domingo, 18 de mayo de 2008
El arte de echarle morro
domingo, 11 de mayo de 2008
Se rompió Pilandra
Ya no formo parte de Pilandra, el nombre con que nos bautizaron los del hostel, una pareja de españolas locas que todo el rato decía coger y que les preguntaba continuamente donde estaban todos los lugares de la ciudad a donde había que ir.
Tampoco soy más el "frente español", aquel que cada jueves sin descanso se sentaba en el Café del Árbol para escuchar cantar a Emiliano y pedirle sus temas favoritos.
Hoy he vuelto a bajar una maleta ajena al dudoso empedrado de la calle Defensa, una maleta enorme que se lleva una parte de mi y que iba arrastrando una loca de Jaén que se ha encargado de hacerme reir durante los cuatro meses que llevo en esta ciudad.
¿Quién se va a meter ahora en mi cama por las mañanas? ¿Quién me va a hablar en lenguaje Hora Chanante? ¿Quién va a poner las lavadoras en casa? ¿A quién voy a tener que azuzar cuando me apetezca hacer algo? ¿Quién va a conseguir que me tome una copa en la plaza Dorrego jueves, viernes, domingo, lunes...? ¿Quién se va a fumar mi tabaco? ¿Quién me va a dejar encargos escritos en la pantalla del editor de Efe? ¿Con quién voy a cantar las melodías de los mejores anuncios argentinos cuando salgan en la tele? Y sobre todo, ¿¿¿de qué me sirve ahora el 2x1 del Freddo los lunes si soy una sola???
Espero que los huecos que hay en la casa los rellene alguien pronto por no aburrirme y por propio interés económico, pero lo que ha llenado Pilar y todo lo que me ha enseñado, mi compañera de esta tímida y fugaz emulación de independización, eso no lo va llenar nadie más que ella. Aaaaayyyy que ricaaa!!!!
Pilu, espero que sea grandiosa tu vuelta a Sevilla, yo te voy a cuidar San Telmo. Gracias por acompañarme en todas mis primeras aventuras porteñas y por crear Pilandra conmigo. En el piso dinámico y en Buenos Aires, mientras yo esté, tu seguirás presente.
viernes, 9 de mayo de 2008
Estás en España, sonríe!
Hoy me he ido a España a comerme una paella valenciana, un gazpacho y un pulpo a feira. Mmmhh...
No, no es que me haya hecho 13 horas de avión para ir a "morfar" (comer), sé que me creeis capaz, pero es mucho más fácil -y gratis!- asistir a la Embaja de España a que a uno le den de comer. Y mejor aún si el almuerzo consiste en charlar con Héctor Alterio y José Sacristán. Allí estábamos, ellos dos -que ahora están representando una obra de teatro en Buenos Aires, el embajador y otros diplomáticos, periodistas seleccionados y yo. No me tocaba, en realidad, pero mi jefa se ha puesto mala y he tenido que sacar mis mejores galas -lo cual no e smucho decir- y acudir a la Emabajada como representante de Efe. Creo que no lo he hecho del todo mal teniendo en cuenta que al terminar de comer Sacristán se ha venido a sentar a mi lado para "hablar" -por decirlo finalmente y no herir sensibilidades- de nuestra querida presidenta, Esperanza Aguirre.
Y después del banquete, a entrevistar a Juan José Millás y a una charla de Almudena Grandes y Eduardo Mendicutti, porque hoy era "el día de España" en la Feria del Libro y allí estábamos metidos la mitad de los gallegos que vivimos en Buenos Aires. Buenos, es mucho decir, proque hay 300.000 españoles en la ciudad, pero desde luego hoy allí había muchos. Y no os creáis que me sé la cifra porque soy muy lista, pero son las ventajas de cubrir la camapaña electoral española en Argentina, que uno se acaba enterando -no sin esfuerzo e investigación- de estos datos.
Asique sí, un día muy español, comiendo comida sabrosa y hablando sobre la madre patria. Ya sabéis que no soy nada patriótica pero oye, a 10.000 kilómetros de ditancia se echa de menos el terruño y a los que hemos dejado allí. De hecho últimamente la morriña me invade un poco más de lo normal... Sobre todo porque me entra la envidia al pensar que allí estáis recibiendo la primavera y yo aquí lo que recibo son las hojas que se siucidan desde las ramas de los árboles.
Y bueno, precisamente a España se va mi compañera de aventuras porteñas, Pilu, que marcha en menos de una semana a una vida y un trabajo mejor. Me da muchísima pena porque además de compañera de piso y trabajo ha sido mi amiga y durante estos cuatro meses le he cogido muchísimo cariño, pero si va a estar más feliz en Sevilla me alegro por ella. Lo malo es que aquí me quedo, compuesta y sin flatmate, asique me tengo que poner a buscar a alguien que ocupe su habitación y esté dispuesto a pagarla -no es precisamente barata-. Sé que no va a ser lo mismo y nadie va a ser tan bueno como ella pero me conformará con estar cómoda con quien entre. Y si no, a finales de mes, no me quedará otra que encontrar una habitación que algún piadoso quiera alquilarme. Pero sólo de pensar en desmontar mi habitación y hacer las maletas se me caen las lágrimas!! Iré informando puntualmente.
lunes, 5 de mayo de 2008
La aventura del super clásico
Pues nada nosotros llegamos al primero de los controles detrás del de la gorra y parece que hay problemas.., por aquí no podemos pasar... Bueno, vamos a otra puerta. Corriendo los 20 detrás del de la gorra, que parece que quiere escaparse con nuestra pasta, pero no le vamos a dejar. Carrerita por aquí..., carerita por allá..., nos conocemos perfectamente el perímetro del estadio de tanto recorrerlo bajo un sol de justicia nada sano para nuestros cuerpos resacosos. Al fin llega el momento, "parece que nos llevan a la doce..." ¿A la doce? ¿La sección más violenta de los barrasbravas de Boca, donde todo el mundo nos ha dicho que ni nos acerquemos, donde están las navajas y las pistolas que salen en las noticias? Pues allá que nos vamos, como decía Pilu, si no sobrevivimos a un partido de fútbol nunca podremos ser reporteros de guerra...
Después de tensos momentos para entrar en los que tuvimos que echar a los que se intentaban acoplar al gurpo y en los que voló algún que otro puñetazo cruzamos -otra vez corriendo!- las vallas policiales y entramos, por fin!, en la Bombonera. Allí nos recibe un intensísimo olor a pis que debe venir de la cascada de agüita amarilla que baja por las escaleras por las que tenemos que llegar a nuestro sitio. Debe ser que los bosteros (véase seguidores de Boca Juniors) encuentran que meando el estadio lo marcan más y a lo mejor cae desmayado alguno de River, y mejor que mejor.
En fin, conseguimos atravesar las hediondas escaleras, que yo después de eso me siento preparada para la selva, el desierto o lo que haga falta, y desembarcamos en la doce, la sección de popular (lo que en España es preferencia) en la que se reúne la más brava de las barras. ¡¡Y aquello es todo una fiesta!!! Hasta arriba de gente vestidos de azul y amarillo, todos de pie, apretados y sudorosos, rodeando a una orquesta enorme que no se calló en todo el partido. Todo tipo de afiches bosteros se agitan mientras los fanáticos, pero fanáticos de verdad, saltan y cantan sin parar animando al equipo de su corazón. Tanta pasión junta no la había visto yo en mi vida.
¿Y yo, que no me gusta el fútbol ni entiendo de él, con mi resaca, un dolor de cabeza insoportable, y sin comer desde el día anterior, qué hago allí? Pues saltar como una loca, animando como la que más a un equipo del que no me sé ni la alineación de lejos, pero totalmente mimetizada con los barras. Dale Booo, dale Boo... Si no os lo creéis podéis comprobarlo con vuestros propios ojitos aquí.
Pues sí, fue una gran experiencia mi primer partido de fútbol, y no, no era tan peligroso como lo ponen los argentinos. Es que son taaan exagerados para todo... Bueno, en realidad nosotros cuatro podríamos haber estado entre las ciento ochenta y pico personas que fueron detenidas por intentar entrar a la cancha sin entrada -vamos, por colarse como lo hicimos nosotros-, pero la estrella que me acompaña, una vez más, me salvó del calabozo.
Y qué pequeño es el mundo..., coincidimos en ese nutrido grupo que arriesgó su vida y su dinero por traspasar las puertas con un chico que había vivido en Madrid y había compartido piso con el novio de una de las mejores amigas de Pilar, mi compañera, hay que ver lo que son las cosas...
Bueno hoy ya se me han olvidado la mitad de las canciones con que animamos al Boca de nuestro corazón, pero aquello era como estar en medio de los Destroyer el día de los quintos en la Plaza de Toros del Epsinar, pero a lo bestia. Mucha gente cantando y saltando, bombos, trompetas y el famoso "yo, te quiero dar..., Boca mi corazón..., iremos a festejaaar, las fiestas de Espinar...", eso cantaba yo, una mezcla de bajas pasiones.
El único gol del partido lo metió Boca pero en ese preciso momento Pilar y yo estabamos pidiendonos un choripan asique nos lo perdimos, pero dio igual, fue mucho mejor ver a los forofosisimos, tios tatuados con pinta de chungos, saltando como niños pequeños, gritando emocionados, tirando puñetazos al aire con los ojos empañados de lágrimas... Muy fuerte, a mi me daba un poco la risa pero allí nadie se daba cuenta, estaba la doce que se salía de sí misma. De hecho muchos de esos barras nisiquiera miraban al partido, si no que, de espaldas al campo, se dedicaban a animar a toda la hinchada, a calentar a la gente para que los jugadores sintieran el aliento de una de las barras más fanáticas del mundo mundial.
Y luego en el descanso, como en el fútbol americano, salieron las animadoras, casi en tanga, con sus pompones azules y amarillos, a bailar una coreografía cutre con cero coordinación, pero eso sí, muy buenos culos las muchachas.
Y nada, cuando se acabó, nos tocó esperar casi una hora a que saliera la hinchada de River para que no coincidieran con los bosteros y se liaran a navajazos, como suele ocurrir... Pero no importó mucho porque la orquesta no se callaba y celebrando el triunfo un catalán, una valenciana, una jienense y una madrileña eramos ya parte de la familia de la 12.
Y si no os lo creéis...