólares. Pero lo peor no es ese clarísimo conflicto de intereses que hoy en día ya casi se da por hecho... lo peor es que ahora en el currículum de este hombre este informe aparece con el título de "INestabilidad Financiera en Islandia".

Preguntado en el documental, ganador del Oscar en 2010, sobre este desliz tan ejemplar, Mishkin alega que "una errata se puede encontrar en cualquier sitio". Sin ponerse ni un poquito rojo el tío. Igual que no se ruborizan lo más mínimo los que reconocen que sabían lo que podía pasar, ni los que defienden, aún, los bonus millonarios que se siguen llevando todos los que están metidos en el ajo. Ni quienes confiesan que las leyes respondían a los intereses empresariales más que a los intereses generales...  

Es complicado de explicar porque fue complicado de entender para alguien como yo, totalmente pez en lo que a economía se refiere. Por eso es mejor que vayáis a verlo, para que os deis cuenta de que lo que realmente está pasando es que los nuevos héroes, con corbata y cochazo, ya no se dedican a salvar al mundo si no a salvarse a sí mismos. Los Robin Hood modernos roban a los pobres para dárselo a los ricos. Todos ellos han especulado con el dinero de los contribuyentes, gracias a las hipotecas y los ahorros de los ciudadanos normales se han forrado. Han jugado con los pequeños capitales de millones de personas para crear capitales millonarios para un grupo pequeño de gente. A sabiendas.

Y encima (es un no parar), resulta que todas estas operaciones eran "vigiladas" por las agencias de calificación, Moody's y compañía, que se dedicaban a repartir sobresalientes (triple A, suena tan mal como la argentina) a diestro y siniestro a los más arriesgados. Y si la cosa salía mal y el que había sacado sobresaliente quebraba, llevándose por delante el dinero de miles de personas, los de la agencia de calificación correspondiente se limitaban a decir "no es vinculante, sólo damos nuestra opinión". Las mismas agencias que calificaron con AA o AAA a Lehman Brothers, CitiGroup, Bank Of America, etc, etc, son las que hoy siguen calificando a los bancos. ¡Y se supone que nos fiamos de ellas! A pesar de que el Congreso de los Estados Unidos las haya calificado como "piezas esenciales de la maquinaria de destrucción financiera”.

Por supuesto, los Estados salieron a socorrer a los grandes bancos en problemas a golpe de talonario. Y una parte suculenta de los millones inyectados para evitar un mal mayor, por cierto, se fue directamente a las primas millonarias de quienes la habían cagado.

Pero ni siquiera esto es lo peor... Lo peor es que esa gente sigue dirigiendo bancos, sigue manejando el dinero del mundo, y, sobre todo, siguen en los gobiernos.

Es pa verlo

viernes, 4 de marzo de 2011

¡Una palabra que no se puede escribir!

Siempre me han llamado la atención los juegos de palabras y las curiosidades del español. Muchos, seguro, habréis sufrido mi pedantería insoportable al corregiros según hablabais (a pesar de mis terribles fallos, como buena madrileña, soy laísta que me mato).

El caso es que unaracnidounacamiseta me descubrió hace poco que existe una palabra en el idioma que ¡no se puede escribir!. Me encantó, y por eso os reproduzco aquí lo que a él le respondió la mismísima RAE cuando le preguntó por el imperativo de 'salirle'::

En relación con su consulta, le remitimos la siguiente información:
La interpretación forzosa como dígrafo de la secuencia gráfica ll en español hace imposible representar por escrito la palabra resultante de añadir el pronombre átono le a la forma verbal sal (imperativo no voseante de segunda persona de singular del verbo salir), oralmente posible si, por ejemplo, ordenáramos a alguien salir al paso o al encuentro de otra persona aludida con el pronombre le: [sál.le al páso], [sál.le al enkuéntro].Puesto que los pronombres átonos pospuestos al verbo han de escribirse soldados a este, salle daría por escrito salle, cuya lectura sería forzosamente [sá.lle], y no [sal.le]].
Pásmate. Pero es que resulta que no es la única jugarreta que nos tiene preparada el castellano. Pocos días después y sin buscarlo me tropecé en internet con otras curiosidades ortográficas gracias al cartapacio de gollum.

Él había encontrado una palabra que es lo contrario de sí misma. ¡Toma! Resulta que nimio/nimia significa una cosa y a la vez la otra:

nimio, mia.
(Del lat. nimĭus, excesivo, abundante, sentido que se mantiene en español; pero fue también mal interpretada la palabra, y recibió acepciones de significado contrario).
1. adj. Dicho generalmente de algo no material: Insignificante, sin importancia.
2. adj. Dicho generalmente de algo no material: Excesivo, exagerado.
Y hay más casos, que dejaron los internautas en los comentarios del cartapacio:


          lívido, da.
          (Del lat. livĭdus).
          1. adj. amoratado.
          2. adj. Intensamente pálido

          asqueroso, sa. (Del lat. eschăra y este del gr. ἐσχάρα, costra, postilla).
          1. adj. Que causa asco.
          2. adj. Que tiene asco.
          3. adj. Propenso a tenerlo.
          4. adj. Que causa repulsión moral o física.

martes, 1 de febrero de 2011

Lo que nos dan las ciudades

Este es el "pequeño" homenaje que un tal.Lucas ha decidido hacer a la ciudad de Barcelona. Se iba de allí, y como le daba pena, pues se le ha ocurrido hacerle un regalo. 
Y es que, ciertamente, las ciudades nos dan muchas cosas. Casi como las personas, pueden mimarnos y ciudarnos, o maltratarnos y hacernos sufrir. Pueden darnos lugares estupendos en los que disfrutar, parques preciosos, paseos muy entretenidos, barrios divertidos, con encanto. En realidad creo que todas las ciudades tienen uno de estos barrios que tanto me gustan a mi. Callejuelas de adoquines, cafeterías que rebosan luz natural y amabilidad, tiendas de curiosidades, baretos con música en directo, gente interesante dejándose ver... La Latina de Madrid es el Marais de Paris, el Trastevere de Roma, el Candem de Londres, la zona del Penny`s en Dublín, el San Telmo de Buenos Aires, el barrio Gótico de Barcelona...

Pero a ver, que me desvío. Yo me refería más bien a lo que te dan las ciudades cuando vives en ellas. Te dan calor, te dan amigos, te dan, sobre todo, recuerdos. Para mi ya nunca más ese banco de Sevilla (metro de Madrid, no ciudad) será el mismo. Cada vez que pase por allí me acordare de esa tarde de fotos. Tampoco volverá a ser lo mismo nunca el Beni, aunque ya no exista ese bar. Tantos viernes allí han convertido aquel sucio rincón en un escenario de mis tardes de juventud. El número 833 de la calle Defensa de Buenos Aires, por ejemplo, tampoco será nunca un simple portal, aunque vaya de turista por allí. Bueno, qué tontería, no creo que pueda sentirme una turista en Buenos Aires...

En fin, que las ciudades que vivimos y recorremos las vamos marcando mentalmente, vamos apuntando cicatrices sobre los mapas imaginarios, vamos echando lugares y experiencias a la mochila y ya nunca los podremos sacar de allí. Y hay que agradecerlas que nos acojan en su seno y nos dejen hacer, recorrer, parar, mirar, descubrir y vivir en ellas. Que nos pongan al alcance de la mano tantas opciones que son inabarcables, para que escojamos la que más nos apetezca: quedarnos tirados sobre el césped del Retiro tomando el sol, bajar al rastro, recorrer la Gran Vía, ir a un concierto, a una terraza, a una exposición, al cine, de tiendas, a visitar a la abuela... Son una alfombra mullida a la que cada cual se acopla como quiere.



Por eso mi Madrid nunca será el tuyo ni el suyo, aunque compartamos mucho de él; por eso puede haber un "nuestro Madrid", diferente al mío que también es mío... Por eso siempre es mejor visitar las ciudades con alguien que viva en ellas, porque los secretos se desdoblan (algunos) y podemos leerlos con facilidad, los pliegues del mapa se alisan para que pasemos, las aceras nos dan la bienvenida.

Las ciudades están para vivirlas, no para sufrirlas, y aunque los políticos se empeñen en quitarnos los bancos y las fuentes, hay que reivindicar la calle. Cada uno la suya, que es la de todos. Y hacerles un regalo a las ciudades, por cierto, es hacéreselo a sus habitantes. Porque, ¿qué sería de las calles si estuvieran vacías?

Todos los que recorremos el mapa formamos parte de él.

miércoles, 28 de abril de 2010

Concurso Shandy Cruzcampo

Estimado jurado, visitantes, amigos y viajeros del mundo:

Si queréis saber de verdad porqué soy la candidata perfecta (aunque seguramente haya muchos candidatos perfectos, pero solo podéis elegir a uno), os recomiendo que consultéis las entradas de este blog en las que narro cómo vivo mis viajes y qué aprendo de ellos. Casi todas se concentran en el 2008, mi gran año blogero, y también bajo la etiqueta "Willy Fog" de esta bitácora, pero por si no queréis buscar, podéis ver estos ejemplos:

Península Valdés: el lugar donde duermen las ballenas

Salta y Jujuy

Ischigualasto: El lugar donde habita el Arco Iris

Buenos Aires desde un cielo dantesco

Glaciares en la Patagonia

Cementerio de la Recoleta

La Boca

Pero no hay que olvidarse de que viajar es algo más que fotografiar paisajes preciosso y recorrer caminos desconocidos. Es emocionarse, reir, llorar, vivir experiencias desconocidas a todos los niveles, crecer y aprender con ellas, saber conectar con la tierra, con los lugares, sus culturas y sus gentes.. y hacer un viaje interior sobre uno mismo a la vez que se hace sobre el mundo. Y, sobre todo, es vivir elevado a la máxima exponencia!!!!

La segunda librería más bella del mundo

La aventura del súper clásico

El infierno era esto

Cumpleaños ¿feliz?

Madonna en el Monumental



Amigos y visitantes, no os olvidéis de votarme AQUÍ!!!!



lunes, 18 de enero de 2010

La Gran Vía, ¡cien años!

Es difícil que no os hayáis enterado ya de que este año la Gran Vía celebra su centenario. Cien años, se dice pronto pero desde 1909 anda que no habrán pasado cosas por esa calle... Y más que van a pasar. El Ayuntamiento de Madrid, inmerso completamente en la euforia de la promoción turística, se apunta cualquier tanto al que le puedna sacar tajada. Y hay que reconocer que algunas cosas las hacen bien. Este año se han empeñado en que conozcamos la historia (muy interesante, la verdad), de esta calle que mide más de un kilómetro y en que todos los madrileños, y los turistas, claro, se apunten a la fiesta. Por eso la Cabalgata de Reyes y el desfile de Carnaval (esa gran tradición madrileña, eh?) han pasado por allí este año, cuando la Gran Vía nunca ha sido parte del recorrido. Por eso también las fiestas de San Isidro, que de toda la vida las hemos celebrado en la pradera y en las Vistillas, las vamos a celebrar este año entre Callao y la Plaza de España. En esa calle por la que todos hemos pasado mil y una veces y en la que hemos vivido mil y una vidas: la de ir de compras sin prisas, la de ir en busca de un garito abierto con una lata de cerveza en la mano, la de volver de ese garito de camino al búho buscando al mismo chino para que te venda unos tallarines, la de pasar con prisas proque llegas tarde al cine, la de q la de esperar expectante a entrar en uno de esos musicales a lo grande, la de subir por Plaza España porque hemos quedado en el Beni, o en el Museo del Jamón, la dedarte cuenta un día al levantar la vista, coño!, de la cantidad de estatuas que coronan los edificios de esta calle....



Mi pequeño homenaje a la Gran Vía desde el periódico Gente Madrid

Sí señores, todo esto y mucho más es la Gran Vía, y ahora encima la pobre va a ser la protagonista absoluta, irresoluta, hortera y multitudinaria del año. Lo que le faltaba... Además de las visitas guiadas que ya se están haciendo, la Gran Vía va a acoger un concierto gratuito (del Sueño de Morfeo, no os hagáis ilusiones), y un karaoke gigante!! Madrid quiere batir el Guiness del Karaoke más grande del mundo mundial cantándole a su ciudad. Suena muy romántico y mira que a mí me suelen gustar las canciones que hablan de Madrid pero si lo pienso me echa bastante para atrás: media ciudad peleándose por el micro y berreando el "mirala mirala...", destrozando esas grandes composiciones que adornan la discografía española de lugares reconocibles...

Quita quita, la idea puede ser penosa. Y no sé, me da como cosa por la pobre Gran Vía, a su edad, obligada a ser tan moderna, tan rejuvenecida..., y tener que soportar los fastos municipales durante todo un año... Más le hubiera valido pasar un poco más desapercibida y no ser objeto de tanta celebración que más que abrillantarla, me temo que va a ensuciar la encantadora cotidianeidad de esta calle, su sabor a barrio y a centro neurálgico cosmopolita, a Madrid castizo y a un trozo de Nueva York.

Yo, si fuera ella, preferiría disfrutar del bullicio "normal" del día a día, de mis señoras estresadas con paraguas asesinos, de mis jóvenes de todas las tribus urbanas, de mis viejecitos al sol, de mis guiris y de los de siempre, una celebración mejor que cualquier fiesta que pueda hacerme el Ayuntamiento.

martes, 7 de julio de 2009

Las caras de la otra crisis, la del 29



Ahora que la palabra crisis nos llena la boca (y la cabeza) a todos, no viene mal retrotraerse a otra gran crisis, la de 1929, y ver a sus protagonistas estadounidenses fotografiados por una de las fotógrafas con más nombre del siglo pasado, Dorothea Lange.





Gracias a Photoespaña 09, tenemos en Madrid "Los años decisivos", una exposición realmente interesante por la que pululan estos rostros desarraigados, tristísimos, resignados o luchadores, en cualquier caso siempre sombríos. Y no sólo porque todas las fotos son en blanco y negro, si no porque cómo va a haber luz en las expresiones de los pobres, los parados y desamparados que retrata con maestría la estadounidense.





Las 140 fotografías de la exposición fueron tomadas en los años 30 y 40, cuando fue invitada, junto con otros fotógrafos como Walker Evans, a participar en el proyecto de la Farm Security Administration, creado en el marco del New Deal para dar al pueblo americano una iconografía que le ayudase a comprender la gravedad de la crisis por la que atravesaba. Lange recibió el encargo, hizo las maletas, se colgó la cámara al hombro y salió a recorrer el país en busca de los rostros de la depresión.


Su instinto la llevó hasta los agricultores y rancheros desplazados de una punta del país a otra; hasta los campos de internamiento creados retener a los japoneses que vivían en el país, tras el ataque a Pearl Harbour; hasta los pobres, los campesinos, las familias desestructuradas y los inmigrantes.
Madres con hijos a los que no pueden alimentar colgando de sus brazos, padres que dsalen a buscar trabajo y vuelven con las manos vacías, japoneses a los que han echado de sus casas por una guerra lejana, agricultores sin cosecha, personas sin ilusión. No es fácil plasmar tanto en una fotografía, pero Lange lo hizo.


Acongoja ver a esta gente y pensar en los meses que la fotógrafa pasó recorriendo la tierra "de la prosperidad" en su busca, y acongoja pensar también en la versión actual de todas estas personas. Lejanas en el tiempo y en el espacio, pero tan cercanas en la desgracia por culpa de un sistema capitalista que no se fija en quienes no tienen recursos. Aprte del peso social, las fotografías tienen un valor artístico que, desde luego, se merece una visita. Y encima es gratis, en la calle Zorrilla, hasta el 26 de julio.


jueves, 2 de julio de 2009

Tetro

Por fin he podido ver Tetro, esa película cuya primera presentación pude presenciar el año pasado en Buenos Aires. Dijo en su día Coppola, el director, que sería un film muy personal que retrataría metafóricamente la historia de su familia. Si realmente ha sido así, vaya familia..., me compadezco del creador del Padrino.
Tetro es un hombre atormentado que vive en una película atormentada y se dedica a atormentar a quienes le rodean (Maribel Verdú, su novia, sobre todo). Vive en blanco y negro (que poco acostumbrados estamos a ver el cine en bicolor) y en la ciudad de Buenos Aires, concretamente en La Boca, el barrio de los inmigrantes. Se desenvuelve entre el humo de sus cigarros, la torpeza de sus muletas y los planos imposibles y la iluminación estrambótica que Coppola ha decidido imprimir a su vida. Una vida rara, un poco acongojante, pero que a mí en realidad me gustó.
Me gustó Tetro por lo novedoso (quizá no es novedoso si no solamente poco convencional este cine, plásticamente hablando) del lenguaje, porque había más luz de lo que esperaba en la película, porque los protagonistas trabajan bastante bien y porque las historias truculentas en la gran pantalla siempre enganchan. Pero me gustó, sobre todo, por volver a Buenos Aires. Aunque se vea muy poco de la ciudad (realmente poco). Aunque se hable muy poquito en argentino. Me dio igual, pude reconocer un par de calles por las que yo pasé prácticamente todos los días durante el año pasado; pude reconocer el ritual del mate que acá he olvidado pero que allá seguía con fervor casi religioso; pude recordar el bar Británico, donde Tetro pregunta qué haría si se pudiera regalar una palabra, y donde yo desayuné amargamente tras nuestra gran fiesta de despedida, allá por diciembre... También la Colifata, radio LTD22, y los loquitos que conocí allá y que también son personajes de la película de Coppola.
Pude recordar el empedrado de las calles, el ruido de los colectivos trotando por él, la suciedad de las calles y los grafittis que las adornan. Estuve de vuelta un rato por allá, paseando con Tetro, recordando un Buenos Aires en blanco y negro. Así que, gracias Francis.

jueves, 21 de mayo de 2009

Banda sonora para un verano adolescente

Jóvenes pero sobradamente confiados. “Los monos”, que ayer presentaban su primer disco en la sala Orange de Madrid, hicieron esperar a su público más de tres cuartos de hora. Y no importó porque todos estamos ya de sobra acostumbrados a estas nocivas esperas, porque a pesar de ser su debut, arrogarse el derecho de hacer perder el tiempo a la gente parece ser una actitud de lo más rockera. Porque a quién se le va a ocurrir protestar porque unos chavales salgan mucho más tarde de lo esperado porque tenían que hacer tiempo en el camerino para poner nerviosa a la gente…

Debía ser que estaban cogiendo fuerzas porque cuando por fin salieron al escenario lo hicieron con verdaderas ganas. César Gómez se abrazó desde el primer momento al micrófono con toda la pasión del principiante ilusionado y lució una voz más que válida para los ritmos poperos que marcan las canciones.

El disco que presentaron se llama “Ardiendo” y ardiendo están estos muchachos de amor. La gran mayoría de sus letras hablan de pasiones encendidas y de melancólicas pérdidas que se disuelven en ritmos dignos del pop más actual. Podría decirse que Los Monos son unos Pereza aún verdes o unos M-Clan en ciernes, podría ser que lleguen a su nivel si evolucionan. Este debut, aún siendo muy digno para ser un primer trabajo, no alcanza el nivel y ellos lo saben. Por eso cantan en una de sus canciones “ahora que sabemos que nunca saldremos en la TV”, en la misma en que afirman que nunca les invitarán a Pachá. Curiosamente, ésta canción que parece justificar de antemano un posible fracaso musical es nueva, no está en Ardiendo, y suena mucho mejor –al menos en directo- que las anteriores. Esto demuestra que tiene potencial, que estos niños haciendo el mono pueden desarrollar un estilo propio entre los Hombres G y Los Limones, aunque aún les falta un buen trecho por recorrer. De momento ayer, en el Orange Café, ayudados por la buena acústica de la sala aunque ligeramente distorsionados, se dieron un pequeño baño de masas y salieron, seguro, reconfortados. Quienes allí fueron, amigos y conocidos, sabían a lo que iban; a escuchar pop veraniego de estribillos pegadizos y ritmos bailables.

Por ahora hacen música idónea para convertirse en la banda sonora de un verano adolescente, quizá más adelante consigan que sus canciones permanezcan más allá del otoño.

martes, 12 de mayo de 2009

Pop de luto


Un cáncer de pulmón ha apagado hoy, definitivamente, la voz de Antonio Vega. Una de las voces más características del pop español, de la música de la movida, de las canciones plagadas de sentimientos que miles de jóvenes han coreado desde los ochenta hasta ahora.

Alto, desgarbado y excesivamente delgado, con esa huella que deja en el rostro y en la mirada una vida sembrada de drogas, Antonio Vega es el artífice de "La chica de ayer", esa canción que todos nos sabemos y que hace poco fue elegida la más representativa de la movida madrileña. Pero no sólo eso, también escribió otras grandes composiciones como "Lucha de gigantes", "El sitio de mi recreo" o "Una décima de segundo".

Antes de eso, antes de formar Nacha Pop en 1978, estuvo matriculado dos años en la Escuela de Arquitectura, otros dos en Sociología y en la Escuela de Pilotos. Vamos, que no era, como dirían muchos en la época (y ahora incluso) un yonki vago y maleante. Lo primero seguramente, pero de lo demás permítanme dudar.

Vi a Antonio Vega en directo por primera vez hace ya siete años, en la Plaza Mayor, y ya entonces me pareció un joven muy viejo. No he querido poner aquí fotos de sus últimas actuaciones porque la verdad parecía un fantasma,casi un cadáver viviente. Lo sorprendente es que haya mantenido la energía con ese aspecto, y después de perder a su chica, Marga, tanto que estaba preparando un nuevo disco.

Qué pena que ya no saldrá a la luz, qué pena que ya no vayamos a volver a escuchar en directo sus canciones, su voz quebrada...
Qué pena que ahora sea él un chico de ayer...

Al enterarme esta mañana de la noticia lo primero que me ha venido a la cabeza es la muerte de Enrique Urquijo, cantante de Los Secretos, solo y demasiado drogado, en un portal de Malasaña.

Ya ven, un día cualquiera, sin saber qué hora es, se despierta uno sin saber porqué en medio de nieve, huracanes y abismos. Cuando mueren las voces que forman las bandas sonoras de nuestra vida es, en parte, como si muriera algo de nosotros mismos.

Me gusta imaginarme que ahora Antonio Vega está en el Penta (en el Penta de los ochenta, no el de hoy), con Enrique Urquijo, con Antonio Flores y muchos más que se quedaron por el camino, fumando, porque ya no le puede hacer más daño, y cantando guitarra en mano. Me da igual que canten "Pongamos que hablo de Madrid", "Te he echado de menos hoy" o "Lucha de gigantes". Todas son parte de la banda sonora de mi vida.

viernes, 24 de abril de 2009

La Noche de los Libros



No está del todo mal esto del márketing cultural que se ha montado la Comunidad de Madrid. Ahora se celebran por todo lo alto todas las "noches": la de los museos, la del teatro, la Noche en Blanco... Un parte considerable del presupuesto se va en hacer promoción y en apretar en una tarde cientos de actividades que mejor podrían estar repartidas en unos cuantos días para que diera tiempo a ver todo lo que nos interesa. Pero bueno, mejor esto que nada, la verdad que los programas suelen tener cosas bastante interesantes.

Hoy 23 de abril ha sido el Día del Libro y Madrid ha decidido celebrar la Noche de los Libros. La ciudad llevaba días tomada por los carteles negro y amarillo con una luna enorme que anunciaban que algo iba a pasar, y hoy ha estado tomada por lectores y escritores, rosas y, por supuesto, libros.

Yo, desgraciadamente, no tengo el don de la omnipresencia así que no puedo contaros todo lo que ha pasado, pero sí lo que yo he visto.

Mi maratoniana jornada literaria ha comenzado a las tres y media de la tarde en el jardín botánico esperando bajo un sol infernal. La Escuela de Escritores organizaba allí varios talleres literarios de tres cuartos de hora de duración y muy buena pinta (relato corto, poesía, literatura de viajes...). Yo me apunté a este último y bueno, 45 minutos no dan para mucho pero una clase a la sombra de los árboles del botánico en un día primaveral como el de ayer ya merece la pena.

De allí me he ido corriendo al Conde Duque a atender a otros menesteres (que no se correspondían con el Día del Libro) y de allá, otra vez corre que te corre, al Círculo de Bellas Artes. En este edificio imprescindible de Madrid me he dado el gustazo de ver a Javier Marías, uno de los articulistas que más admiro (escritor también, claro) e inmediatamente después a Juan Marsé, que ha sido galardonado esta mañana con el Premio Cervantes. Dos grandes en menos de una par de horas y en menos de veinte metros.

Luego, una conferencia más, de Vicente Verdú en este caso, aunque nos ha dejado con las ganas de cuales son los mejores libros de los últimos años que él ha leído (y de los que se supone que iba a hablar).

Tras tanta conferencia he intentado ir a la Casa del Libro a ver si me compraba alguno y, de paso, veía al coro de gospel de la Complutense, pero había tantísima gente allí que se me han quitado las ganas nada más asomarme a la puerta. Tampoco he tenido suerte con la performance de la Plaza de Santa Ana y cuando he llegado ya se había terminado.

A lo que sí he llegado puntual ha sido a la cita con el poeta Marcos Ana. Ya hablé aquí de él y conté cuanto me sorprendía su energía, y hoy ha vuelto a hacerlo. Con 88 años a las once de la noche allí estaba el tío recitando sus poemas en la calle del Príncipe junto a otro amigo suyo (de 91 primaveras) que ha conseguido hacerme llorar de lo bien que declamaba. Y cuando han terminado no os creáis que se han retirado rápidamente a descansar, se iban de cañas!! yo de mayor quiero ser como ellos.


Para cerrar la noche, en el Ateneo se hacían lecturas teatralizadas de cuentos de Allan Poe con Fele Martínez (mmh...), pero imposible entrar, por lo visto estaba lleno desde horas antes. Una pena... El año que viene habrá que organizarse mejor para perderse lo menos posible.

miércoles, 15 de abril de 2009

Me alegro de que de vez en cuando haya cosas que nos sigan sorprendiendo, de poner en marcha alguna vez eso de "ver para creer". La noticia que más me ha alucinado últimamente ha sido la de este tío que se tragó (presuntamente) una semilla de abeto y al cabo de los años ha descubierto que dentro de él esta creciendo un precioso arbolito. !Dentro de él! !Con raíces y todo! Cinco centímetros de abeto en el pulmón del chaval, que hace poco comenzó a sentir molestias al respirar. Pequeñas molestias..., ¿qué cara pondría cuando le dijeran que tenía dentro un abeto incipiente?. A mí creo que me daría la risa...

Pero lo más curioso de todo es cómo ha podido un árbol crecer dentro de un organismo humano, sin luz solar? El médico, que abrió al chaval de 28 años pensando que encontraría allí un tumor, dice que parpadeó un par de veces cuando se encontró con el mini-abeto y pensó que tenía visiones. No me extraña. Ver para creer.

Me abstengo de poner la foto porque resulta algo desagradable pero quien quiera puede verla aquí.

Más allá de que sea verdad o un simple montaje, a mí no deja de fascinarme el cuerpo humano. A muchos pacientes se les han quedado dentro gasas de operaciones, instrumental quirúrgico o incluso el reloj del cirujano, y un cuerpo con objetos tan extraños como esos incrustado sigue funcionando con normalidad en muchos casos. Pero lo del árbol ya me parece lo más. No sólo vives con una rama dentro de tu pulmón si no que encima crece!!! vive y se desarrolla dentro de ti y gracias a ti, casi como un bebé! Si yo fuera este chaval ruso, replantaría el abeto en mi jardín con todo mi amor, y cuando fuera abuela podría decirle a mis nietos "éste abeto enorme nació dentro de mí".

En fin, cosas como esta hacen que nos demos cuenta de que aún no lo hemos visto todo.